Opinión

De libertades, miedo y vetos

Bob Ferguson, procurador general del estado de Washington, ofrece una conferencia de prensa en su oficina de Seattle el jueves pasado, después que la corte de apelaciones mantuvo la suspensión de la orden ejecutiva del presidente Donald Trump.
Bob Ferguson, procurador general del estado de Washington, ofrece una conferencia de prensa en su oficina de Seattle el jueves pasado, después que la corte de apelaciones mantuvo la suspensión de la orden ejecutiva del presidente Donald Trump. Getty Images

Ustedes no se imaginan durante los días que estuve fuera del país la cantidad de personas que, sabiendo lo crítico que he sido con el gobierno actual, me preguntaban si yo soy ciudadano americano, y si no temía que me retuvieran en la inmigración del Aeropuerto de Miami.

Nunca antes, ni cuando el presidente George W. Bush, del que también fui muy crítico, alguien en el exterior me había hecho ese tipo de preguntas. Yo contesté a todos que este es un país que respeta la libertad de expresión, de la que una prensa libre es uno de sus mayores baluartes, y que, de ninguna manera, sea cual sea el gobierno de turno, iban a retener a un ciudadano o residente legal en un aeropuerto, porque lo criticara.

No me equivoqué, y una vez mostré mi pasaporte, nadie me preguntó por mis críticas a la administración ni nada relacionado, y aquí estoy en mi rincón de Gables, escribiendo esta columna.

En mi concepto, sea cual sea la ideología detrás del gobierno que lo promueva, el que censure a la prensa o ataque a quienes protesten sus medidas, deja prontamente de llamarse gobierno, para comenzar a ser un régimen. Son los regímenes los que apalean a los manifestantes, los que encarcelan o prohíben la entrada al país de sus críticos, y los que hacen de la nación un escenario de dos únicos bandos: los amigos que están con ellos o los enemigos que están en desacuerdo. Amigo o enemigo. Silencio o cárcel. Sumisión o destierro. Terrorista o cristiano.

No habría peor noticia para la humanidad que los Estados Unidos, uno de los principales estandartes de los derechos humanos y la libertad, se pasara a ese “lado oscuro”, tan tentador por su incalculable poder, tan nefasto por sus incontenibles abusos.

Así mismo, no hay mejor noticia para la democracia que el frenazo que una corte federal del estado de Washington imprimió a la orden ejecutiva sobre inmigración. Los tres jueces de la corte de apelaciones encargados de seguir el caso votaron por no levantar la medida cautelar que pone en pausa la orden, por su posible inconstitucionalidad, lo que demuestra su respeto reverencial a la ley.

Sin embargo, son muy preocupantes las declaraciones del gobierno en respuesta, ya que se sitúa casi en una posición de no hacerse responsable ante un ataque terrorista, sino que pareciera esperar para decir: se los dije. Espero que no sea así, y la respuesta simplemente obedezca al carácter impulsivo del presidente y su cercanía a un teclado y Twitter.

Pero en ese punto es que debemos ser muy cuidadosos. Los gobiernos deben crear ambientes de tranquilidad, no de un miedo que conlleve a las personas a aceptar medidas antidemocráticas, pues eso más que nada, es lo que quieren los terroristas. Y los regímenes.

Me parece que otra razón para el optimismo ha sido el papel de la prensa libre, que viene cumpliendo sin chistar, su papel fundamental en esta democracia: informar sobre lo que está aconteciendo, desenmascarar las mentiras, no dejarse boicotear. Mención especial merece el programa Saturday Night Live, que ha demostrado la importancia de la sátira para encarar al poder. Con razón los dictadores le temen tanto.

Eso sí, el liderazgo republicano en el Senado calló a una colega, Elizabeth Warren, en pleno discurso, porque se oponía al nominado a secretario de Justicia. Si no fuese, hasta ahora, por John McCain y otros pocos valientes, no habría ‘muro’ en esa rama del poder capaz de contener las arbitrariedades y las improvisaciones de este gobierno.

Con razón McCain es un héroe de guerra.

Escritor colombiano.

www.pedrocaviedes.com

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