STEFAN M. SELIG y CHARLES H. RIVKIN: Las exportaciones de cara al 2030
Hace poco tuvimos la oportunidad de reunirnos con dirigentes empresariales en Miami y de exponer los motivos por los que consideramos que las exportaciones generan empleos bien remunerados, fomentan el crecimiento económico y permiten que las empresas de la zona metropolitana y del estado lleguen al 95% de los consumidores que viven fuera de nuestras fronteras.
Pero probablemente el argumento más convincente a favor del aumento de las exportaciones sea la necesidad de responder a la economía mundial, que está cambiando drásticamente.
La evolución de la economía mundial actual se ve impulsada por tres tendencias diferenciadas, que convergirán entre hoy y el año 2030, para crear un mercado que nos exigirá ampliar considerablemente nuestra presencia en materia de exportaciones.
En primer lugar, entre hoy y el año 2030, seremos testigos de una enorme explosión de la demanda mundial.
La clase media en el mundo entero alcanzará los 4,900 millones en los próximos 15 años (de 1,800 millones en 2009) según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. La mayoría de esa clase media estará en la región Asia Pacífico, con 2,700 millones de consumidores.
Si bien durante ese período aumentará el número de consumidores de clase media de América del Norte, su proporción mundial descenderá al 10% del 26% registrado en 2009, según la Brookings Institution.
Teniendo en cuenta esta realidad, las empresas estadounidenses se verán obligadas a ofrecer sus productos a más consumidores del ámbito mundial para seguir siendo competitivas. Necesitarán acuerdos comerciales para asegurarse el acceso al mercado e igualdad de condiciones.
Y puesto que el dólar fuerte elevará el costo de nuestros bienes y servicios, los acuerdos comerciales serán esenciales para eliminar aranceles y subvenciones, así como para garantizar la competitividad de los precios de nuestras exportaciones.
Esto incluye el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), en virtud del cual las empresas, en particular pequeñas y medianas empresas, podrán llegar a los consumidores de 11 naciones de la región Asia Pacífico. (Los mercados de los socios del TPP en la actualidad ya representan el 40% del PIB mundial).
En segundo lugar, entre hoy y el año 2030, seremos testigos de un drástico aumento del consumo de energía.
Se prevé que la demanda de energía mundial aumentará hasta un 35%, de acuerdo con el informe New Climate Economy de la Comisión Mundial sobre la Economía y el Clima. Se calcula que la inversión del sector privado en materia de energía renovable para satisfacer esa demanda alcanzará los $7 billones entre hoy y el año 2030.
Esta demanda mayor generará un mercado sin precedentes para nuestras exportaciones de energía, incluida nuestra tecnología de punta en materia de energía renovable (como, por ejemplo, eólica, solar y geotérmica). Los acuerdos comerciales eliminarán las barreras a nuestras exportaciones de energía limpia, que serán esenciales tanto para nuestras empresas como para reducir las emisiones de carbono.
En tercer lugar, entre hoy y el año 2030, esperamos ver un drástico crecimiento en la fabricación con técnicas avanzadas como consecuencia de la economía digital.
En ámbitos desde la externalización masiva hasta la impresión tridimensional, los fabricantes estadounidenses podrán introducir sus productos en el mercado con mayor facilidad y rapidez y a un menor costo que nunca. El aumento de las exportaciones creará nuevas salidas comerciales para dar cabida a esta oferta al tiempo que se controla el exceso de existencias.
Estados Unidos no puede esperar hasta 2030 para adaptarse a estas tendencias.
Tampoco puede hacerlo Florida, dado que el 95% de sus exportadores son pequeñas y medianas empresas (aproximadamente 59,000 compañías) y las exportaciones generan casi 275,000 puestos de trabajo en el estado.
Tampoco puede hacerlo la zona metropolitana de Miami, donde se realizan el 67% de las exportaciones del estado, lo que representa aproximadamente $41,000 millones en mercancías de exportación transportadas.
Estos son los motivos por los que el Congreso debería aprobar legislación en materia de promoción del comercio internacional, como ha solicitado el Presidente.
Las leyes de promoción del comercio internacional garantizan que los acuerdos comerciales negociados con éxito no sean objeto de enmiendas cuando se presentan al Congreso para la votación final. Esto les daría a los socios comerciales de Estados Unidos la confianza necesaria para poner sus ofertas finales sobre la mesa. Y les otorgaría a nuestros negociadores la competencia para lograr el mejor acuerdo posible para las empresas y los trabajadores estadounidenses.
Esta legislación también faculta al Congreso a determinar las prioridades del gobierno y los objetivos que este debe procurar alcanzar al iniciar negociaciones comerciales. Esto garantizará que todo acuerdo incluya pautas exigentes que promuevan los valores que deberían definir el comercio mundial del siglo XXI: salarios justos, lugares de trabajo seguros y protección del medio ambiente.
La legislación en materia de promoción del comercio internacional ha catalizado los tratados de libre comercio que han contribuido a generar los 11.7 millones de empleos en el sector de las exportaciones que hay en Estados Unidos en la actualidad, cuyos salarios –sabemos– son del 13 al 18% más altos que los salarios de empleos de otros sectores.
Las leyes de promoción del comercio internacional siempre han contado con amplio apoyo bipartidista, y el Congreso ha aprobado medidas de esta índole de cada presidente, haya sido republicano o demócrata, entre 1934 y 2007.
Ya sea para hacer frente a la Gran Depresión de los años treinta o al auge de las economías emergentes y en desarrollo, de este modo se les ha brindado a los presidentes un recurso fundamental para adaptarse ante los importantes retos de sus tiempos.
Estos son los motivos por los que el Congreso debe aprobar esta legislación y debe brindarle al presidente Obama un recurso fundamental para ayudar al país a adaptarse a la nueva economía mundial, que será prácticamente irreconocible dentro de 15 años, y a crear las condiciones propicias para mantener la prosperidad de las generaciones futuras.
Stefan M. Selig es subsecretario de Estado de Comercio para el Comercio Internacional. Charles H. Rivkin es secretario de Estado auxiliar para Asuntos Económicos y Empresariales.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de marzo de 2015, 1:00 p. m. with the headline "STEFAN M. SELIG y CHARLES H. RIVKIN: Las exportaciones de cara al 2030."