La carrera no ha terminado
Una escena de la célebre película de 1959 Ben-Hur es quizás la mejor ilustración de la derrota electoral demócrata el pasado noviembre, y la renuencia del partido en aceptarla. Messala (Stephen Boyd) yace moribundo después de resultar perdedor en la carrera de cuadrigas y pide que traigan ante él a Judah Ben-Hur (Charlton Heston) que resultó ganador. El orgullo de Messala lo ha hecho rehusar que le amputen las piernas para salvar su vida; él quiere recibir a Ben-Hur, entero. A continuación el diálogo:
Messala: Triunfo completo, Judah. La carrera ganada. El enemigo destruido.
Ben-Hur: No veo a ningún enemigo.
Messala: ¿Qué ves? ¡El cuerpo destrozado de un desgraciado animal! ¿Queda todavía aquí suficiente de un hombre para que odies? Déjame ayudarte… Crees que están muertas. Tu madre y tu hermana. Muertas. Y la carrera terminada. No ha terminado, Judah. No están muertas.
Ben-Hur: ¿Donde están? ¿Donde están? (Gritando) ¿Dónde están?
Messala: (vengativo) Búscalas en el Valle de los Leprosos, si todavía las puedes reconocer. (Y aferrándose a sus ropas) No acabó todo con la carrera, Judah. Continúa. La carrera, la carrera no ha terminado.
Messala bien pudiera ser el Partido Demócrata. Para ellos tampoco “todo terminó” con las pasadas elecciones, y la carrera por la Casa Blanca continúa. Ya fracasaron con el recuento de votos, y el esfuerzo por cambiar el resultado del Colegio Electoral. Ahora recurren a una conspiración con los rusos por parte de la campaña de Trump y hasta hablan de su impugnación en el Congreso. Están desesperados y piden la cabeza de Trump. El Presidente desmantela toda la agenda izquierdista de los últimos 8 años fiel al voto de confianza de la ciudadanía, 66% de la cual consideraba que bajo Barack Obama el país marchaba por el sendero incorrecto. Si triunfa, los demócratas contemplan una larga estadía alejados del poder. Tienen que demonizar y aniquilar a todo el que se les opone, y promueven el odio y la beligerancia hacia todo aquel que se manifieste a favor o apoye la agenda del presidente Trump.
La cultura del odio florece ahora, y el mensaje llega a la sociedad de diferentes maneras. Con manifestantes pagados para quemar edificios, interrumpir y trastornar reuniones ciudadanas en los ayuntamientos, y atacar físicamente a quienes se manifiesten a favor de Trump; con palabras animando a los demócratas a protestar en las calles aun cuando conlleve a violencia, derramamiento de sangre o hasta la muerte como ha hecho la ex Procuradora General, Loretta Lynch; o con videos, como el que recientemente hizo el rapero Snoop Dogg, donde asesina a quemarropa a un presidente Trump vestido de payaso.
La cultura del odio ha surtido efecto. El temor al ostracismo ha silenciado a muchos, antes y después de las elecciones. ¿Cuántas celebridades del mundo del espectáculo se negaron a participar en la ceremonia de inauguración de Donald Trump? ¿Cuántos modistos se negaron a vestir a la Primera Dama para tal ocasión? ¿Por qué la tienda Nordstrom retiró de sus anaqueles la colección de mercancías de Ivanka Trump? En efecto, muchos sienten miedo a ser tildados de racistas, anti-inmigrantes, o xenófobos; de ser agredidos físicamente, o que se les niegue amistad u oportunidades si manifiestan su apoyo a Donald Trump.
El odio es destructor, consume a quien lo siente; pero al igual que el fuego, puede hacer mucho daño antes de extinguirse. El nazismo tuvo sus raíces en el odio, y afirma el profesor de Harvard Daniel J. Goldhagen en su libro, Hitler’s Willing Executioners: Ordinary Germans and the Holocaust, que el Holocausto fue perpetrado mayormente no por la SS, sino por alemanes de todos los estratos impulsados por un antisemitismo virulento, ampliamente difundido y no cuestionado, que los llevó a perseguir y matar judíos, a quienes veían como enemigos acérrimos cuya aniquilación era, además de necesaria, justa.
Los demócratas andan por mal camino, pero no nuestro país. El Investor’s Business Daily reportó este pasado enero que el nivel de optimismo económico alcanza 55.6%, y este periódico publicó hace apenas dos semanas que el índice Dow Jones de Industriales rompió por primera vez la barrera de los 21,000 puntos. Casi todos los sectores están en alza. ¡Una avalancha de optimismo recorre la nación!
Pero los demócratas no se han enterado. Para ellos, igual que para Messala, la carrera no ha terminado.
Escritora cubana y activista de los derechos humanos.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de marzo de 2017, 3:28 p. m. with the headline "La carrera no ha terminado."