Editorial: El alborear de un año en este hermoso vivir
Arribó el cambio del calendario. Dejamos atrás doce meses de experiencias que ahora cubren las hojas secas, al tiempo que brindamos por la celebración de un año nuevo repleto de promesas. Sentimos nostalgia porque cada año que pasa es un año menos que nos queda. Y también alegría, porque cada año que empieza es un año más que nos depara sorpresas.
Lo más sublime de los días primero de enero es que siempre nos permiten trazar el boceto del futuro, florear y perfumar los sueños, confiar en que el devenir del tiempo atraerá días mejores y más prósperos en todos los sentidos para quienes habitamos este bendito suelo del planeta azul.
Colmados de optimismo y rebosados de esperanza, nos detenemos a elegir, en serenidad, útiles propósitos e ideales que hemos de perseguir y enaltecer. Emprendemos así el rumbo de un ciclo inédito, entusiasmados en el recorrido venga lo que venga, sin olvidar de tener en cuenta las altas metas que nos hagan llevar una existencia digna y respetuosa.
Nuestra mirada se posa en este año 2017, al que pedimos el disfrute de una salud sana, el amor de familia, la capacidad para el trabajo, la seguridad económica, el equilibrio de las emociones. Le rogamos vivir en paz; experimentar el gozo interior. Le juramos la promesa de ser mejores individuos; de servir a la colectividad con corazón sincero. En definitiva, anhelamos ser instrumentos de un bien mayor; de un poder superior.
Para ello, es prudente repasar el álbum de las dichas y desdichas sentidas durante el año viejo y efectuar valientes actos de reparación cuando sea necesario, dejando bien lejos las frustraciones y los resentimientos tóxicos. Merece la pena plantearse uno salir de las limitaciones autoimpuestas, de las excusas, de los imposibles, de las miserias. Y por qué no atreverse a repensar y hasta transformar nuestras conductas falibles.
Hoy es fecha oportuna para extender un saludo de agradecimiento a padres, hermanos, hijos, amigos, vecinos, maestros, colegas, prestadores de servicios, profesionales y a todo aquel que estuvo a nuestro lado, no en las buenas, sino en las malas, ofreciéndonos su más leal y decidido apoyo sin esperar nada a cambio.
Pero, así como vislumbramos un fieltro mágico de venturas, también debemos ser realistas y acondicionarnos para recibir, con aceptación y humildad, las diversas dificultades que provienen de la propia condición humana, como la muerte de un ser amado, una grave enfermedad, una ruptura conyugal, una pérdida de trabajo, una desilusión romántica o un fracaso personal. La mera existencia se puede tornar en lucha –y la lucha exhorta a aplicar esmero, sabiduría y audacia.
Hagamos que este nuevo año sea ejemplar para nuestras familias y comunidades. Un año en el cual pongamos en ejecución aquello que nos propusimos, mas seamos compasivos con nosotros si no lo alcanzamos todo, pues el crecimiento yace en el proceso, no en la meta. Si bien somos magos de nuestro destino, recordemos que la supervisión divina y el factor suerte intervienen.
El equipo de profesionales que entrega lo mejor de sí para dar luz y vida a el Nuevo Herald y elnuevoherald.com se une a sus celebraciones agradeciéndole su confianza como lector y prometiéndole para hoy un mejor periódico que ayer, y para mañana, uno mejor que hoy. ¡Próspero, feliz y dichoso 2017!
Esta historia fue publicada originalmente el 31 de diciembre de 2016, 3:09 p. m. with the headline "Editorial: El alborear de un año en este hermoso vivir."