Realidad alterna
Hace poco más de una década las teorías conspiratorias y noticias falsas eran una cuestión de chismorreo entre comunidades cerradas, que unos pocos, en muchas ocasiones tildados de ignorantes, creían. Historias que la mayoría tachaba de inverosímiles o informaciones distorsionadas sobre personalidades públicas, a lo máximo que aspiraban era a aparecer en ‘tabloides’ de poca circulación, que hasta sus lectores reconocían como puro entretenimiento, como un intento de entremezclar la realidad con la ficción, en aras de producir más impacto.
Hoy, desgraciadamente, esas noticias falsas compiten de tú a tú con las reales, que luchan desgarradoramente por ganarles la batalla. Pero, a juzgar por los resultados, y por muchos de los que hoy se dedican a difundirlas, van perdiendo. Entramos a la época en que una realidad alterna, validada en los más grandes medios de comunicación del presente, las redes sociales, en especial Facebook y Twitter, se apodera de nuestras vidas.
Y las perspectivas de esta nueva coyuntura son tenebrosas. ¿Cómo podremos tomar decisiones en un mundo en el que ya no reconocemos cuándo la información que nos interesa es real o falsa? ¿Cuánto podrían aprovecharse de esto personas de poca ética para perjudicar a sus enemigos? ¿Cuánto un político para dañar a su adversario? ¿O empresarios para afectar a competidoras? ¿O un país para quebrantar a un país rival?
¿Y qué pasaría si un gobernante es vulnerable a creer este tipo de informaciones? ¿Podría un grupo terrorista desatar una guerra entre dos naciones, valiéndose de la propagación de información falsa? ¿Podrían desatar un pánico económico que afecte a los mercados bursátiles? ¿Podrían desatar el caos en una gran urbe?
Y lo peor es que, no solo Trump, que es uno de los principales, sino muchos líderes de los Estados Unidos y del mundo en general, llevan años dedicados a atacar a los medios tradicionales cada vez que sacan una información que los afecta. O, a su vez, divulgan las falsas noticias de las redes, cuando alguna calumnia o falsedad le conviene a sus intereses. No imaginan que el día llegará en que ese juego macabro se irá contra ellos.
La nueva era digital y de la globalización no solo trajo atada (no sin que ellos no tengan gran parte de la culpa) una desconfianza enorme por parte del pueblo hacia sus políticos tradicionales, sino también a los que antes se encargaron de llevarles las noticias a sus casas. Esto, que al principio pareció un sano ejercicio de democracia, capaz de tumbar gobiernos corruptos y hasta regímenes, y (también hay que decirlo) desenmascarar medios de comunicación que velaban más por sus intereses económicos que por informar, se convirtió al poco tiempo en un arma de doble filo, que ya utilizan los gobiernos corruptos y los regímenes, para mantenerse en el poder engañando a la gente.
Donald Trump eligió como su consejero de seguridad nacional al general (retirado) Michael Flynn, un hombre que divulgó gran parte de las noticias falsas que salieron sobre Hillary Clinton en la pasada campaña. La pregunta es, ¿el general se las cree o lo hizo por conveniencia? Si se las cree, ¿se imaginan que lea en alguna red social o sitios de Internet de falso contenido una noticia ilegítima sobre un ataque inminente al país? ¿Qué le ‘aconsejaría’ este Consejero a Trump? Y si las usa para su conveniencia a sabiendas de su falsedad, ¿qué podemos decir de la ética y moral de alguien en un cargo tan sensible y poderoso?
Bueno, nuestro presidente electo pasó años difundiendo la falsa conspiración del lugar de nacimiento del presidente actual. Lastimosamente no creo que podamos esperar algo diferente de los miembros de su gobierno.
Escritor colombiano.
www.pedrocaviedes.com
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de diciembre de 2016, 4:39 p. m. with the headline "Realidad alterna."