El alcalde Giménez no debió haber cedido ante Trump
Considero al alcalde Carlos Giménez mi amigo. Lo he apoyado durante muchos años; primero como administrador de mi ciudad, luego como candidato para Comisionado del Condado y Alcalde. Estoy, sin embargo, extremadamente decepcionado por sus acciones en hacerle la pelotilla a la orden ejecutiva del presidente Trump sobre ciudades santuarios.
Mientras que otros alcaldes han adoptado una postura que protege a sus comunidades, el alcalde Giménez se ha precipitado a complacer al Presidente, traicionando la larga historia de nuestra comunidad de dar la bienvenida a los inmigrantes.
Nadie está sugiriendo que permitamos que los inmigrantes ilegales criminales vaguen libremente por nuestras calles. Cuando alguien sin estatus legal es una amenaza a la seguridad nacional o un sospechoso, las agencias de cumplimiento de ley locales deben cooperar con los funcionarios federales de inmigración, lo cual ya hacen. Sugerir lo contrario es simplemente demagogia.
Mi oposición se debe a que el alcalde Giménez no considera lo siguiente:
▪ Los gobiernos locales no tienen obligación legal de hacer cumplir la ley federal de inmigración.
Los gobiernos locales no tienen la obligación legal de participar en las acciones federales de aplicación de las normas de inmigración y, a menudo, tienen una responsabilidad legal cuando lo hacen. La Corte Suprema ha mantenido constantemente que el gobierno federal tiene “un poder amplio e indudable sobre el tema de la inmigración". También ha mantenido que los agentes locales de la ley no tienen autoridad para detener a las personas por presuntas violaciones de la ley civil de inmigración.
La pregunta es hasta qué punto las ciudades deben actuar conjuntamente con el gobierno federal en la aplicación de las leyes de inmigración. La única cooperación obligatoria es el intercambio de información, lo que el Condado Miami-Dade ya hace, por lo que ya cumplimos totalmente con la ley federal. La ley federal no obliga a la detención de personas, según lo ordenado por la orden del Alcalde. Por lo tanto, el Alcalde ha ido más allá de lo que la ley manda sólo para complacer al Presidente.
▪ Nadie sabe exactamente lo que es un “condado santuario”.
No existe una sola definición de lo que es un “condado (o ciudad) santuario” y nadie puede saber con certeza si una jurisdicción local es un santuario o no. De hecho, ¡el alcalde ha declarado que él no cree que somos un condado de santuario en absoluto! La orden del alcalde nos “protege” de una etiqueta que puede no ser aplicable.
▪ La validez de la Orden Ejecutiva del Presidente debe ser cuestionada. Así es como funcionan las democracias.
Muchos juristas eminentes han calificado al mandato ejecutivo del Presidente como ambiguo, excesivamente amplio y abierto a los desafíos legales. El argumento del alcalde Giménez de que se trata de un asunto económico falla porque nadie sabe qué fondos federales, si los hay, están en riesgo.
El alcalde Giménez obviamente no buscó una opinión legal sobre este asunto. El alcalde Giménez tampoco confió en nuestra delegación del Congreso para pedir consejo. Estoy seguro de que ellos lucharían para evitar cualquier pérdida de fondos federales a nuestra comunidad.
Cuando el Presidente les dice a las ciudades que le obedezcan o enfrenten su ira, el Alcalde tiene al menos el deber de cuestionarlo. La democracia no es que el presidente diga “salta”, y el alcalde Giménez pregunte “a qué altura”.
La verdad es que, en vez de pensar cuidadosamente como lo están haciendo los alcaldes de todo el país, el alcalde Giménez actuó con prisa para convertirse en el único alcalde en todos los Estados Unidos en inclinarse ante la orden del Presidente. Lo hizo incluso antes de que la tinta se secara. Observe que ningún otro alcalde de una ciudad importante ha seguido el juego.
Los alcaldes entienden que la policía local debe adaptar las políticas que fortalecen la seguridad de la comunidad y la policía. Estas políticas reconocen que la policía necesita la confianza de toda la comunidad, asegurando que las víctimas inmigrantes y testigos de crímenes cooperen con la policía. El difunto jefe de policía John Timoney y yo creíamos que, para mantener a nuestra comunidad segura, debíamos alentar a todos los residentes a trabajar con la policía, no a esconderse de ella.
Por último, el alcalde Giménez y yo llegamos a este país como refugiados, sin estatus legal, pero nos convertimos en estadounidenses. Cincuenta años más tarde nos convertimos en alcaldes. Si los alcaldes de entonces hubiesen actuado como el alcalde Giménez lo ha hecho ahora, tal vez no hubiésemos tenido esa oportunidad.
Miami es una ciudad construida sobre las esperanzas y aspiraciones de los inmigrantes. Nuestro alcalde debe ser un líder, no un seguidor. Sin embargo, a través de sus acciones, el alcalde Giménez ha traicionado nuestra esencia y los mismos principios que nos definen como inmigrantes y estadounidenses.
Abogado y ex alcalde de la Ciudad de Miami.
Esta historia fue publicada originalmente el 30 de enero de 2017, 0:22 p. m. with the headline "El alcalde Giménez no debió haber cedido ante Trump."