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Opinión

De protestas, molestias y libertades

Una multitud de manifestantes avanza hacia la torre Trump en Chicago, el sábado pasado, protestando contra la construcción del oleoducto Keystone en Dakota.
Una multitud de manifestantes avanza hacia la torre Trump en Chicago, el sábado pasado, protestando contra la construcción del oleoducto Keystone en Dakota. Getty Images

Si alguna vez ha sentido usted un deseo casi irresistible de arrollar con su automóvil a un grupo de manifestantes que le impiden el paso, quizá debería empacar sus maletas y mudarse a vivir en Dakota del Norte. Otra opción sería relajarse y pensar por qué los ciudadanos salen a las calles a manifestar su opinión.

Empecemos por explorar la primera alternativa. Desde hace aproximadamente un mes, la legislatura de Dakota del Norte elabora un proyecto de ley que eximiría de responsabilidad legal a los conductores de vehículos que atropellen a los manifestantes que estorben el paso. Aunque el autor del proyecto de ley, el representante a la Asamblea estatal Keith Kempenich, afiliado al Partido Republicano, indica que la ley se aplicaría solo si el atropellamiento no es “intencional”.

También explicó que su iniciativa es una respuesta directa al bloqueo de carreteras que algunos de sus familiares sufrieron cuando un grupo de representantes de tribus indígenas, ambientalistas y simpatizantes de la causa acamparon en las inmediaciones del oleoducto que trasladaría petróleo de la frontera con Canadá hasta el Golfo de México para impedir su construcción. El proyecto Keystone, como se conoce al oleoducto, serviría para trasladar una variedad de petróleo considerada altamente contaminante a refinerías en EEUU, cruzaría por debajo de un río y atravesaría camposantos de las tribus indígenas que habitaron estas tierras antes de que llegara el hombre blanco. Según Kempenich, el proyecto de ley reconoce el derecho de cualquier manifestante a expresar su opinión pero intenta imponerle límites al espacio en el que se desarrolla. Si la protesta se mantiene en los espacios que marca la ley no hay problema, pero si los manifestantes salen de la acera para ocupar una calle o invaden la calzada si están en una carretera, dice el legislador, dejan de ser ciudadanos ejerciendo su derecho a la libertad de expresión y se convierten en “terroristas”.

Reconozco que las protestas callejeras incomodan a una buena parte de la ciudadanía. En Colombia, por ejemplo, las manifestaciones antitaurinas han creado momentos de tensión entre quienes se oponen a las corridas de toros y quienes defienden su derecho a asistir a ellas. En Panamá se han cerrado carreteras exigiendo al gobierno que pare las importaciones de productos agropecuarios. En México hace meses que no cesan las marchas exigiendo el esclarecimiento de la desaparición de 43 jóvenes estudiantes. En Estados Unidos cada nueva orden ejecutiva del presidente Trump provoca justificadas marchas y protestas públicas.

Para la gente que no tiene acceso a los grupos que detentan el poder económico y político no hay otra línea de defensa que la protesta pública. Y la pregunta clave es si la comprensible molestia ciudadana justificaría restringir la libertad de expresión de los ciudadanos. Las autoridades tienen la facultad de poner ciertos límites respecto al lugar, la hora y la manera en la que se conduce una protesta en lugares públicos pero no para censurar el motivo de la marcha ni para impedir protestas que reaccionan de manera inmediata a las noticias del día.

La semana pasada en la Universidad de California en Berkeley sucedieron dos incidentes bochornosos. Un grupo de estudiantes intolerantes impidieron la presentación de un provocador de ultraderecha en el campus olvidando que por más controvertido que sea el discurso de una persona, la libertad de expresión es un derecho fundamental consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Más tarde, la protesta degeneró en un disturbio en el que un puñado de agitadores anarquistas causaron destrozos en la universidad y en la ciudad. Espero que la policía identifique a los bárbaros y los castigue conforme a la ley. Pero espero también que el legislador de Dakota relea la Primera Enmienda de la Constitución que prohíbe la creación de cualquier ley que reduzca la libertad de expresión.

En lo que a usted concierne, por favor le pido que la próxima vez que se tope con una manifestación de protesta piense que la ciudadanía está ejerciendo su derecho a expresarse libremente, y encuentre una vía alternativa para seguir su camino.

Periodista de Los Angeles. Escribe sobre temas políticos en varios periódicos en las Américas. Síguelo en Medium.com/@MunozBata

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de febrero de 2017, 6:28 a. m. with the headline "De protestas, molestias y libertades."

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