CARLOS DUGUECH: ¿Obama en la Knesset?
Todavía imaginar no cuesta nada, por esas raras fortunas del ser humano, sometido a tantas y tantas demandas por la vertiginosidad y complejidad de la vida.
Imagina el poeta y el poema entibia los corazones y abre las mentes. Imagina el novelista e instala rostros posibles de la realidad, que no se ven naturalmente. Imagina el pintor y la tela adquiere tonalidades y formas que son una nueva realidad, así sea no más que una copia de lo real. Imagina el filósofo y pone luz y quita o agrega sombras sobre el conocimiento y razón del ser. Imagina el científico y puede lograr con los inventores nuevas maneras de vencer la enfermedad y de facilitar la vida. Imagina el que se ocupa de seguir como puede y le permiten las actividades de las personas con poder en el mundo: los jefes de estado, los dueños de las decisiones sobre la marcha de la macroeconomía mundial, los absolutistas de toda laya en cualquier campo. En suma, queremos decir, que quien escribe una columna de análisis de política internacional, donde quiera que esté, también se permite imaginar. Y en esta ocasión traslada su creatividad (imaginar es eso, en esencia) y se instala en el palco de periodistas de la Knesset, en Jerusalén. Razones: sí. ¿Hay algo más trascendente que presenciar la actuación del presidente de los Estados Unidos hablando frente a los parlamentarios de la Knesset, invitado por Kadima, uno de los partidos de la oposición? ¿Y qué expresa en sus palabras, Obama, con fuerte tono de convicción y de mensaje a quienes está dirigiéndose? Pues, que critica severamente una decisión del gobierno de Israel vinculada a un importante asunto de sus decisiones soberanas por acuerdos con otro país. Y logra el aplauso de un sector del parlamento israelí. El que lo invitó, pese a Netanyahu, molesto por semejante decisión inconsulta.
¿Alguien imagina cómo reaccionaría el primer ministro Netanyahu? Este columnista sí: airado, le diría a Obama que nada, nada, tiene que hacer en Israel ni entrometerse en los asuntos de su gobierno que no sea darle más ayuda militar, más créditos para nuevas construcciones en los territorios ocupados desde la “Guerra de los seis días” (1967). Y votar siempre en contra de las eventuales sanciones que pudiera ocurrírsele al Consejo de Seguridad de la ONU. Y en todo caso, usar sin temores y decididamente el veto, que para eso está. Y todo eso se lo diría con gesto de censor y con la mano y el índice señalando en el aire cada uno de sus apercibimientos, críticas y reclamos.
Esto basta para explicar –si hay alguna explicación– por lo actuado por Netanyahu en Washington. La insolencia de un primer ministro que colonizó políticamente a un sector de los responsables políticos de Washington, ignorando al “dueño de casa”. ¿Será una cuestión de resabios raciales o simplemente una torpeza de Netanyahu convirtiendo a Washington en distrito electoral de Israel a la vista de los próximos comicios? Esos que le tienen movedizo, torpemente empecinado y nada diplomático.
Columnista argentino.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de marzo de 2015, 4:00 p. m. with the headline "CARLOS DUGUECH: ¿Obama en la Knesset?."