Opinión

ISIS, Trump, Irán y los generales

En un arranque de fanfarronería e idiotez Donald J. Trump declaró durante su campaña presidencial que “sabía más” sobre el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) “que los generales”. Quizás se refería a los generales de la república africana de Burkina Faso porque si nos guiamos por algunas declaraciones que el presidente Trump ha hecho en las primeras semanas de su administración y por ciertos nombramientos claves a su gabinete, podemos llegar a la conclusión de que Trump no se jacta de poseer un mayor conocimiento sobre ISIS que sus generales. Al menos en el ámbito de la estrategia militar es posible que la compleja realidad de gobernar se ha ido imponiendo a las impulsivas ligerezas de una campaña política.

Así, en días recientes, cuando Trump sostuvo una reunión en la base Macdill de Tampa con Joseph Votel del Comando Central y Tony Thomas del Comando de Operaciones Especiales, los generales que dirigen la guerra estadounidense contra ISIS, el presidente les hizo dos preguntas acertadas a Votel y Thomas: “¿Cuáles son nuestros objetivos?” y “¿Cómo ganamos?” Thomas le respondió que respaldaba el cauteloso plan anti-ISIS de Barack Obama, el cual privilegia el papel de las “fuerzas locales” –iraquíes, kurdos, sirios “moderados” y milicias bajo el control de Irán. Según el plan, los efectivos de Estados Unidos les proporcionan a las fuerzas locales asesoría táctica, artillería devastadora, un apoyo aéreo imprescindible y la colección y análisis de inteligencia. Este plan da por sentado que, tras expulsar al califato inmundo de sus centros de poder en Irak y Siria, les corresponderá a esas mismas fuerzas locales pacificar y gobernar los territorios retomados.

Al parecer, el Jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Joseph Dunford, comparte la esencia de la postura de Thomas. Dunford declaró la semana pasada que le presentará al presidente una estrategia para derrotar a ISIS que no es un plan militar como tal pues le asigna más importancia a las armas no militares que a las militares. El arsenal del llamado “poder blando”: sobornos, armamentos psicológicos, culturales, ideológicos y diplomáticos.

Es probable que el presidente rechace la estrategia “blanda” que favorecen los generales Thomas y Dunford. Trump quiere una victoria contundente, “como las de antes” (aunque hay indicios de que el comandante en jefe no está muy claro sobre la naturaleza de dicha victoria). También es probable que la nueva administración esté comenzando a prestarle más atención a Irán que a ISIS. A diferencia de un autotitulado califato en retirada, la república ayatólica representa una verdadera amenaza para el Cercano Oriente y la seguridad de Israel. ¿Por qué?

Porque es innegable que desde la firma del discutible acuerdo nuclear con Estados Unidos y cinco países más Irán se comporta con creciente osadía y agresividad. Por ejemplo, ha realizado pruebas con misiles balísticos de largo alcance que pueden ser armados con ojivas nucleares, una violación de la resolución 2231 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Además, todo indica que Irán pretende convertir a Irak en una satrapía iraní. Tiene bajo su mando a miles de milicianos chíitas que luchan contra ISIS junto a los kurdos y las tropas iraquíes, un componente de las “fuerzas locales” apoyadas por Estados Unidos.

Al mismo tiempo se ha ido intensificado la intervención iraní en Siria. Ha sido decisiva para apuntalar el régimen de Bashir al-Assad. Y con la asistencia de la Rusia putinesca Irán le ha proporcionado misiles sofisticados y armamento pesado al grupo chíita libanés Hezbolá, uno de los principales enemigos de Israel. En la guerra civil siria Hezbolá ha dejado de ser una milicia comarcal. Gracias a Rusia e Irán se ha ido transformando en un ejército curtido e imponente.

Irán también está armando a los houthis de Yemen, un elemento más de su guerra encubierta contra Arabia Saudita y otros deleznables petroestados sunitas. Forma parte de su objetivo estratégico de crear un inmenso territorio chíita dominado por Teherán que se extendería desde Irak hasta las fronteras de Siria y el Líbano con Israel.

Por lo tanto, con bombas atómicas o sin ellas, el éxito de la estrategia iraní constituiría una genuina amenaza para el Estado judío y la futura estabilidad del Cercano Oriente. Entonces, ¿qué harán la Administración Trump y sus generales para enfrentarse a Irán, un enemigo infinitamente más peligroso que ese deteriorado Estado Islámico que hoy obsesiona a la Casa Blanca?

Periodista cubano, ejecutivo de una empresa internética.

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