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Opinión

Las matrioshkas de Trump

El Presidente Donald Trump en una reunión en Washington, D.C., el martes 7 de marzo de 2017.
El Presidente Donald Trump en una reunión en Washington, D.C., el martes 7 de marzo de 2017. TNS

Como las matrioshkas, esas muñequitas rusas que en su interior esconden otras muñequitas, de uno por uno, y poco a poco, importantes miembros del equipo de Donald Trump han tenido que confesar, bajo interrogatorio, que ocultaron haberse reunido con el embajador ruso en Estados Unidos Sergei Kislyak previo a la elección de noviembre.

Primero fue el consejero de seguridad nacional, el general Michael Flynn, quien se entrevistó con el embajador ruso en diciembre justo cuando el presidente Barak Obama estaba preparando las sanciones contra Rusia por su intromisión en la campaña electoral estadounidense.

Los servicios de inteligencia norteamericanos habían concluido que el Kremlin había puesto en marcha una gran operación para “ayudar a Trump desacreditando a la demócrata Hillary Clinton”, filtrando el material al mercenario Julian Assange para su difusión.

En la conversación grabada por los servicios de inteligencia estadounidenses se oye a Flynn sugiriéndole a Kislyak que su país moderara su respuesta a Obama, y dándole a entender que una vez que Trump asuma la presidencia se arreglaría el asunto. Putin entendió el mensaje y anunció que no tomaría represalias contra EEUU.

Flynn fue despedido de su puesto pero no por su indebida conducta sino por haber engañado al vicepresidente Mike Pence diciéndole que no había hablado con Kislyak.

Luego fue Jeff Sessions, quien durante las audiencias de confirmación a su puesto de Procurador de Justicia mintió bajo juramento cuando dijo que él nunca había tenido comunicación con los rusos. Y luego se supo que sí se había reunido con Kislyak.

Ahora se sabe que Jared Kushner, el yerno de Trump, quien se desempeña como consejero de su suegro el presidente, también estuvo en una de las sesiones de Flynn con el embajador ruso.

Sessions ya se recusó de la investigación sobre la intervención rusa en la elección pero la batalla para removerlo del puesto apenas comienza. De la presencia del yerno en la reunión no se sabe si tendrá consecuencias pero es muy poco probable que las tenga.

En todo caso, lo evidente es que desde las más altas esferas de la Casa Blanca hay una relación fuerte con Rusia pero no se sabe por qué.

De Paul Manafort, quien fuera el director de campaña de Trump, sabemos que se comunicaba constantemente con uno de sus asociados en Rusia que está siendo investigado porque se presume que es un espía soviético. Otros dos miembros de la campaña de Trump tuvieron reuniones con agentes del gobierno ruso.

Es probable que todas estas reuniones no hayan sido sino protocolarias, lo que no se justifica es el intento por ocultarlas. ¿Por qué mentir sobre algo rutinario e inocente?

Podría ser también que la enconada defensa que Trump ha hecho de Putin se deba a que el macho de Nueva York siente verdadera admiración por el macho ruso. O puede ser que, en efecto, los rusos tengan materiales comprometedores sobre la conducta de Trump durante sus visitas a Rusia cuando era solamente un hombre de negocios, como sugiere el informe de Christopher Steele, el ex miembro del Servicio de Inteligencia Secreto británico M16. Varios periódicos internacionales, entre ellos The Independent de Londres, han informado que congresistas republicanos y demócratas están concertando una reunión con Steele para averiguar más sobre las revelaciones de dicho informe.

Lo que es un hecho es que tal y como lo han manifestado las agencias de inteligencia estadounidenses, el gobierno ruso sí intervino en la elección presidencial norteamericana para desprestigiar la candidatura de Hillary Clinton. Lo que todavía no sabemos es si los operadores de Trump cooperaron con los rusos en la campaña de difamación.

Otro hecho irrefutable es que Putin quiere desestabilizar a las democracias de Occidente, de ahí su apoyo inicial a Trump y su campaña contra Hillary; su simpatía por Marine Le Pen en Francia, y sus intentos desestabilizadores en Alemania contra la canciller Angela Merkel.

Al interior de EEUU el debate actual se centra en la mentira. El problema actual es qué hacer con Sessions pues el crimen que se le imputa es haber mentido bajo juramento. Curiosa distinción dado que Trump miente por sistema aunque debo reconocer que en su caso, antes de mentir nunca jura decir la verdad.

Periodista de Los Angeles. Escribe sobre temas políticos en varios periódicos en las Américas. Síguelo en Medium.com/@MunozBata

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de marzo de 2017, 3:12 a. m. with the headline "Las matrioshkas de Trump."

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