Opinión

Dando la espalda a los refugiados

Manifestantes protestan contra el veto de inmigración del presidente Donald Trump el 1 de febrero de 2017 en Chicago, Illinois. La orden de Trump prohíbe la llegada de ciudadanos de Irán, Irak, Libia, Somalia, Sudán, Siria y Yemen por al menos 90 días. Todos los refugiados están prohibidos por 120 días, mientras que los refugiados sirios están bloqueados indefinidamente.
Manifestantes protestan contra el veto de inmigración del presidente Donald Trump el 1 de febrero de 2017 en Chicago, Illinois. La orden de Trump prohíbe la llegada de ciudadanos de Irán, Irak, Libia, Somalia, Sudán, Siria y Yemen por al menos 90 días. Todos los refugiados están prohibidos por 120 días, mientras que los refugiados sirios están bloqueados indefinidamente. AFP/Getty Images

Mientras disfrutaba de la cultura en el Hay Festival en Cartagena de Indias, una de las ciudades más lindas del continente, nuestro presidente anticultura y pro show business se encargaba de prohibir la entrada al país a ciudadanos de Siria, Irak, Irán, Libia, Somalia, Sudán y Yemen, y cientos de miles de refugiados.

¿Puede haber un presidente más antiamericano que el que tenemos hoy? Lo más preocupante es que muchas personas, incluidas algunas que en su momento fueron refugiados, lo apoyan. Donald Trump es un fenómeno que sabe comunicarse en este siglo XXI mejor que cualquier otro político. Su base está feliz con lo que está haciendo y eso es quizá más grave que sus acciones en sí. Tiene todo lo que en nuestra Latinoamérica llamamos populista. Una base sólida que lo apoya sí o sí y medidas que antes que lograr algo serio, se disfrazan de un alivio que poco soluciona en realidad.

Me preguntaba cuando pronunció su discurso inaugural por esos Estados Unidos que describió. Un país acabado, que recordaba más a la Alemania de la post primera guerra que llevó a Hitler al poder que a la primera potencia mundial. ¿Hizo esa descripción para poder imponer sus políticas el nuevo presidente? Pero, repito, lo peor es que hay personas que creen al pie de la letra esa descripción. Y lo más doloroso es que quizá, con sus políticas, nos acerque allá o, al menos, a la destrucción del espíritu de quizá la mejor nación que ha existido sobre el planeta. Este paraíso de libertad, este país que acoge a todos los perseguidos de la humanidad, está siendo oscurecido por un gobierno populista ultranacionalista, que ve en todo lo extranjero una amenaza.

Y sin embargo, la culpa no es de Trump. Es de quienes votaron por él, y que, repito, están felices con sus acciones. El presidente, con sus órdenes ejecutivas, está cumpliendo al pie de la letra lo que prometió en su campaña. Cada refugiado que tuvo que quedarse en su país, quizá encontrándose con la muerte, es un voto de Trump. Cada ladrillo del supuesto muro, es un voto de Trump. Y lo será cada soldado caído porque el presidente decidió no tener en cuenta a las agencias de inteligencia para tomar sus decisiones o porque decidió iniciar una guerra con quién sabe qué país. Donald Trump no se tomó el poder por la fuerza, fue elegido bajo las reglas de sistema electoral estadounidense. Y lo fue sabiéndose mucho de él e, incluso, no sabiéndose, como en el caso de su declaración de impuestos.

El país está dividido. Esto que para muchos (me incluyo) es una pesadilla, para otros es un sueño cumplido. Solo cabe esperar. Aunque dos semanas ya a algunos nos parezcan una eternidad, faltan cuatro años. El país, y el mundo, que Donald Trump nos deje de legado, imagino que será la respuesta para sus votantes en la próxima elección.

Mientras tanto confío en la independencia de las instituciones y en la fortaleza de esta democracia. Hasta ahora el presidente solo ha firmado órdenes ejecutivas, ya veremos qué papel juegan el Congreso y las cortes, y hasta qué punto lo apoyan en políticas como su nefasta ley de inmigración, con la que los Estados Unidos le da la espalda a lo que siempre ha sido.

Escritor colombiano.

www.pedrocaviedes.com

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