Opinión

El poder tras el trono toma el trono

“Los que controlan el gobierno de los Estados Unidos son los capitalistas e industriales unidos”. Esta afirmación no la hizo un teórico marxista ni un revolucionario antiimperialista, sino el ex presidente Woodrow Wilson cuando era candidato en 1912. Este arranque de franqueza que no haría ningún aspirante presidencial una vez electo –ni siquiera el propio Wilson–, sugiere que en realidad los presidentes no responden a los intereses de los votantes sino a los de los grandes contribuyentes, por lo cual se decía que detrás del trono había un poder más grande que el trono mismo.

Pero podría decirse que a veces la afirmación se hacía real casi al pie de la letra porque para entonces muchos altos funcionarios gubernamentales eran al mismo tiempo presidentes de importantes firmas, y muchos grandes accionistas ocupaban cargos decisivos del aparato estatal. El proceso por el cual ese poder fue pasando de estar detrás a ocupar el trono mismo, ha sido gradual, y justo cuando Wilson pronunciaba estas palabras se estaba dando, en las sombras, un paso importante en tal sentido cuando un grupo de banqueros se reunió en secreto para acordar cómo imponer lo que la inmensa mayoría de la población no quería: un banco central encargado de imprimir el dinero de los Estados Unidos, lo cual hicieron sobornando a los dos candidatos presidenciales con mayores posibilidades, a través de jugosas contribuciones de campaña y cambiando el nombre de banco central por el de Reserva Federal para así pasar gato por liebre.

Esta realidad alcanzará su mayor crudeza a partir del próximo 20 de enero porque el actual presidente electo, al conformar su gabinete, se está rodeando de multimillonarios en una proporción mayor que cualquiera de sus antecesores cuando ocupe la presidencia de los Estados Unidos. Sólo en sus primeras nominaciones se perfila lo que será, según la BBC Mundo, “el gabinete más rico de la historia”. Se calcula que los primeros 17 nominados tienen más dinero que más de un tercio de las familias estadounidenses. “La riqueza de esta magnitud en un gabinete presidencial no tiene precedentes”, expresa el sitio de noticias Quartz.

Rex Tillerson, nominado para secretario de Estado, es el jefe de la Exxon Mobil Corp.; Steven Mnuchin, nominado para Secretario del Tesoro, es un banquero, fundador de Dunet Capital Management; Wilbur Ross, para Comercio, es un inversionista cuya fortuna, según la revista Forbes, es de aproximadamente 3 mil millones de dólares; Andrew Puzder, para Trabajo, es el gerente general de CKE Restaurants Holdings, compañía matriz de dos cadenas de restaurantes; Gary Cohn, titular del Consejo Económico Nacional, es el presidente del grupo bancario Golden Sachs; Betsy De Vos, elegida para Educación, es miembro de una familia que posee, según Forbes, más de cinco mil millones; y los tres asesores de negocio del futuro presidente, son también destacados empresarios: Indra Mooyi, jefa de Pepsi Co.; Elon Musk, presidente ejecutivo de Space X y Tesla Motor; y Travis Kalanick, cofundador de UBER Technologies.

El Donald Trump candidato realizó su campaña cortejando a los obreros blancos estadounidenses víctimas de supuestas injusticias de las élites económicas. A esta referencia del Washington Post, yo agregaría que el magnate también acusaba a Hillary Clinton de ser la candidata de Wall Street. Hoy ya sabemos, por sus nominaciones, quién es el verdadero candidato. ¿Para qué quiere un poder detrás del trono controlar el trono? No es, por supuesto, para guiar a la nación por caminos de prosperidad general, porque aunque existen filantrópicos millonarios, una empresa privada no es en su esencia una sociedad patriótica o caritativa sino que su objetivo es la obtención de ganancias por intereses personales. Pero ahora ese poder ya no estará detrás sino en el trono mismo.

Escritor e historiador.

Concordiaencuba@outlook.com

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