Donald Trump ‘el exorcista’
Patrióticamente hablando, parecen muy loables todas las cosas que quiere hacer Trump. Querer que “Made in USA” vuelva a ser el logo más difundido, lograr que EEUU exporte más de lo que importe, pretender que el país sea más temido que amado internacionalmente, eliminar cualquier traza de terrorismo doméstico, controlar las fronteras y expulsar a los indeseables. Estas y otras propuestas sirvieron de fundamento para su lema “Hacer América Grande otra vez”
Nadie sabe, a lo mejor Trump ordena instalar en todos los celulares el software que los desactiva cuando un vehículo supera las 5 mph, aun a pesar del negocio que ello acarrea.
O tal vez se le ocurra eliminar los late fees, services fees y reconnection fees, aun cuando haya mucho negocio envuelto en ello.
O quizás decida que las empresas de cable TV deben tener una tarifa fija siempre y no temporal, pese al soporte que esas empresas han brindado a muchos funcionarios en sus campañas políticas.
En la práctica está sucediendo exactamente lo contrario, o sea, Trump hasta ahora ha manifestado que pretende desregular la mayoría de la actividad económica. Es decir, las grandes corporaciones, monopolios y oligopolios continuarán haciendo negocios a su antojo, imponiendo precios y condiciones a la población, quien no tiene otro remedio que aceptar, todo con un salario mínimo federal de $7.25 por hora.
Desde luego, cualquier posición intervencionista de Trump en la actividad económica sería una intromisión en los negocios privados, y eso es simplemente intolerable. Sin embargo, como Trump ha desatado una era de exorcismo en todo lo que se considera “políticamente correcto”, tampoco se extrañaría si él llegara a asumir posiciones desafiantes en beneficio de la población, al más puro estilo demócrata.
Teóricamente, muchos miembros del gabinete de Trump no serán manipulados por “intereses especiales” ya que son personas con fortunas personales cuantiosas y por lo tanto rechazarán cualquier injerencia externa. Eso haría que sus decisiones fueran más objetivas; no obstante, existe una teoría que afirma “Mientras más se tiene, más se quiere”. Ello se basa en que para los acaudalados, el hecho de hacer más dinero no solo es un reto constante, sino que además es un hobby.
Todas estas y otras situaciones se manejan en nuestra casa, los Estados Unidos de America.
Imaginemos que vivimos en una casa muy grande con mucha familia. Tan felices somos, que nuestra casa no tiene puertas. Recibimos muchas visitas de amigos y personas que quieren conocernos. Algunos nos traen regalos, otros se unen a nuestra familia y nos ayudan en los quehaceres de la casa.
Sin embargo, últimamente están viniendo muchos que perdieron sus casas y que nos piden ayuda. Siempre los ayudamos, pero a veces encontramos que no contribuyen en nuestra casa y no comparten nuestras costumbres. Y lamentablemente, a veces llegan otros con intenciones de perjudicarnos, roban y criminalizan a nuestra familia, aun a pesar que los recibimos con los brazos abiertos.
No nos quedará otro remedio que instalar puertas, ver quién toca a ellas y dejar entrar a quienes nos ayudarán. Solo tenemos un grave problema: ¿Y qué hacemos ahora con todos los que entraron antes?
Esta breve narración imaginaria nos describe una aproximación a la situación inmigratoria actual en EEUU. El problema inmigratorio es un fenómeno mundial, que crece apresuradamente en sentido inverso a los recursos y las fuentes de empleo, es decir, mientras más disminuyen estos dos, más crece el primero. En EEUU es inevitable el finiquito de una Reforma Inmigratoria Integral.
En vez de deportar a 11 millones de indocumentados que viven en EEUU, la solución más inteligente es integrarlos al proceso de producción mediante un sistema paralelo que los conduzca a un status legal. A través de varios años hemos insistido sobre este particular en los medios.
Para aumentar nuestras exportaciones, debemos producir más en EEUU. ¿Cómo lo logramos con nuestra estructura de costos actual ? Lógicamente, utilizando mano de obra más barata. ¿De quién?
De los inmigrantes, por ejemplo.
Aquellos que trabajen por cinco años en las empresas americanas que se relocalicen en EEUU y que cobren bajo una figura de bonos canjeables en vez de salario regular, tendrían derecho a la residencia y después a la ciudadanía. De esta forma los inmigrantes indocumentados dejarían de ser una carga y más bien se convertirían en un factor de desarrollo nacional.
Esto pareciera ser “no políticamente correcto”. Sin embargo, un exorcista especializado en la materia pudiera contemplarlo.
¿Sería Donald Trump ese exorcista?
Economista y periodista.
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Esta historia fue publicada originalmente el 30 de enero de 2017, 1:06 p. m. with the headline "Donald Trump ‘el exorcista’."