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Opinión

¿Qué le espera al candidato de Trump para la Secretaría de Estado?

Rex Tillerson, director ejecutivo de la multinacional petrolera ExxonMobil, ha sido nominado por el presidente electo Donald Trump para ser el próximo secretario de Estado.
Rex Tillerson, director ejecutivo de la multinacional petrolera ExxonMobil, ha sido nominado por el presidente electo Donald Trump para ser el próximo secretario de Estado. Bloomberg

Se equivocan quienes dicen que Rex Tillerson es un principiante en asuntos relacionados con la política exterior. El ejecutivo elegido por el presidente electo Donald J. Trump para ocupar la secretaría de Estado tiene conocimientos más profundos de la geopolítica, y muchísima más experiencia como gestor de un imponente aparato diplomático, que los demás aspirantes al puesto. Durante más de una década Tillerson ha sido el jefe máximo de ExxonMobil, un coloso petrolero que funciona con su propia política exterior en decenas de países.

En su magistral historia de la empresa Private Empire: ExxonMobil and American Power, Steve Coll demuestra que la petrolera se ve a sí misma como una corporación transnacional dotada de soberanía, el poder político que generalmente le corresponde a un estado independiente. En el mundo actual ExxonMobil es lo que más se parece a la East India Company, la Compañía Británica de las Indias Orientales, y a la Dutch East India Company. En su apogeo, ambas corporaciones contaban con autonomía política, marinas de guerra y ejércitos de tierra privados, y la autoridad para gobernar a los súbditos de los territorios que colonizaban y explotaban con fines comerciales.

ExxonMobil ni tiene ejército (aunque en varios países maneja unas fuerzas de seguridad profesionales y eficaces) ni se dedica a gobernar colonias. Su misión es encontrar, extraer, transportar y vender petróleo y gas natural y lo hace mejor que nadie. Para desarrollar su misión debe negociar con gobiernos de todo tipo y cultivar relaciones con algunas cortes de los milagros. Pero pocos gobiernos tienen los recursos analíticos y económicos de ExxonMobil. Además de los ingenieros, geólogos y científicos variopintos que uno espera encontrarse en una petrolera inmensa, emplea centenares de analistas y expertos que, entre otras cosas, intentan determinar los factores de riesgo que la empresa debe tomar en cuenta en los países donde opera, o contempla operar. Como es natural muchos de estos individuos son talentosos veteranos del Departamento de Estado y de la Agencia Central de Inteligencia.

Según Coll, en varios petroestados la multinacional disfruta de una mayor influencia que el gobierno de los Estados Unidos. Y en algunos de estos países ExxonMobil ha tenido éxito ejecutando políticas que la administración presidencial rechaza.

Un ejemplo notable: En el 2011 celebré la decisión tomada por Tillerson de suscribir seis acuerdos con la industria petrolera del Kurdistán iraquí. Los convenios desconocían la autoridad del calamitoso gobierno central de Irak. Esta política de ExxonMobil era totalmente opuesta a la postura de la Administración Obama que defendía con argumentos absurdos e inmorales la risible “unidad” de Irak y el descontrol que ejercían los cleptómanos en Bagdad sobre el petróleo kurdo. Así, al negarles los beneficios de su petróleo, Washington les negaba a los kurdos la posibilidad de lograr la independencia que se merecen los únicos amigos verdaderos de Estados Unidos en Mesopotamia.

En las inminentes vistas de ratificación algunos senadores le harán preguntas a Tillerson sobre los kurdos, pero las interrogantes más incendiarias vendrán de senadores deseosos de aclarar el aspecto más problemático, y más chocante, de la gestión de Tillerson al frente de ExxonMobil: sus magníficas relaciones con Vladimir Putin y sobre todo con Igor Sechin, el presidente ejecutivo de la petrolera estatal Rosneft. Después de Putin, Sechin es el hombre más poderoso de Rusia y Tillerson ha suscrito acuerdos multimillonarios con Rosneft. En 2013 Putin le concedió una medalla, la Orden de la Amistad.

Las vistas obligarán a Tillerson a explicar sus vínculos con el gobierno putinesco ante un número creciente de senadores republicanos, entre ellos Marco Rubio y John McCain (partidarios de las sanciones internacionales impuestas a Rusia por su anexión de Crimea, un castigo justificado que Tillerson ha criticado abiertamente) que abogan por una investigación congresional de los ciberataques rusos supuestamente ordenados por Putin con el propósito de ayudar a Trump en las elecciones presidenciales.

Con todo, a Tillerson no le va a costar trabajo demostrarle al Senado su dominio de la geopolítica y las negociaciones internacionales. Pero le va a resultar más difícil convencer a senadores de ambos partidos que en su rol como secretario de Estado estaría dispuesto a rechazar políticas que favorecen a ExxonMobil y sus socios (Putin y otros) si los intereses de la “transnacional soberana” chocan con los intereses de los Estados Unidos. El único estado soberano que el jefe de la diplomacia estadounidense tiene la obligación de defender.

Periodista cubano, ejecutivo de una empresa internética.

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de diciembre de 2016, 3:46 p. m. with the headline "¿Qué le espera al candidato de Trump para la Secretaría de Estado?."

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