NICOLÁS PÉREZ: La irrespetuosidad de Benjamín Netanyahu
Comencé a respetar a Israel durante la prisión castrista, y más tarde, quedé perplejo por la grandeza de esta raza y este país ejemplo de la humanidad, que ha creado genios como Albert Einstein y Sigmund Freud, que ha luchado contra la naturaleza haciendo reverdecer las arenas de un desierto inhóspito, y es la única nación del Medio Oriente donde existe una sólida democracia.
Mi respeto se convirtió en admiración sin límites cuando la Guerra de los Seis Días. Por entonces estaba recién llegado de Isla de Pinos a la prisión de Agüica.
Hay ciertos recuerdos que persisten con una claridad inexplicable como si hubieran sucedido ayer. Jamás olvido una declaración el día antes de iniciarse el conflicto, de Gamal Abdel Nasser, que reprodujo con letras enormes el periódico Granma que casi cubrían su primera página: "Desapareceremos a Israel de la faz de la tierra".
Era una bravata con visos de realidad: Israel se enfrentaba a una coalición formada por Egipto, Jordania, Siria e Irak, y tan solo Egipto situó de inmediato 200,0000 soldados y 1,200 tanques de guerra en la frontera con Israel.
Días antes, el 17 de abril de 1962, Egipto solicitó formalmente a la ONU la retirada de sus fuerzas del área en crisis, y bloqueó el Estrecho de Tiran, lo cual según Israel, contradecía los mandatos de la ONU.
Fueron horas donde el pueblo judío tenía solo dos opciones, defenderse y vencer o desaparecer, y de inmediato inició una guerra relámpago contra los enemigos que la rodeaban. El resto es historia, en el primer día de combate Egipto perdió 286 de sus 420 aviones, 13 bases aéreas y 23 estaciones de radar, mientras que la coalición solo pudo derribar 19 aviones de Israel. Tras horas de furiosa lucha Tel Aviv había ocupado la Península de Sinaí y las Alturas de Golán. Esto jamás lo hubiera logrado sin la ayuda militar técnica e incondicional de los Estados Unidos, y quizás en esta fecha, se inició una solidaridad inexpugnable entre ambos países.
Para que el mundo conozca hechos para muchos inéditos de la criminalidad castrista, al día siguiente de la guerra abierta entre Israel y la coalición árabe, ocurrido a 10,866 kilómetros de distancia de la cárcel de Agüica, y de lo cual no teníamos una gota de responsabilidad, por los micrófonos nos anunció la dirección de prisión que después de tres días de incomunicación los presos podíamos disfrutar de El Patio. Segundos después con una barbarie digna de cerebros enfermos comenzaron a disparar indiscriminadamente contra nosotros. Hablábamos alegremente celebrando la victoria de un aliado Rolando Alzugaray, Ramiro Lorenzo y yo, e inesperadamente Ramiro se desplomó súbitamente con una rodilla destrozada de un balazo.
Ese día entendí que la lucha del preso político cubano estaba indisolublemente ligada a la suerte de Israel.
Cuando salí de la cárcel tuve tres hijos que conjuntamente con mi esposa La China son mi orgullo y mi razón de ser en esta vida, y los mayores, Nicolás Arí y David, son judíos, sumándose al compromiso ideológico la fuerza de sangre.
Porque lo que más rechazo en esta vida es el fanatismo, en ocasiones he sido crítico del gobierno de Israel.
Pero nunca antes como hoy, y tristemente, debo denunciar que el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha incrementado la estúpida lucha entre demócratas y republicanos y visitado los Estados Unidos, en un caso improcedente y torcido, contra la voluntad de un presidente norteamericano, inmiscuyéndose en los asuntos internos de una nación amiga, y ha pronunciando un discurso incendiario en el Congreso diciéndole al gobierno estadounidense cómo debe establecer su política exterior en el caso de Irán, no para beneficio de Washington, ni siquiera de Tel Aviv, sino obedeciendo a los criterios de Benjamín Netanyahu, que lleva 25 años denunciando que Irán solo está a días de tener una bomba atómica, y siempre ha quedado en ridículo.
¿Acaso su desparpajo ultranacionalista se debe a que en dos semanas hay elecciones en Israel y está haciendo ruido para captar los votos del Tea Party israelí? Quizás le resulte.
Advierto que en cuanto a las conversaciones entre Washington e Irán sobre desarme nuclear, desconfío más que Netanyahu de Hasan Rohani. Ni Irán, ni Corea del Norte, ni Cuba, los tres grandes enemigos de Washington, merecen que se les crea ninguna promesa.
Sin embargo, como dijo John F. Kennedy, "hay que poner la esperanza por encima de la experiencia". Y se debe buscar una paz mundial séase en Irán, Corea del Norte, Cuba o Colombia, pero con postulados bien claros, sin ese lenguaje diplomático y sibilino, que deja lo más importante de la negociación sujeto a interpretaciones.
Finalmente, el discurso en el Congreso de Benjamín Netanyahu no fue una falta de respeto al presidente Barack Obama, sino al pueblo de los Estados Unidos.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de marzo de 2015, 1:00 p. m. with the headline "NICOLÁS PÉREZ: La irrespetuosidad de Benjamín Netanyahu."