Con mi dinero, no, señor Presidente
El discurso del presidente Donald Trump al Congreso el pasado 28 de febrero recibió merecidos elogios por el tono sereno que utilizó, y por adherirse casi en su totalidad al texto que le redactaron sus ayudantes para la ocasión. En el caso de cualquier Primer Mandatario estadounidense no hubiera sorprendido, pero en el del poco ortodoxo hombre de negocios, se trataba de un cambio significativo que hizo que muchos se sintieran esperanzados de que en lo adelante Trump se comportaría al fin como un presidente. La ilusión duró poco. Al día siguiente comenzaron los escándalos sobre las conexiones de miembros de su administración con Rusia. Enfurecido, Trump acusó al presidente Obama de haber estado espiando sus comunicaciones telefónicas cuando era candidato. El famoso discurso quedó en el olvido.
Es una vergüenza que el presidente Trump, para distraernos de la realidad creando noticias falsas, haga inculpaciones tan serias contra el presidente Obama, sin datos que las sostengan. También es una pena que el vértigo en que vivimos entre las noticias reales y las inventadas, nos haya llevado a olvidar el contenido del reciente discurso presidencial. Pese a las buenas calificaciones que merezca por la forma en que habló, hay mucho en el contenido de lo expresado que es causa de alarma. Tomemos un solo aspecto. Trump desea aumentar el presupuesto del Departamento de Defensa en $54 mil millones (billones, en inglés) a costa de cortes en el Departamento de Estado, ayuda a otros países y rebajas en otras agencias civiles. Piensa que es la forma que no se perderán más guerras y que los Estados Unidos recobrará el respeto internacional que merece.
Se equivoca, Sr. Presidente. Nadie, en verdad, cuestiona el poderío militar estadounidense que está en una categoría única, superior a la de todos los demás países. Nuestro presupuesto militar en 2015 fue nueve veces el de Rusia, y tres veces el de China. Ninguna de las dificultades que ha enfrentado los Estados Unidos en el último cuarto de siglo se debe a que sus fuerzas militares sean pequeñas o débiles. Pregúntele a Robert Gates, que cuando era secretario de Defensa en 2007, expresó en una conferencia: “Una de las lecciones más importantes de las guerras en Irak y Afganistán es que el éxito militar no es suficiente para ganar”. Consulte con el general David Petraeus, que cuando el periodista Fareed Zakaria le preguntó durante uno de los momentos más difíciles de la guerra en Irak si deseaba disponer de más tropas, contestó: “Desearía que tuviéramos más oficiales en el servicio diplomático (…)” Explicó como el mayor problema era el sectarismo ente chiítas y sunitas, árabes y kurdos. Y añadió: “Necesitamos ayuda con esos temas. De lo contrario estamos en manos de sargentos de 22 años para resolverlos. Son muchachos estupendos, pero no conocen en realidad la historia, el idioma, la política…”
A estas alturas cualquier analista sabe que los adversarios de Estados Unidos no pelean tanque a tanque, nave a nave, soldado a soldado. Las tácticas de las guerras modernas no son simétricas. Sus armas son el terrorismo y el mundo cibernético. No hay forma de justificar asignarle más dinero al Pentágono, la burocracia más grande del mundo, que según un informe reciente poco discutido, podría ahorrar $125 mil millones de dólares en cinco años si eliminara las muchas operaciones ineficientes de sus 3 millones de empleados. A Gates le gustaba decir con ironía: “Tenemos más personas en las bandas de música militares que oficiales en el cuerpo diplomático”. No le faltaba razón. Hay solo 13,000 empleados en todo el servicio diplomático comparado con 742,000 civiles en el Departamento de Defensa.
¿Por qué? Existen intereses creados, compañías grandes y millonarios para quienes construir armamentos es un negocio redondo. ¿Estarán Trump y sus amigos entre ellos? Imposible saberlo con la poco transparencia que ha habido sobre las finanzas del nuevo presidente. Otra vergüenza.
Somos nosotros, los que pagamos impuestos, los que financiamos el presupuesto nacional. Después de los gastos para la salud y la seguridad social, el renglón mayor es Defensa, dieciséis centavos de cada dólar, en comparación con 3 centavos para educación. ¿Cómo se mide el valor de un arsenal de misiles en comparación con una población bien instruida?
Con mi dinero, no, Sr. Presidente. No necesitamos más armas, sino formas más inteligentes de actuar en el mundo y en el país. Claro, quizás usted no me entienda…
Escritora y periodista cubana.
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de marzo de 2017, 3:24 p. m. with the headline "Con mi dinero, no, señor Presidente."