Realidades entrelazadas, la CIA y WikiLeaks
Este es un titular impresionante: “La CIA ha perdido el control de su arsenal de armas cibernéticas”. Lo produjo esta semana el famoso hacker Julian Assange, refiriéndose a una nueva revelación de Wikileaks. En ésta se expuso una supuesta estrategia de espionaje de la CIA, que incluía entrar al WhatsApp de las personas y hasta a sus televisores inteligentes. Aparte de que Assange parece totalmente encarnizado con los Estados Unidos, y que su sitio jamás revela ninguna de las atrocidades cometidas por los chinos o los rusos y otros regímenes de tipo dictatorial, lo de que exista todo un “arsenal de armas cibernéticas” me parece muy en concordancia con la era que vivimos.
A pesar de que al final todo indica que las revelaciones de Assange buscaban más publicidad que otra cosa, y que lo que, supuestamente, revela, ya era conocido por muchos expertos, lo de que exista un arsenal de este tipo de armas sí que es muy diciente.
Esta es una era en la que un gran porcentaje de la población vive atada a Internet y gran parte de su vida pasa por la red. Incluso cuando no se trata de quienes se pasan la vida pegados a las redes sociales en sus teléfonos o laptops, mucho de lo que sucede afuera, en la realidad que no es virtual (ya hay que aclararlo), se entreteje online.
Es así como los restaurantes, hoteles y bares que visitamos, primero son chequeados en los sitios donde sus visitantes los califican. Y si necesitamos llegar a una dirección desconocida, la buscamos en una de las aplicaciones de mapas. Y si queremos viajar buscamos las mejores ofertas en la web, o para saber qué tan bueno es un doctor o un entrenador o cualquier persona que preste un servicio. Y también convenimos citas de tipo romántico o sociales. Y leemos noticias. Y alquilamos películas o compramos libros, entre tantas otras actividades para las que antes necesitábamos de la presencia física de otro (al menos siquiera de su voz), para poder conseguir lo que queríamos.
Eso, digamos, en cuanto a lo social. Pero en otro aspecto el funcionamiento de los países, sus redes eléctricas, su infraestructura vial, sus aeropuertos, sus instituciones de gobierno, bancos, compañías de construcción y resto de empresa privada, dependen totalmente de la red. Entonces, un ataque masivo a Internet, ¿no tendría las mismas consecuencias apocalípticas que una guerra nuclear (obviamente sin la devastación que genera la segunda)?
Yo creo que sí. Y estoy de acuerdo con las agencias de seguridad, porque no solo se protegen ya de ataques físicos, sino de ataques virtuales. Las agencias de espionaje, que yo sepa, siempre han espiado. Mientras lo hagan de acuerdo a los mecanismos que obliga la ley, no veo por qué ha indignarme más que me lean mis mensajes de WhatsApp a que, como hacían antiguamente, introduzcan un micrófono en mi casa. Me indignaría cualquiera de las dos, pero porque yo no soy un criminal, ni he dado motivos para que nadie me vigile.
Esos que espían a los otros sin motivo alguno. Esos que se inmiscuyen en las vidas de los otros sin tener una razón válida ante la ley, lo hacen sin importarles el cómo. Me refiero a los de la clase de los dictadores Castro en Cuba, de los Maduro en Venezuela, de Vladimir Putin en Rusia o el gobierno unipartidista de China.
Claro, ante gente así, asesinos a sangre fría muchos, el cobarde de Assange calla.
Entretanto, felicito al ex presidente Obama. Con el mes de febrero pasado, ya van 78 meses seguidos de creación de empleo gracias a sus políticas.
Ojalá que el presidente actual consiga algo parecido.
Escritor colombiano.
www.pedrocaviedes.com
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de marzo de 2017, 4:13 p. m. with the headline "Realidades entrelazadas, la CIA y WikiLeaks."