ROBERTO CASÍN: La niña del globo
Quienes supieron hace solo unos días de ella en Gran Bretaña la llaman la pequeña Summer. No es la hija de un flamante ministro, de un célebre futbolista o de un ídolo de la pantalla. Su padre era un hombre común. Ella también es una niña común. Su historia tampoco es de las que saltan a la vista a diario en este mundo enajenado cuando uno prende la tele, abre el periódico o busca los titulares en Internet. Comparado con otros hechos que publicó entonces la prensa, su caso no es intrascendente ni atemorizador, como el de que Fidel Castro se reunió en La Habana con sus cinco espías y que el loco de Jong-un disparó en Corea del Norte otros dos misiles al mar. El suyo tampoco es de los sucesos que entretienen. Es de los que desgarran, puerta adentro.
La niña a la que dedico esta columna tiene solo diez años y no acepta ser huérfana. A los cinco de haber muerto su padre ella le escribió una carta que empieza con un “Papi, te echo mucho de menos”. Le dice que a veces mira al cielo y pide un deseo a la más brillante de las estrellas, “que creo eres tú”. Que siempre piensa en él cuando llega la fecha de su cumpleaños, el de ella, el día de los padres, y la Navidad… “Feliz unos días, triste los otros”. Y lamenta no haber podido darle un abrazo y un último adiós antes de su viaje a “un nuevo hogar en el Paraíso”. La misiva termina así: “…hasta que nos volvamos a reunir o hablemos de nuevo te dejaré descansar. Te quiero mucho, descansa en paz, Papi. Espero que estés feliz donde estás”. Luego la firma, “tu pequeña Summer”, y la cierra con el dibujo de un corazón.
Su intención era amarrar la carta a un globo para hacerla subir hasta el firmamento. A su edad no hay límites entre el cielo y la tierra. Se ama y punto. Sin embargo, inadvertidamente la dejó caer y la perdió. Por unos días, el alma se le hizo trizas. Pero alguien halló la misiva en la calle, y una buena persona—por suerte aún quedan—, Nicki Holroyd, emprendió una campaña en Facebook para dar con ella y hacérsela llegar, Un mensaje tan amoroso y conmovedor escrito por una niña de esa edad “no puede ir a la basura”. Ese fue el aviso que difundió la mujer en la red social, y afortunadamente sus esfuerzos se vieron coronados por el éxito.
Tristemente, el hecho no es de los que gozan de profusa publicidad. Por eso he querido compartirlo con ustedes, porque también he visto en la tele anuncios pidiendo donaciones para niños con miradas de desamparo que te destrozan el alma, depauperados, víctimas de la pobreza, durmiendo casi a la intemperie, que hurgan en los basureros de aquella o la otra ciudad. Ellos pueden albergar aún la esperanza de que la cámara que los filma les devuelva la felicidad que una vez tuvieron o que les proporcionen la que nunca llegaron a tener. El dolor de Summer Lloyd es más hondo y no tiene cura. Nadie puede restituirle lo que perdió. Por eso cierro los ojos y la imagino de noche, parada junto a la ventana con un par de lágrimas mirando las estrellas, buscando la que más brilla para ver en ella el rostro del padre que se fue y jamás volverá. Tal vez la historia de Summer parezca muy personal. Pero puede ser mañana la de uno de nuestros hijos. También la suya o la mía, la de cualquier papá que se va.
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de marzo de 2015, 2:00 p. m. with the headline "ROBERTO CASÍN: La niña del globo."