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Opinión

La sombra de Rusia planea sobre Trump

La salida de Michael Flynn abre la Caja de Pandora que Donald Trump ha tratado de mantener cerrada. La caja que contiene las respuestas sobre su misteriosa admiración por Vladimir Putin y los contactos de varios de sus asesores con Rusia, que el FBI investiga.

Lo interesante de este drama es que han sido las agencias de inteligencia criticadas por Trump las que han grabado las conversaciones de Flynn con el embajador ruso y las comunicaciones de otros asesores con Moscú, y luego las han filtrado a la prensa que él tanto odia. Prepárese, señor presidente, porque esto sólo ha hecho empezar.

Al igual que en el escándalo Watergate la pregunta clave es ¿qué sabía el presidente y desde cuándo lo sabía? Si quiere despejar dudas –antes de que el fuego se acerque más a su puerta– Trump debe aclarar en un discurso a la nación si autorizó a Flynn a hablar con Sergey Kislyak sobre el posible levantamiento de las sanciones, impuestas por Obama en represalia a la interferencia rusa en la elección. Y clarificar también si estaba al tanto de los vínculos con el Kremlin de sus otros asesores, y del posible intercambio de favores.

Un encubrimiento al estilo Watergate sería catastrófico para Trump y para el país. Mejor que lo esclarezca el propio presidente porque tarde o temprano saldrá a la luz, ya sea porque lo filtren las agencias de espionaje o porque Flynn quiera quitarse la etiqueta de chivo expiatorio y ponerse la de tigre, para defender su reputación.

Y aun suponiendo que Trump no hubiera ordenado los mensajes a Moscú de su hombre de confianza, Flynn, hay hechos incontestables que delatan ocultación: el Departamento de Justicia advirtió a Trump el 26 de enero sobre las conversaciones grabadas y el temor de que el Kremlin pudiera chantajear a Flynn. Sin embargo pasaron 17 días y el presidente no modificó su relación con Flynn, dejándole participar y liderar reuniones confidenciales de seguridad nacional. Sólo pidió su renuncia el lunes 12 de febrero, forzado por las revelaciones del Washington Post.

Esta vez no se atrevió a calificarlas de “noticias falsas”, pero lejos de dar la cara a la gravedad de lo sucedido, Trump ha tratado de zanjar la situación como hace siempre, acusando a otros a través de Twitter: “La verdadera historia aquí es por qué hay tantas filtraciones ilegales saliendo de Washington”. O sea, su preocupación es que se destapen las mentiras de su gobierno.

Cuando alguna aflora, la táctica es echarle rápidamente tierra encima. En el caso de Flynn, tratándolo como si fuera algo aislado, una anomalía, en vez de lo que verdaderamente es: uno de los síntomas de una Casa Blanca caótica, arrogante, plagada de luchas intestinas, que ha instituido como norma “los hechos alternativos”. La mentira disfrazada.

Ni al propio vicepresidente había informado Trump del “caso Flynn”. Mike Pence se enteró como todo el mundo, a través de la prensa. Eso sí, a la hora de buscar una justificación sobre la destitución del asesor de seguridad nacional, usaron a Pence como víctima, aduciendo que Flynn le había mentido y que eso había ido “erosionando” la confianza.

Si Trump piensa que eliminando a Flynn desaparece la sombra negra de Rusia que planea sobre su presidencia, francamente está muy equivocado. El FBI investiga desde hace meses continuas e inexplicables comunicaciones con Moscú de al menos otros tres de sus asesores cercanos, reveladas esta semana por CNN, The Washington Post y The New York Times. Los contactos ocurrieron al tiempo que Trump invitaba públicamente a Rusia a robar los emails de Hillary Clinton, al tiempo que alababa incesantemente a Putin y al tiempo que los hackers del Kremlin saboteaban las elecciones y difundían cientos de noticias falsas para hundir a Clinton.

Pero el clímax del volcán que ha abrasado a Flynn (hasta el momento) ocurrió el 29 y 30 del pasado diciembre. El primero fue el día que Obama impuso las sanciones y expulsó a 35 diplomáticos rusos; y también la fecha en que Flynn habló varias veces con el embajador ruso, y desde Moscú el canciller ruso anunciaba que reciprocarían la medida de Obama expulsando a 35 diplomáticos americanos. Pero el día siguiente Putin repentinamente cambió afirmando que NO tomaría represalias, a la espera de que Trump asumiera la presidencia. Y Trump tuiteó: “Buena decisión. Siempre supe que Putin era inteligente”.

Inmediatamente se dispararon las alarmas en el FBI, la CIA y NSA. ¿A qué se debía el extraño cambio de Putin? Revisando las comunicaciones que sistemáticamente monitorean descubrieron las del diplomático ruso con Flynn. Y así comenzó lo que todavía está muy lejos de acabar. Ahora vienen las investigaciones del Senado, las de un posible fiscal independiente y, por supuesto, las policiales.

Esta, señor Trump, es la verdadera grandeza de América.

Periodista y analista internacional.

Siga a Rosa Townsend en Twitter: @TownsendRosa

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de febrero de 2017, 1:31 p. m. with the headline "La sombra de Rusia planea sobre Trump."

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