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Opinión

El ocaso del poderoso

No tanto su altura, 1.91 metros, es la que lo define poderoso.

Ni el trueno de su voz profiriendo conceptos y verdades a medias, tanto en campaña como en sus primeras palabras presidenciales.

Ni el caudaloso fluir de dólares en sus negocios multimillonarios que lo encumbraron como uno de los hombres muy ricos de Estados Unidos (Forbes lo califica con 4,500 millones mientras él se adjudica 10,000 millones, tal su egocentrismo.)

Poderoso porque no es otra la calificación en la política mundial para quien ocupa la Casa Blanca, sea Bush u Obama o Trump. Un “poderoso” investido del poder político, del poder económico y del poder militar, tres áreas con las que USA suele poner el pie, y las más de las veces enfundado ese pie en la bota militar que, en suma, es la que sostiene y preserva a las otras dos. Dentro y fuera del país.

Pues bien, vamos al asunto del título: “el ocaso del poderoso”. No se dará al fin de su mandato de cuatro años, lo que le significaría la imposibilidad de otro período. Se dará –imaginamos, con proyección de los antecedentes de hoy– en un atardecer-anochecer. Porque Trump, con sus actos, con sus omisiones, agravará las relaciones internacionales, en ese ámbito mundial en el que se mueve Estados Unidos como si fuese la propia casa. No en vano posee alrededor de 900 bases bien distribuidas en el planeta.

Los ejes que lo “entrumparán”. Perdón, entramparán. Uno de ellos, Naciones Unidas. Irrumpirá en las sesiones del Consejo de Seguridad –del que EEUU es socio fundador y vitalicio junto a Rusia, Gran Bretaña, China y Francia– y pretenderá, a través de su representante en el cuerpo, sosegar su impaciencia y verborragia agresiva con la adicción (que ya se adivina) al veto. Vetará, ordenará vetar, todo lo que no le convenga a su socio Netanyahu, por ejemplo. Mal ejemplo, porque irá destilando no aguas benéficas del Jordán sobre los palestinos sino venenos políticos en cuotas, en gotas, en lluvia muy ácida. E injusta. ¿Alguien podrá suponer que nada pasará entonces? ¿O que la seguridad de la región (Israel, territorios ocupados, resto de Cisjordania y la franja de Gaza) no tendrá cambio alguno? Ojalá, pero sabemos que no será así. Desde hace cincuenta años lo sabemos. Desde cuando Israel lanzó la “Guerra de los seis días” (5 de junio de 1967). Se puede imaginar la reacción de un pueblo cansado de tanta ocupación, postergación y maltrato.

Y a este cóctel se le va a agregar vía Trump no sólo una complacencia de ocupación de Jerusalén Este, con nuevas construcciones (más de 500 se acaban de autorizar) por parte de Israel, sino también el traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a la Ciudad Santa. Todo en claro enfrentamiento a las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre prohibición (muy reciente) de construcciones en terrenos ocupados militarmente y sobre Jerusalén (desde 1980).

¿Creerá Trump que eso le acrecienta autoridad a su gestión y se encamina a darle seguridad a su país, al que imagina tan grande como antes era, según tantas veces lo proclamó?

¿Creerá Trump, ensoberbecido con el manejo de botones rojos, que hallará adhesiones a su pretensión de ganarle a Putin en calidad y cantidad de misiles nucleares? Debemos decir que sí hallará adhesiones: las de los fabricantes de muerte nuclear y de la otra, y de los bancos que entusiastamente les financian los “emprendimientos” de defensa de la “seguridad de USA y del mundo occidental”.

¿Habrá aprendido Trump la lección del WTC del 11 de septiembre? ¿De la vulnerabilidad que evidenció su país?

Ha sido claro, Trump. Ostentosamente claro, en su estilo desafiante y fundamentalista. ¿Pero sabrá que no le conviene a su país que su presidente se muestre desnudo y dogmático?

¿Tendrá alguna idea de la diplomacia o directamente cree que podrá enfrentar los desafíos de su puesto como si estuviese en su despacho de negocios inmobiliarios?

El error que le llevará a dimitir –porque lo obligarán como a Nixon– estará montado en la soberbia de un yo sobrevaluado. Muy sobrevaluado. Casi suicida. Y, desde su propio partido, se lo exigirán.

Columnista argentino.

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de enero de 2017, 6:04 p. m. with the headline "El ocaso del poderoso."

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