Opinión

El ejemplo de Ricky Martin

Ricky Martin en una foto de archivo. AP
Ricky Martin en una foto de archivo. AP

Ricky Martin acaba de convertirse en el primer artista latino masculino con un espectáculo en Las Vegas. Por esa razón ha estado de promoción en todos los programas de la televisión anglosajona e hispana de Estados Unidos.

Y asombra en esa gira la naturalidad con la que el astro acepta y responde todas las preguntas sobre su vida privada, su familia, su futuro matrimonio con otro hombre, cómo lo conoció, quien cocina, cómo educan a los hijos del cantante. Esta clarísimo que esas preguntas no se las hacen a Jennifer López pero lo que es admirable es como Ricky Martin no demuestra asombro por el casi histérico interés de sus entrevistadores.

Seguramente porque sabe que con su ecuanimidad y elegancia nos permite a muchos latinos compartir su éxito y también observar como su capacidad de ejemplo pasa por temas y circunstancias muy modernas de nuestra evolución. “Sin embargo, siento que en estos tiempos más bien estamos involucionando”, matizó al hablar de los problemas de inmigración.

Hasta para la política tiene un acertado punto de vista. Siempre diplomático. Como panelista de Suelta la Sopa, en Telemundo, pude observar de cerca el exquisito control corporal con el que Martin se sienta ante los entrevistadores.

De inmediato adopta la postura más cómoda. Deja caer anécdotas sobre sus hijos, que son el interés verdadero, lo que los periodistas quieren oír. “Mis hijos son mis peores críticos. Cuando les pregunto si les gusto el show, dicen: papi, ayer me gusto más”. Las mujeres, quizás imbuidas de una camaradería especial, le preguntan sobre su novio y él explica con simpatía que se enamoró de su arte, que lo conoció por Instagram.

Pocos aplauden el inmenso gesto de normalización sobre los derechos de una comunidad que Ricky Martin ejerce. En el fondo, es su objetivo: no poner letras mayúsculas sobre un mensaje que transmite exactamente como lo quiere transmitir: quitándole hierro. Haciéndolo normal. Un mensaje que a él le ha servido para crecer como hombre y como artista.

Es un héroe. Que la mayor parte del tiempo va descalzo, porque no cree en las ataduras, siguiendo su propio guión. Ha conquistado cimas tremendas en el mundo del espectáculo americano. Mega ventas, en inglés y en español.

Ha triunfado en Broadway. Y ahora se residencia en Las Vegas. “Quiero que el espectáculo tenga mucho de mi pero también de las leyendas que quiero reverenciar. Leyendas de Las Vegas, que es su propia leyenda”, me explicó en Suelta la Sopa. “Claro que va haber homenajes a Elvis. Y a Sinatra. Pero también a mí mismo y a Fred Astaire”, concluyó.

En 1997, un mes después de la muerte de Diana de Gales, entrevisté a Martin, en directo para la radio española. Eran los tiempos de “María”, el éxito que hizo bailar a España entera y más de la mitad enamorarse de él.

Él se fijó en que a mis mocasines se les estaban cayendo la plaquita donde venía la marca y me dijo que a él también le gustaban mucho esos zapatos. Lo comentamos en la entrevista y los ejecutivos de la discográfica me miraron con odio, como si estuviera pasando una raya de protección.

Martin, como siempre, salió al quite: “Me gusta mucho la moda, es una demostración de tu personalidad y me encantaría ver el día que un hombre pueda decir tranquilamente que se toma su tiempo en elegir su ropa y cuidar su aspecto”.

Esta semana, felizmente, Ricky Martin me ha hecho sentir que estos veinte años entre una entrevista y otra, por fin son ese día.

Escritor y presentador venezolano.

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