Armas y descontrol
Una vez más escribo del necesario control de armas, y no solo a nivel general, sino en referencia al sistema de salud mental. Lo más triste es que una vez más lo hago a partir de vidas perdidas inexplicablemente.
Esta vez fue una masacre ocurrida a pocas millas de donde estoy sentada escribiendo esta columna. En Fort Lauderdale. Cinco personas sin vida ¿por culpa de? Sí, del pistolero, para empezar, que ya está en custodia de las autoridades. Pero lo más preocupante es que estos incidentes salvajes se han vuelto un tema de nunca acabar en Estados Unidos, y cada vez son más parte de nuestra triste cultura de descontrol propiciado por industrias millonarias y falta de legislación y regulación.
Orden de hechos: Ocurre la terrorífica masacre, hablan las autoridades, se manifiestan alcaldes, gobernadores, legisladores y el presidente, la prensa le da vueltas al tema dos días hasta que otra noticia más fresca opaca el tema. Y luego, unos pocos activistas tratan de lograr algún tipo de cambio con respecto a leyes que bien pudieran evitar que pasaran, el resto, siguen con su vida. Hasta la próxima masacre.
Suena crudo. Pero está ocurriendo así en Estados Unidos de América. ¿Cuál será el próximo paso? ¿Que empiecen a abrir entidades sin ánimo de lucro (que ya hay unas cuantas) para ayudar a víctimas de masacres en Estados Unidos? ¿Que la Asociación Nacional del Rifle, o alguna marca de fusiles de guerra, la patrocine para quitarse la presión y poder seguir vendiéndole armas y municiones a cualquiera? ¿Que las farmacéuticas de drogas psiquiátricas apoyen tratamientos sin ánimo de lucro para portadores de armas o víctimas o familiares de las víctimas? Todo suena de locos. Pero es que lo que está pasando es de locos. Resulta ser que cada vez que hay una masacre todo queda ahí. En la masacre y en el dolor d los familiares de las víctimas. Ni Washington hace nada, ni a nivel local se hace nada.
El porte de armas es un derecho. No se cuestiona y es imposible quitarle las armas a un país como Estados Unidos. Grande, diverso, con gran cantidad de zonas campestres, rurales. Pero que desequilibrados, jóvenes inexpertos, o hasta criminales puedan comprar un arma con solo llenar un cuestionario y salir de una tienda armados hasta los dientes es simplemente inaceptable. Como es inaceptable que no haya un sistema de salud mental preventivo, no solo psiquiátrico tratable a punta de prescripción de drogas, sino psicológico. ¿Cuántos adolescentes no van al psicólogo en este país porque el de la escuela tarda mucho, el seguro médico no recomienda y el privado sus padres no lo pueden pagar?
Si la industria de las armas tiene tanto dinero, ¿por qué no obligarla a invertir en procedimientos reales de investigación a cada individuo que compra un arma? ¿Porque pierde dinero? Y las vidas entonces solo valen eso. El dinero de las empresas de rifles, armas, municiones y demás. Así como las siquis de los estadounidenses hoy día valen eso, el precio de prescribir antidepresivos, y que todos los involucrados lucren en esta industria. Si hasta el 2012 en Estados Unidos la cantidad de antidepresivos se duplicó de acuerdo a cifras del Journal of American Medical Association, y de la misma manera la venta de armas sigue creciendo, algo está ocurriendo mal, ¿no? Creo que los problemas sociales no pueden ser dejados al olvido. Y menos cuando el pánico colectivo sigue creciendo en nuestro país. ¿O es que alguien va a pisar hoy el aeropuerto de Fort Lauderdale sin la masacre en mente?
Periodista y presentadora de televisión y radio.
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Esta historia fue publicada originalmente el 13 de enero de 2017, 2:45 p. m. with the headline "Armas y descontrol."