Opinión

Trump-Netanyahu: tiempo para la recuperación de viejos aliados

El presidente Donald Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, durante un encuentro en la Oficina Oval de la Casa Blanca el 15 de febrero.
El presidente Donald Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, durante un encuentro en la Oficina Oval de la Casa Blanca el 15 de febrero. AP

Con la visita del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a la Casa Blanca, para departir con el presidente Donald Trump, queda inaugurada de manera oficial una nueva fase entre dos viejos aliados que nunca han rotos sus lazos, pero que necesitaban recuperar la más que buena sintonía que siempre ha habido en las relaciones entre Estados Unidos e Israel.

Para los Estados Unidos, Israel es un socio fundamental en una región como el Medio Oriente donde lleva realizando un tremendo despliegue diplomático en las últimas décadas. Y es más que eso, es la democracia que sirve de faro en esa región donde se ha desatado la destrucción y extremismo, y representa también el deber moral de salvaguardar los cimientos de una nación joven y emprendedora a la que le unen numerosos lazos (culturales, académicos, económicos, sociales).

Para Israel, los Estados Unidos han sido ese hermano mayor protector en quien apoyarse en tiempos difíciles. En resumen, ambos países han demostrado a lo largo de los años la necesidad esta una alianza, que ha sido siempre necesaria en la lucha contra el terrorismo y en la defensa de los valores democráticos.

La anterior administración estadounidense, con el presidente Obama al frente, socavó algunos de los principios de lealtad mutua en los que se fundamenta esta alianza, con la apuesta por reforzar al régimen iraní, aunque éste no haya abandonado su patrocinio de fuerzas terroristas internacionales como Hezbollah ni su retórica belicista contra Israel. Si bien es cierto que Obama dejó su mandato con la mayor ayuda económica de la historia para la defensa de Israel, fueron más que públicos los desencuentros del presidente anterior con el primer ministro Netanyahu.

No sentó nada bien en Israel que Estados Unidos se abstuviera, casi en los minutos de descuento de la legislatura, en una votación del Consejo de Seguridad de la ONU que terminaría por condenar la política israelí en materia de asentamientos. Pese a todos estos tiras y aflojas, lo cierto es que la relación de estos dos aliados históricos ha demostrado ser más sólida que las posibles desavenencias que puedan mantener sus líderes. Al fin y al cabo, éstos son efímeros, pero los lazos que unen a ambos países son duraderos, bien sólidos y perennes.

De vuelta al tiempo presente, Israel se presenta como un aliado necesario para EEUU en la guerra contra el terror. Además de su veteranía y gran destreza en este campo, Israel puede aportar grandes dosis de experiencia en la lucha contra el terror internacional, tal y como viene demostrado durante las últimas décadas. En ese sentido, destacar la actitud de Trump que ya ha demostrado gran interés por unirse a esta lucha global.

Está claro que los retos que se presentan, a corto, medio y largo plazo, no son sencillos. Que Trump reitera su compromiso de trasladar a Jerusalén, la capital de Israel, la embajada de Estados Unidos, es un hecho. Del mismo modo que es un hecho que no será tarea fácil ni un proyecto inmediato. También es un hecho tangible que Trump está decidido a ponerle las cosas más difíciles a Irán. Su administración ya ha advertido al régimen iraní, por activa y por pasiva que no va a tolerar más ensayos balísticos sin que haya consecuencias, y por lo pronto, se están recuperando algunas sanciones que dan un mensaje de fortaleza a la comunidad internacional.

Trump y Netanyahu se han descubierto recíprocamente como dos valiosos socios en los que apoyarse para emprender proyectos de calado global. Pero en clave latinoamericana, eso sí, sería bueno que el israelí sea capaz de trasladar al estadounidense que hay notables diferencias entre el muro proyectado en la frontera mexicana y los muros que ha levantado Israel.

CEO y fundadora de Fuente Latina.

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