Las guerras que se avecinan
Pareciera inevitable escribir sobre Trump. ¿Qué fuerza misteriosa impulsa a los medios a mantener al Presidente como noticia perenne de primera plana? Sabemos que Trump es un experto en publicidad, como siempre lo ha demostrado. Resulta que la fuente de órdenes ejecutivas que brotan sin cesar, parece inagotable. Y desde luego, siempre son noticia, máxime cuando generan tensión con otros países, ocasionan disgusto con el poder judicial, siembran incertidumbre en la comunidad inmigrante, propician divisiones partidistas e, incluso, avizoran guerras comerciales con México y China.
Muchos productos mexicanos se comercializan en EEUU, a saber, agrícolas, semi-terminados y terminados, tales como textiles, calzado, vehículos y repuestos. Evidentemente, EEUU, dedicado al sector servicios y con una decaída manufactura doméstica, no tiene suficientes productos “Made in USA” a precios competitivos para exportar a México. ¿Cómo podríamos disminuir el déficit comercial con México, de unos $49 billones en el 2015? Desde luego, vendiéndole más a ellos. ¿Y cómo logramos eso?
Trump había propuesto un incremento de 35% a las tarifas arancelarias mexicanas. Hoy se habla de un 20%. En teoría, todos los productos mexicanos costarán más en EEUU y consecuentemente su demanda será menor, es decir, dado que ahora se venderán menos productos mexicanos en EUU, ese déficit se compensará; sin embargo, el verdadero propósito no se cumple, que es aumentar las exportaciones norteamericanas a México.
Para financiar el anunciado muro fronterizo EEUU–México, Trump propone tres acciones principales: cobrar más a los buques mexicanos que atraquen en puertos de EEUU, aumentarles el costo de la visa a los diplomáticos mexicanos y elevarle el impuesto a las remesas de dinero que envían los mexicanos a sus familiares. Si a estas tres propuestas le sumamos dos millones de mexicanos que serían deportados, la pregunta que se impone es: ¿De dónde México obtendría los recursos para comprar, ahora más, los productos norteamericanos que se venderían allí?
Tanto la calificadora de riesgos Moody’s como la corredora Merryl Lynch proyectan un decrecimiento de la economía mexicana; de hecho, el peso se devaluó un 10% desde que Trump fue electo presidente.
El efecto de esta devaluación no compensaría el aumento de un 20% en el arancel de importación. Pero sí estimularía más turismo norteamericano a México, o sea, con un peso más barato resultaría mejor hacer turismo en México que dentro de EEUU.
En otras palabras, una guerra comercial con México sería perjudicial a la economía norteamericana, ya que elevaría el precio de muchos productos en EEUU, disminuiría la ganancia de muchas corporaciones norteamericanas propietarias de negocios en México y perjudicaría el turismo interno en EE.UU.
La otra batalla que EEUU puede tener es con China. Esta puede ser aún más costosa y peligrosa que la mexicana. La salida de EEUU del Acuerdo Transpacífico (TPP), abre las puertas de par en par a China para una plena hegemonía de su moneda (Renminbi o Yuan) para el 2020.
En el TPP no estaba incluida China, o sea, los 12 países que conformaban el tratado en ciernes, utilizarían al dólar como moneda oficial de esas transacciones, que involucraban al 30% de la producción mundial. China, a su vez, creó el Acuerdo de Asociación Económica Integral (RCEP), donde no estaba incluido EEUU, es decir, los 16 países que integraban este tratado, podrían utilizar el yuan como su moneda oficial para sus negocios, que envolvían al 40% de la producción mundial.
Actualmente, y cada vez más, China está emitiendo las cartas de crédito bancarias, esenciales para el comercio internacional, con denominación en yuanes. O sea, quien comercie con este instrumento financiero, podrá pagar directamente en yuanes, sin utilizar el dólar. Precisamente, ya es conocido que ahora en más de 70 países, 900 entidades bancarias están haciendo negocios exclusivamente en yuanes.
Los bancos chinos son los más grandes del mundo por depósitos, en términos de valor del mercado y por rentabilidad. Tienen sucursales en casi todo el planeta y utilizan el sistema ATM para extraer efectivo de los cajeros automáticos (léase Bancos de EEUU vs Bancos Chinos, El Nuevo Herald, 17 de mayo de 2015).
Si Trump llegara a hacer realidad la penalización a las importaciones chinas por mantener artificialmente devaluada su moneda, desataría una guerra comercial con ese país. Recordemos que los senadores Chuch Schumer (demócrata) y Lindsey Graham (republicano) han introducido legislaciones al respecto en tres Congresos. El entonces secretario del Tesoro en el 2009, Tim Geithner, no quiso clasificar a China como manipulador de su moneda, pero por vía diplomática insistió en que ellos aumentaran su consumo interno en vez de seguir estimulando sus exportaciones.
Su gestión fue positiva, en vista que el yuan últimamente se ha apreciado un 19%. Así se evita una guerra comercial, que sería fatal toda vez que el Índice de Precios al Consumidor en EEUU se elevaría y los chinos podrían exigir el pago de los bonos en su poder al vencimiento, negando así el refinancimiento de los mismos, lo que pudiera hacer bajar el rating crediticio de EEUU, encareciendo en consecuencia los nuevos préstamos.
Si las órdenes ejecutivas de Trump continúan su ritmo, y sus propuestas económicas llegaran a ser realidad, las guerras económicas con México y China pudieran disparar el costo de la vida en EEUU y convertir al comercio mundial en un caos. Esperemos que estas fatalidades no ocurran.
Economista y periodista.
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Esta historia fue publicada originalmente el 13 de febrero de 2017, 1:48 p. m. with the headline "Las guerras que se avecinan."