EDUARDO J. PADRÓN: El cine que nos convoca
Creo que la apertura de este trigésimo segundo Festival Internacional de Cine de Miami ha estado a la altura de su prestigio e importancia. Muchos de los cientos de invitados al evento me comentaron cuánto habían disfrutado el filme Relatos salvajes, del argentino Damián Szifrón, que estuviera, hace solo unos días, en la exclusiva lista de nominaciones para el Oscar al Mejor Filme Extranjero.
Se trata de varios cuentos contemporáneos, de un marcado humor negro, sobre circunstancias de la actualidad con las cuales nos podemos sentir identificados. El segmento protagonizado por Ricardo Darín –a quien tuvimos como invitado hace unos pocos años a propósito de El secreto de tus ojos–, sobre un individuo que sufre el remolque injusto de su automóvil, al ir a comprar un cake para su hija, y todo lo que esa circunstancia desencadena, nos trae a la mente incidentes que hemos podido sufrir.
Pienso que esa es una de las más importantes virtudes de un festival de cine como este que organizamos en Miami Dade College para toda nuestra comunidad, encontrar los vínculos que nos unen al resto del mundo. Saber que no somos el ombligo de esa humanidad, con la cual cada día estamos más enlazados mediante la inmediatez de las nuevas tecnologías, sino solo uno de sus componentes.
Esas historias fascinantes en la gran pantalla nos sensibilizan y enseñan a ser solidarios con el prójimo tratando de salir adelante, como cualquiera de nosotros, de transformar su realidad, saltando obstáculos sociales y políticos. Este cine nos permite comprender lo que en ocasiones la premura de las noticias diarias suelen excluir.
Se trata del séptimo arte que abre un diapasón de alternativas, tanto de géneros como de argumentos y conceptos para ofrecernos una atractiva idea de pertenencia. Porque esa misma tecnología que nos acerca, internacionalmente, puede enquistarnos en nuestra propia sociedad mediante pequeñas pantallas que exigen constante atención y nos coartan la conversación en vivo, la más humana de las reciprocidades.
Las jornadas del Festival, al cual le quedan cuatro días de atractivas presentaciones desde este miércoles al domingo, establecen ese diálogo necesario entre culturas diversas en una suerte de ceremonia que ocurre en compañía de otros cinéfilos o simplemente curiosos espectadores, en una catarsis que no ha encontrado mejor opción hasta el día de hoy.
Todavía queda tiempo para ver la controversial biografía de Ives Saint Laurent o una reveladora película venezolana que trata de la preparación de las jóvenes que participan en los concursos de belleza.
Hay tiempo para saber el trasfondo del discutido concierto por la paz celebrado en La Habana, hace algunos años, cortesía del documental 13 millones de voces, realizado por directores locales, o de asomarnos al universo estremecedor de peleas clandestinas que se celebran en nuestra comunidad, recogidas en otro documental de los directores de Cocaine Cowboy, Dawg Fight.
Si el ánimo es distendido, de absoluto placer sensual, no se pierdan Playing Lecuona, donde algunos de los más importantes pianistas de jazz interpretan la figura cimera de la música cubana, Ernesto Lecuona.
Este año me entusiasma mucho la idea de que más de una veintena de obras tienen un componente miamense, lo cual expresa el beneficio educacional y cultural que cifra un evento como el festival.
Les recuerdo que no queda mucho tiempo para tomar decisiones. Yo me he quedado con decenas de deseos insatisfechos, pero los filmes que he visto, todavía repercuten en el corazón.
Es fácil, revisen www.miamifilmfestival.com, elijan el tema que más les atrae y nos vemos en el cine.
Presidente del Miami Dade College.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de marzo de 2015, 1:00 p. m. with the headline "EDUARDO J. PADRÓN: El cine que nos convoca."