Opinión

Respetemos la Primera Enmienda

Nunca he podido olvidar la palabra Skokie, ciudad en el estado de Illinois que me enseñó a mí lo importante que es para el pueblo estadounidense la Primera Enmienda a la Constitución.

Esa enmienda es la que da el derecho a la libertad de expresión, y en este caso es una libertad de expresión que permite todo tipo de expresión, incluso aquella que va contra los principios de la democracia estadounidense.

Eso lo aprendí y quedó grabado en mi memoria hace 40 años cuando el Partido Socialista y Nacionalista de América decidió hacer una marcha en Skokie, una ciudad donde un alto número de sus residentes habrían sobrevivido los campos de concentración nazis en la Segunda Guerra Mundial.

Los manifestantes, un grupo neo-nazi, no solamente querían marchar en esa ciudad, sino que querían hacerlo portando la infame svástica, símbolo de los partidarios de Adolfo Hitler, los cuales querían matar a todos los judíos de Europa.

Ahí fue donde aprendí el verdadero significado de los que significa para los americanos la Primera Enmienda de la Constitución.

En esa instancia las autoridades de Chicago exigieron al grupo de manifestantes que depositaran $350,000 en seguros por si la marcha ocasionaba pérdidas. Y lo que es más importante: les prohibió a los manifestantes portar la svástica. Las autoridades explicaron que el portar dicho símbolo podría incitar a la violencia y esto era más importante que garantizar los derechos otorgados en los Estados Unidos a la libre expresión en todas sus formas.

Muchos profesores de derecho argumentaron que el portar la svástica “es un símbolo de unos de los movimientos más destructivos en la historia. La svástica representa la destrucción y muerte de muchos seres humanos. Eso no es un derecho protegido por la Constitución americana”.

Los primeros tribunales dictaron que los neo-nazis podían marchar pero no portar la svástica en sus manifestaciones. Pero ya para enero de 1978 el Tribunal Supremo de Illinois dictaminó que la marcha –inclusive el uso de la svástica– eran protegidos por la primera enmienda. En febrero un tribunal federal llegó más lejos al decir que las ordenanzas municipales que prohibían dichas marchas eran inconstitucionales.

Ahora saltemos 40 años a los primeros días del presidente Donald Trump en la Casa Blanca.

En el más reciente descanso del Congreso de los Estados Unidos, muchos congresistas y senadores republicanos decidieron dar actos públicos para explicarle a sus seguidores las ideas que Trump presentaba y los que ellos como representantes del poder legislativo pensaban hacer.

Fueron más de 10 o 12 de estos actos celebrados por legisladores republicanos. Y en todos se encontraron con dos o tres docenas de personas (probablemente demócratas) opuestas al gobierno de Trump, que con gritos y consignas interrumpieron la mayoría de estos actos.

Los que protestaban y gritaban en contra de los congresistas republicanos tienen el derecho a expresar sus opiniones, pero de ninguna manera tienen el derecho de impedir que otros expresen sus opiniones.

El derecho a la libertad de expresión es sagrado para todos y el impedir que un grupo exprese sus ideales es una violación de la Primera Enmienda de la Constitución.

Los oponentes a las ideas de los congresistas republicanos tienen el derecho a celebrar sus propios actos pero no así al impedir que otros expresen sus opiniones.

Me llama la atención que los más importantes medios de prensa en los Estados Unidos, que tanto dependen de la libertad de expresión, no hayan expresado su rechazo a los que le impiden la libertad de expresión de otros.

Eso es peligroso. La libertad de expresión es uno de los pilares más importantes de una democracia. Sin ella no puede existir una verdadera democracia.

Periodista cubanoamericano.

Guimar123@gmail.com

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