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Opinión

El ‘reino ermitaño’ es el país más peligroso del planeta

​En estos momentos ni China ni Irán ni el terrorismo islámico representan las mayores amenazas a la seguridad de Estados Unidos. Esa distinción tenebrosa le toca al gobierno de Corea del Norte, el régimen más represivo del planeta. Este “reino ermitaño” dispone de un arsenal atómico controlado por Kim Jong-un, un déspota endiosado, asesino e imprevisible cuya visión del mundo justifica la estrategia de asestarles a Corea del Sur y Estados Unidos un primer golpe con armas nucleares.

Heredero del régimen fundado por su abuelo estalinista, desde el parvulario sus preceptores le han inculcado a Kim una visión paranoide del mundo exterior basada en falsedades patentes entre las que descuellan los supuestos planes de conquista del abominable imperialismo estadounidense y su “empobrecida” colonia de Corea del Sur. Todo indica que este fofo treinteañero se ha ido consolidando como el indiscutible jefe máximo de las instituciones claves de su país. Así, su rápida evolución invierte el conocido aforismo de Karl Marx pues si bien es cierto que Kim ascendió al trono como el protagonista de una farsa totalitaria, ahora se proyecta como el autor de una gran tragedia en potencia: una guerra nuclear que se sumaría a la asoladora tragedia sin fin que los coreanos del norte han sufrido por más de seis décadas.

Kim Il Sung, el divinizado abuelo de Kim Jong-un, tomó la determinación de desarrollar armas nucleares cuando el fundador de Corea del Norte dejó de confiar en la protección de China y la Unión Soviética frente a una posible invasión de Estados Unidos. Para Kim Il Sung y su hijo Kim Jong Il, la bomba atómica constituía una necesidad existencial.

En el 2006 Corea del Norte anunció que había realizado la prueba exitosa de una bomba atómica. Un año después el régimen afirmó que tenía armas nucleares. Desde su coronación en el 2011 Kim Jong-un ha acelerado el desarrollo del arsenal nuclear y los misiles balísticos de su país haciendo caso omiso de múltiples sanciones de Naciones Unidos. El año pasado declaró que había realizado la prueba exitosa de una bomba de hidrógeno, aunque hay razones de sobra para cuestionar la veracidad de la declaración. Pero sí existen abundantes evidencias de que en septiembre del 2016 el “reino ermitaño” realizó ensayos con un potente artefacto nuclear. Y también es innegable que a partir del triunfo de Donald J. Trump, Pyongyang ha lanzado varios misiles de alcance intermedio. Alega que son una respuesta a los “agresivos” ejercicios militares conjuntos de EEUU y Corea del Sur, donde siguen acantonados más de 30,000 efectivos estadounidenses.

La semana pasada el secretario de Estado, Rex Tillerson, viajó a China, Japón y Corea del Sur, entre otras cosas, para discutir la elaboración de una estrategia colectiva de cara a Corea del Norte. Lo hizo consciente de que, hasta ahora, las tentativas diplomáticas han sido inútiles. El secretario sabe que entre el 2000 y el 2007 las administraciones de Clinton y Bush (junto con los gobiernos de Corea del Sur, Rusia, China y China) fracasaron totalmente en sus intentos de persuadir a Corea del Norte a que abandonara el desarrollo de armas nucleares a cambio de cuantiosa ayuda económica.

El presidente Trump ha insinuado que si les da la gana los chinos pudiesen controlar a Kim Jong-un, pero pienso que el presidente se equivoca. El fofo paranoide se ha pasado por la entrepierna los leves regaños de una China que, al parecer, tiene poca influencia sobre la estrategia nuclear del gobierno norcoreano. La prioridad de China es evitar el colapso del “reino ermitaño”.

Entonces, ¿qué debe hacer Estados Unidos? De momento puede considerar el lanzamiento de ciberataques contra la infraestructura informática del arsenal nuclear de Kim al tiempo que instala en Japón y Corea del Sur un llamado BPI de última generación capaz de interceptar los misiles de la Corea comunista en su fase de propulsión. El BPI complementaría el sistema de radares sofisticados y misiles defensivos que EEUU ya está instalando en Corea del Sur, el THAAD (por sus siglas en inglés). Lamentablemente, Rusia y China lo han denunciado como una burda “provocación” sin ofrecer una sola opción viable y constructiva para neutralizar a Kim Jong-un y su empeño de iniciar la primera guerra nuclear de la historia, una insólita catástrofe cuyas repercusiones serían de una magnitud incalculable.

Periodista cubano, ejecutivo de una empresa internética.

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de marzo de 2017, 6:46 a. m. with the headline "El ‘reino ermitaño’ es el país más peligroso del planeta."

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