El salón de té Embassy
Madrid, la capital de España, está, como siempre, agitadísima porque entre todas las cosas que suceden, que si el rey anterior, Don Juan Carlos, fue espiado por los servicios de inteligencia de su propio país con respecto a sus relaciones amorosas fuera de su matrimonio o que el gobierno pierde sintonía con sus colaboradores, lo que de verdad mantiene en vilo a los españoles es el posible cierre de Embassy, el mítico salón de té que durante la 2da Segunda Guerra Mundial reunía a alemanes con ingleses para saborear su ya legendario pastel de limón.
En efecto, hubo un lugar en la convulsa Europa en la que esa inaudita situación pasaba: enemigos enfrentados en la guerra sucumbían ante un dulce y una taza de té en una Madrid que a su vez intentaba cicatrizar las terribles heridas de su propia guerra. Desde entonces, existen todo tipo de leyendas sobre ese salón. Que si su sótano estaba lleno de judíos de otros países que llegaban a Madrid para luego escapar del exterminio nazi o que importantes secretos de guerra pasaban de mano en mano y de espía a espía. En la mañana que visité Embassy en mi reciente viaje a Madrid, el ambiente no podía ser más fascinante. A causa del anuncio del cierre, las vecinas, los intelectuales que ahí se reúnen, trendsetters, fashionistas, turistas, columnistas y blogueristas se reunieron dentro del local para manifestarse mientras bebían el celebre coctel de champagne, degustaban sus sándwiches de miga y saboreaban su ensaladilla al grito de ¡No Al Cierre, No acabemos con la Historia! Las encargadas del local atendían a la prensa con magníficos peinados de alta peluquería y expresaban su desconcierto. “A unas les han dado carta de despedida y a otras que nos quedamos pero hasta el 24 de marzo no sabremos qué va a pasar con el local. Es una vergüenza que Madrid no tenga respeto por los sitios que son la viva historia de España”, me comentó una de ellas.
Puede ser cierto: en una ciudad europea, que en realidad es más joven que algunas ciudades de América, la aplanadora inmobiliaria no respeta nada. Vienen nuevos dueños en un local y lo erradican del todo pese a que sus ciudadanos tengan fuertes vínculos sentimentales con el sitio y hasta su personal. Pero el extraordinario sentido de humor de los españoles y sobre todo los madrileños, todo lo salva. Es muy probable que gracias a esta inusitada manifestación en las puertas de Embassy, el llamado salón de té de los espías, gane de nuevo una guerra más.
El que parece haber perdido la guerra contra la intromisión en su intimidad es el rey Juan Carlos, el ahora Rey Emérito tras su abdicación en el 2014, que al dejar de ser el jefe de estado, todos los medios de comunicación del país airean casi todos los detalles de su abultada vida extramarital. El ex rey fue cambiando de tipo de amante durante los años que ostentó la más alta jefatura de poder. Empezó con una actriz y vedette, Bárbara Rey, que aún conserva su abrasiva belleza, y siguió con una exquisita dama de la alta sociedad de Palma De Mallorca, para culminar con la princesa Corinna Zu Witzgentein, que tiene la misma edad que una de sus hijas pero es un as en las finanzas y asesora tanto a la familia real monegasca como la saudí en muchas de sus inversiones. Los españoles comentan que les cae bien la idea de un monarca de agitada vida sentimental pero no ven con tanto agrado que la última de ellas pudiera haberse lucrado con dinero público. Pero lo que más les asombra es que los servicios secretos espiaran a su propio jefe. Ojalá Embassy no cierre para que podamos seguir discutiendo todas esas cosas de reyes, amantes y finanzas.
Escritor y presentador venezolano.
Esta historia fue publicada originalmente el 18 de marzo de 2017, 3:45 p. m. with the headline "El salón de té Embassy."