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Opinión

Artistas en la penumbra

Si alguna persona interesada en conocer los desmanes históricos del comunismo quiere saber dónde se origina la historia que valientemente el director cubano Carlos Lechuga ha narrado, en su filme Santa y Andrés, no debe dejar de ver la gloriosa despedida del patriarca del cine polaco Andrzej Wajda titulada Afterimage.

Si no pudo ver ninguno de los dos filmes mencionados durante el Festival de Cine de Miami, que termina el domingo, esté atento a la cartelera del Teatro Tower, del Miami Dade College, donde serán proyectados en las próximas semanas.

El filme de Wajda, fallecido en octubre del año pasado a los 90 años, narra las vicisitudes sufridas por el famoso pintor constructivista Wladyslaw Strzeminski, durante 1952, quien se codeara con Kandinsky, Malevich y Chagall, entre otros grandes del arte, y no considerara escapar cuando el estalinismo comenzó a diezmar la vanguardia cultural de Polonia, algo que tampoco hizo el cineasta, por cierto.

Veterano de la Primera Guerra Mundial, el pintor y teórico, además de ser fundador de la Academia de Arte de Lodz, donde ejerciera la docencia con mucho éxito, había perdido una pierna y un brazo durante la conflagración y desde entonces estuvo comprometido con el destino social y artístico de su país.

En una escena memorable que habla por sí sola, lo vemos pintando en el suelo de su apartamento, como solía hacerlo, y tanto el lienzo como la habitación se tiñen de rojo porque en la fachada de su edificio la luz exterior ha sido interrumpida por una gran tela con la efigie de Stalin. Al asomarse a la ventana y romper con su muleta parte de la propaganda socialista, pensando que podía ejercer algo de libertad personal, sellaba su destino con las nuevas autoridades.

Wajda desembaraza su película de todo sentimentalismo y melodrama. La caída en desgracia de Strzeminski avanza en viñetas estremecedoras por su malevolencia y frialdad. La policía política trata de hacerlo entrar en razones mediante una persuasión burda. Su forma de pintar e interpretar el arte es decadente y no cabe en el reino recién inaugurado del llamado realismo socialista. Tiene que escoger de qué lado colocarse.

Durante una reunión se atreve a contradecir al ministro de cultura y es luego ese funcionario el que le desea que un tren le pase por arriba. A partir de ahí lo expulsan de su trabajo, le desmontan sus obras en el museo que ayudó a fundar, y hasta pierde la libreta de racionamiento para que muera de hambre.

En Santa y Andrés, el escritor protagonista ha sido despojado de sus derechos y vive en la indigencia. Pudiera pensarse que alguna vez cifró sus esperanzas en la utopía que rápidamente devino feroz dictadura, como le ocurrió al pintor polaco, pero Lechuga lo muestra ya acorralado como René Ariza, Delfin Prats, Guillermo Rosales o Reinaldo Arenas, sin ninguna otra alternativa que escapar si la oportunidad se presenta.

Tanto Wajda como Lechuga abundan en el enfrentamiento desigual del aparato represivo gubernamental contra el individuo y sus funestas consecuencias cuando no media la justicia.

El admirado director polaco se abrió paso con una filmografía que ya es referencia para futuras generaciones y se erige en el pedestal de su cultura por no haber cedido a la represión y a las indignas tentaciones de acomodamiento o chantaje, con las que suelen operar estos regímenes en busca de adeptos.

Afterimage es pase de cuenta y pasado porque se relata desde la libertad, mientras Santa y Andrés regresa al pasado para hablar de la persistencia devastadora de la falta de libertad en Cuba.

Crítico y periodista cultural.

Esta historia fue publicada originalmente el 8 de marzo de 2017, 5:52 a. m. with the headline "Artistas en la penumbra."

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