Opinión

Sin excusas para no hacer una reforma inmigratoria

Numerosos manifestantes recorren las calles de Los Angeles el 18 de febrero, protestando contra la política de inmigración del presidente Donald Trump y contra las deportaciones.
Numerosos manifestantes recorren las calles de Los Angeles el 18 de febrero, protestando contra la política de inmigración del presidente Donald Trump y contra las deportaciones. Getty Images

El problema inmigratorio es tan antiguo como la historia misma. A menos que sean nómadas como los gitanos, que se mudan constantemente, en la época moderna los seres humanos generalmente pueden tener varios motivos para abandonar su terruño natal.

Muchas veces las personas emigran de países con regímenes totalitarios o de aquellos que están en guerra. Otras veces la emigración viene dada por factores exógenos como trabajos relocalizados en otros países, desempeños diplomáticos, especializaciones profesionales o tratamientos médicos prolongados que requieren permanencia en el exterior.

Lo cierto es que mayormente, el propósito final después de otras consideraciones, es el aspecto económico. Todos los seres humanos, ejerciendo su propio individualismo, pueden tomar la decisión de emigrar. Desde luego, pueden encontrarse que las otras naciones tengan restricciones que entorpezcan ese derecho a la autodeterminación. Pudieran argumentar “el derecho de uno termina donde empieza el de otro”. Normalmente, el tráfico inmigratorio se origina en el sentido de países pobres a países ricos. Y por supuesto, ese tránsito aumenta cuando son países fronterizos como México y EEUU, Bolivia y Argentina o Nicaragua y Costa Rica, por citar solo tres casos.

Ocurre que la mayoría de los inmigrantes al arribar a nuevos destinos, no llevan con ellos precisamente bienes de fortuna. Por el contrario, vienen escapando a situaciones de penuria en sus países de origen. Resulta que los países receptores de inmigrantes, generalmente aducen que los recién llegados consumen recursos tales como hospitales, escuelas, policía y bomberos, restándole oportunidades a residentes habituales del área, encareciendo los servicios y compitiendo de paso con el sector laboral del patio.

En la práctica, se están dando muchos casos actualmente de empresarios agrícolas que han perdido su cosecha porque no han encontrado trabajadores disponibles. Sucede que en estos casos, las redadas de inmigrantes han sido tan frecuentes que espantan a esos trabajadores y ocasionan en consecuencia un repentino aumento en los precios finales que el consumidor tiene que pagar por estos productos. Los norteamericanos simplemente no realizan este tipo de labor, incluso, aunque se les ofrezca un salario que exceda los $15 por hora. Algunos comerciantes recuperan parte de la cosecha pagando exorbitantes jornales, o sea, prefieren perder menos.

Particularmente en EEUU la mayoría de los inmigrantes hispanos, no calificados y sin dominar el idioma, realizan labores agrícolas en zonas suburbanas y oficios variados en zonas urbanas, tales como pintura, jardinería, techos, refrigeración y plomería, principalmente.

En las zonas densamente hispanas, a los propietarios de casas les resulta oneroso pagar los precios que ofrecen las empresas de servicio. Por ello acuden masivamente a los servicios que los inmigrantes prestan a un costo muy inferior. Obviamente, el ahorro familiar por este concepto se traduce en una mayor demanda en otros sectores de la economía, por ejemplo se gasta más en restaurantes.

Las cosas hay que verlas en el contexto real que ellas tienen. Desde ese punto de vista, hay que evaluar también las aportaciones que los inmigrantes hacen a EEUU. La Dra. Jennifer Hunt, ganadora del premio a la mejor investigación macroeconómica en el 2013, encontró que los inmigrantes en EEUU registraron casi el doble de patentes que los nativos norteamericanos para el período 1990-2000. Esto, sin duda, es un aporte real de los inmigrantes.

La Universidad de California en Los Angeles elaboró un estudio en el 2010 donde se determinó que la aprobación del DREAM ACT reduciría el déficit de EEUU en $1.4 billones e incrementaría los ingresos del gobierno en $2.3 billones en los próximos 10 años. También el estudio pronosticó que los estudiantes que fueran beneficiados con esta ley inmigratoria, generarían durante sus carreras ingresos brutos sujetos a impuestos por un valor que oscila entre $1.4 trillones y $3.6 trillones.

Desde hace tiempo se han presentado diferentes proyectos para tratar de regularizar la situación inmigratoria. Por ejemplo, el Nobel de Economía 1992, Gary Becker, planteaba entonces una especie de mercado de inmigración, donde un número determinado de visas se venderían a un precio fijado naturalmente por el mercado. Se proyectaba que EEUU recibiría un mínimo de $12,000 millones anuales por ese concepto.

Desde el 2013 ya estaba en la fase de audiencias en el Senado, una reforma inmigratoria bipartidista auspiciada por ocho senadores. Esta reforma inmigratoria integral fue detenida ya que para procesar el status de inmigrante provisional (RPI), era requisito indispensable haber iniciado un plan de seguridad fronteriza y la construcción de una muralla en la frontera sur.

Según el presidente Trump, el muro EEUU-México será una realidad, conjuntamente con la seguridad fronteriza que ello implica. En vista de lo anterior, nos preguntamos entonces, ¿se hará por fin la tan esperada reforma inmigratoria integral? Creemos que ahora justamente no existen otros pretextos para no hacerla.

Manos a la obra, ¡hagámosla ya!

Economista y periodista.

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