La libertad nunca morirá (Inumquam dies libertatis)
“Quien ponga su mano sobre mí para gobernarme es un usurpador y un tirano y lo declaro mi enemigo”.
Pierre Joseph Proudhon, anarquista
La libertad nunca morirá a pesar de los esfuerzos hechos a través de la historia para matarla porque es un don divino que nos dio nuestro Creador y nada de lo que él hace puede ser destruido por el ser humano. Las grandes transformaciones de la historia no han sido producto solamente de las ambiciones del hombre, de su avaricia, o de su curiosidad, sino también por el amor a la libertad, a la justicia, y a Dios. Solo así podemos explicar la vida de los santos, los milagros, el sacrificio de los primeros cristianos, y los actos heroicos que a diario hace el hombre por sus semejantes en contra de su propia seguridad.
La civilización es un proceso dinámico y evolutivo que nos muestra su ascenso desde una sociedad primitiva hasta el mundo moderno de hoy. Aceptando su origen divino podemos comprender cómo pudo sobrevivir a las terribles condiciones ambientales y a los peligros que le acechaban. Dios le había dado la facultad de pensar y razonar. Lo doto también del libre albedrío para decidir de acuerdo con su conciencia. Sin lugar a dudas el ser humano fue el favorito del Creador y con mucho trabajo fue descubriendo en la propia naturaleza los elementos necesarios para protegerse de toda la hostilidad que le rodeaba. Después empezó a inventar las cosas que lo harían escalar, poco a poco, grados superiores de civilización. Se fueron multiplicando y agrupando. Era necesario establecer el orden y aparecieron las primeras formas de autoridad. Un día los grupos más numerosos y fuertes decidieron someter a otros más débiles para robarles sus riquezas e imponer su forma de vida. Los vencedores convertían en esclavos a los vencidos, las mujeres eran violadas y el resto de los prisioneros eran vendidos en subasta pública. Para justificar sus crímenes dijeron que eran elegidos por Dios.
Desafiar o poner las creencias de la época en duda era un acto de rebeldía que era pagado con la muerte como en el caso de Sócrates, que fue obligado a suicidarse bebiendo la cicuta bajo la acusación de corromper a la juventud ateniense. Después vinieron Platón, Aristóteles y muchos otros que promovieron la investigación filosófica. El hombre lleno de interrogantes buscaba una respuesta, no solo a su propia existencia, sino a todo lo que lo rodeaba. Los hombres más sensibles estaban muy descontentos con la desigualdad imperante. Empezaron a sonar con una sociedad ideal que representaron en distintas obras literarias como La República de Platón, La Ciudad del Sol de Campanela, La Utopía de Thomas Moore, y La Atlántida de Francis Bacon, para citar algunas.
En el siglo XVIII comenzó la revolución industrial y el fin del feudalismo, que tuvo un impacto social estremecedor. Mientras el mundo avanzaba hacia el progreso a pasos rápidos. Empezaron a f1orecer las ideas liberales. Las plumas más ilustres de la época atacaron a los poderes establecidos. Muchos aristócratas y hombres de fortuna se convirtieron en abanderados de los derechos humanos y en muchos casos fueron acosados, enviados a prisión o condenados a muerte.
El capitalismo brotó con una fuerza incontenible que impuso condiciones infrahumanas a los obreros, en muchos casos, en peores condiciones que las que sufrían los propios esclavos. Esto aterrorizó a la sociedad. El mundo se convulsionó con el parto doloroso del capitalismo y empezaron a renacer las viejas teorías igualitarias, colectivistas y comunistas como un freno para contener su avance. Mientras algunos buscaban modos de controlar la riqueza para distribuirla equitativamente, otros mantenían que la libertad económica y política del hombre era la fuente de la prosperidad. Parecía que las conciencias despertaban al unísono y que una lucha ideológica se iniciaba.
El Contrato Social de Rousseau, El Espíritu de las Leyes de Montesquieu, La Riqueza de las Naciones de Adam Smith, de Mills y el Manifiesto Comunista de Karl Marx, para citar algunos, transformaron el pensamiento de la época.
John Stuart Mills, el padre de los derechos del hombre, escribió en su libro On Liberty:
“Cualquiera que aplaste al individuo es un déspota, no importa como quieran llamarlo”.
La Declaración de Independencia de las Trece Colonias americanas, la Revolución Francesa, la independencia de los países iberoamericanos, y la revolución bolchevique fueron los acontecimientos más importantes que promovieron el pensamiento revolucionario de los siglos XV y XVI
El liberalismo, exaltando la libertad y los derechos del individuo sustentado mayormente por la burguesía chocaron con las teorías socialistas, apoyadas por una gran parte de los intelectuales y filósofos que estaban preocupados por el impacto social del capitalismo. El liberalismo económico de Adam Smith de “dejar hacer” y El Manifiesto Comunista de Marx fueron rechazados por los Papas León XIII y Pío XI, a través de las Encíclicas Rerum Novarum, Cuadragésimo Anno y Divinis Redentoris , que sentaron los principios de la Doctrina Social Cristiana
El premio Nobel de Economía Milton Friedman afirmó: “Una sociedad que coloca la igualdad frente a la libertad terminará sin igualdad y sin libertad”.
Movimiento 30 de Noviembre Frank País.
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de febrero de 2017, 7:05 p. m. with the headline "La libertad nunca morirá (Inumquam dies libertatis)."