Europa versus Estados Unidos
Me he dado un pequeño salto a Madrid, mi ciudad de adopción, para reunirme con mi editorial, medio pasearme por la gala de los premios Goya y celebrar el ascenso profesional de una gran amiga comiendo hamburguesas y cantando cumpleaños feliz. Madrid está feliz otra vez. Agitada, cosmopolita, variada, llena de celebraciones. Pero en todas esas fiestas, había un tema que acaparaba toda la atención: Donald Trump.
Los españoles, que son personas que, según ellos mismos, se pasan toda la vida aprendiendo a hablar inglés, pronuncian Trump más bien Tran. Es probable que no caigan en cuenta de que su simpático error tiene varias lecturas. Pero intentas corregirles, con educación, diciéndoles que al menos en Estados Unidos prefieren pronunciar el apellido como si fuera Tromp y nada, los españoles insisten en pronunciarlo casi como trampa. Si algún ciudadano estadounidense se paseara por España estos días escucharía el apellido de su presidente mal pronunciado en todas las radios y televisiones. “Los españoles cambiamos las cosas a como nos suenan bien a nosotros”, me dijo un conocido conductor de televisión. ¿Qué cara pondría Trump cuando venga a España y no le digan bien su todopoderoso nombre?
Debajo de todo esto, subyace una importante antipatía hacia el 45 presidente. Podría tratarse de una antipatía que se extiende por todo el continente y bastante patente en la cumbre europea de este fin de semana. Uno veía el desfile de primeros ministros y presidentes, desde Merkel a Rajoy, e impresionaban las caras de preocupación. No solo por Tran/Trump sino por el avance de la señora Le Pen en Francia y los ajustes que empiezan a hacerse con el Brexit. Como si la derecha se instalara en el mundo entero. En las fiestas donde estuve había otra preocupación y era por el color azul que parece ser el favorito de Theresa May, la primera ministra del Brexit y, en alguna ocasión, también del presidente Trump. “El azul atlántico se ha vuelto la insignia de la derecha global”, declararon durante un intermedio de los premios Goya. Me pareció una exageración. En primer lugar porque hay muchos tipos de azules, afortunadamente. Hasta que me quedé mirando la bandera de Rusia y descubrí que es su tono de azul el que se parece al que visten, o se ven obligados a vestir, los líderes de ese movimiento conservador a ambos lados del Atlántico. Azul Putin, podría llamarse. Una nueva paradoja de este siglo: el nuevo conservadurismo tiene su origen en el final del comunismo.
Un amigo escritor expone que en efecto puede verse al fenómeno Trump y los demás conservadurismos como la tardía respuesta a la caída del muro de Berlín. “Nos quedamos sin distinciones ideológicas y el dinero y la riqueza se han convertido en la única ideología”. La discusión se vuelve acalorada en la fiesta de cumpleaños y la anfitriona me exige que dejemos la política fuera de su aniversario. “¿Tú tienes problema con tu estatus de inmigrante?”, me pregunta y mi respuesta es tímida. Soy de origen venezolano pero con nacionalidad española. “¿Y qué les gusta más a los de Miami, que seas venezolano o español?” Tampoco sé qué responder. Algo parecido debe sucederle a Melania Trump cuando ve las políticas que decreta su marido. Ella, que es centroeuropea y que como tal ha sufrido de todo por parte de aquella Unión Soviética y su desmoronamiento, ¿exactamente qué pensara de su marido? “No hay más que ver como se viste, darling”, interrumpe una influyente editora de moda. “Camisas de fuerza en colores pasteles. Esa será la tendencia de estos años”, sentencia.
Escritor y presentador venezolano.
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de febrero de 2017, 4:27 p. m. with the headline "Europa versus Estados Unidos."