Opinión

Adiós a la república

El vicepresidente electo Mike Pence (der.) llega el martes a la Torre Trump, en Nueva York. El presidente electo Donald Trump está en el proceso de llenar los puestos de su gabinete.
El vicepresidente electo Mike Pence (der.) llega el martes a la Torre Trump, en Nueva York. El presidente electo Donald Trump está en el proceso de llenar los puestos de su gabinete. Getty Images

Ahora, que un vendaval llamado Trump llegó para quedarse, al menos por los próximos cuatro años, debiéramos todos preguntarnos si el destino de la república va a estar en buenas manos cuando llegue el 20 de enero.

Especialmente sus partidarios debieran preguntarse si fue una buena idea poner en la más importante silla de la nación a alguien que no tolera la más mínima crítica de sus adversarios y que continúa tuiteando diatribas a diestra y siniestra, a pesar de casi ser ya el hombre más poderoso del planeta.

El asunto ya no es si Trump perdió el voto popular por alrededor de tres millones de votantes, sino los truenos que han sonado en las pocas semanas después de su triunfo en los colegios electorales.

Primero el controvertido nombramiento de personajes como Steve Bannon, lo cual fue aplaudido por toda la claque de supremacistas blancos que viven en nuestra nación.

Luego los rumores de que alguien había solicitado autorizaciones de seguridad (security clearance) para sus hijos y colaboradores cercanos, entre ellos su yerno; y también las declaraciones del propio Trump de que las leyes que evitan crear conflictos de interés en las más altas esferas no atañen al futuro presidente.

Después los nombramientos de amiguitos y compinches a la secretaría de las más importantes entidades del país, desde el Departamento del Interior hasta el de Estado.

En el caso específico del Departamento de Estado, Trump nombró a Rex Tillerson, jefe ejecutivo de la multinacional Exxon para dirigir la diplomacia estadounidense. Tal parece que los intereses petroleros y los intereses energéticos van a primar en las relaciones de Estados Unidos con otros países en un futuro cercano. Y como es de esperar, el resto de nosotros nos enteraremos de los detalles de esos manejos a medida que se vayan sucediendo. También resultaría muy interesante ver el desenlace de la estrecha relación de Tillerson con Putin, a quien la actual administración considera el artífice de los ataques cibernéticos en la pasada campaña electoral.

Siguiendo las anomalías, Estados Unidos tendrá en enero el gabinete más multimillonario de su historia, producto de un retrueque de amiguismo e influencias que van hacia todas direcciones menos las que esperan incluso los más acérrimos partidarios de las bases de Trump.

Todo esto se suma a la presencia de Ivanka en conversaciones con líderes de naciones aliadas y el tono con ribetes de monarca que utiliza el futuro presidente en reuniones preparatorias a su presidencia, en la que le dice a los participantes: “si necesitan de mí, llamen a mi gente y todo está resuelto”.

Para colmar la copa, hay dos hechos que deben ponernos los pelos de punta.

Si hay algo que ha caracterizado a nuestra nación durante toda su historia es la unión de los principales protagonistas de la trama política ante el asedio de un enemigo externo. ¿Y qué ha hecho Trump ante el hecho de que hackers rusos entorpecieron el proceso electoral estadounidense? Pues llamar a la concordia con Putin y hasta alabar la inteligencia del presidente ruso, mientras que importantes figuras del Senado y del Partido Republicano califican el hecho como un acto de guerra.

Y por otro lado, tal parece que el próximo presidente parece no confiar mucho en el Servicio Secreto, pues resulta que ahora quiere tener su propia guardia privada. ¿Será que quiere tener guardaespaldas oficiales para los asuntos de gobierno, y otros informales para sus andanzas?

Va quedando claro ya que los implacables insultos durante la campaña presidencial y la profunda falta de sensibilidad hacia un amplio espectro de la sociedad estadounidense eran sólo el preámbulo de lo que nos depara un futuro con Trump a las riendas del gobierno. Casi que dan deseos de decir: “adiós a la república”.

Periodista radicado en Miami.

ottorod@gmail.com

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