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Opinión

Trump, Rusia y Cuba

Esta no va a ser una columna fulminante – de esas en que se dicen las cosas claras y fuerte. Más bien esta columna es explicar las dudas que tengo con las noticias que provienen del presidente-electo Donald Trump, del presidente ruso Vladimir Putin, de Cuba y de la posible injerencia de Moscú en las elecciones americanas.

Hace algunas semanas vi como muchos de mis amigos exiliados estaban locos de contento con la elección de Trump en los Estados Unidos. “Ahora sí la cosa va en serio”, decían. “Que se preparen los comunistas en Cuba porque Trump ha dicho bien claro que va a eliminar todas las prebendas que les concedió el presidente Barack Obama”.

Todo eso me parecía muy bien. Y mejor ante la muerte del dictador Fidel Castro. Todas las estrellas, dije en un artículo anterior, se están alineando. Esta vez sí parece que en Cuba va a haber cambios a corto o mediano tiempo.

Trump ha dicho una y mil veces que le gusta negociar, pero en condiciones que le favorezcan a él, a sus negocios y ahora a Estados Unidos. Por otra parte, Raúl ha sostenido que el sistema de Cuba no se cambia ni se vende; que las cosas van a seguir igual.

De hecho Obama ha sido más que generoso con Cuba y Raúl Castro ha abierto sus brazos para recibir todo lo que le dan sin él dar ni un grano de arroz. En Cuba el socialismo no se alquila ni se vende. Todo va a seguir igual. Valga la redundancia.

Pero en eso viene la elección de Trump y su “flirteo” con Vladimir Putin. Primero dijo que admiraba a Putin por ser un líder más fuerte que Obama. Dijo que no lo conocía pero dio a entender que lo admiraba.

Y durante el pasado fin de semana se dijo que Trump iba a darle el cargo de secretario de Estado a Rex Tillerson, presidente de Exxon-Mobil, una de las mayores compañías del mundo que además tiene vínculos personales con Putin.

Resulta que Tillerson y los rusos hicieron un negocio para explotar el petróleo ruso en el polo norte por la suma de $1,000,000,000,000 ( o como se diría en inglés, un trillón de dólares). La amistad de estas dos potencias –Putin y Tillerson– es tan firme que el hombre de negocios americano ha sido condecorado personalmente por Putin con la medalla de la amistad, una de las más importantes condecoraciones que da Rusia.

Admito que todas estas cosas aparentan tener poco en común. Pero en el arroz con mango que vemos día a día mientras Trump nombra su gabinete, hay dudas si el Senado de los Estados Unidos fuese a aprobar la nominación de Tillerson, si por fin éste es el escogido por Trump.

Y mucho menos ahora con los líos que se han formado con la noticia filtrada por los miembros de varias agencias de inteligencia de Estados Unidos que dijeron a los principales diarios de este país que tenían pruebas fehacientes de que Rusia había tratado de entrometerse cibernéticamente en las elecciones presidenciales para favorecer a Trump.

Por supuesto que Trump lo niega y los diarios no dicen quiénes son sus fuentes, que por supuesto no quieren dar su nombre. Es mejor así: sembrar las dudas y permanecer tranquilos en sus puestos sin poner los mismos en peligro.

Todos estos enredillos me dicen que no veo cómo Trump va a cumplir sus promesas en reimponer las medidas ejecutivas dictadas por Obama para mejorar sus relaciones con Cuba.

Creo que si Trump tiene que escoger entre mejorar las relaciones con Cuba o acercarse más a Rusia, escogería la cercanía política a Moscú. Y esto, mucho más así si el secretario de Estado que él nombre es Rex Tillerson, y si el Senado americano confirma su nombramiento al cargo.

Periodista cubanoamericano.

Guimar123@gmail.com

Esta historia fue publicada originalmente el 12 de diciembre de 2016, 3:03 p. m. with the headline "Trump, Rusia y Cuba."

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