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Opinión

El arte del fracaso

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define a un charlatán como “alguien que habla mucho y sin sustancia, indiscreto y embaucador, que anuncia a voces su mercancía”. Por ejemplo, alguien que habla y tuitea mucho, sin más sustancia que desviar la atención de sus fallos y de la investigación del FBI sobre posibles conexiones con Rusia; indiscreto hasta con su vida sexual; que ha embaucado a millones con su labia mendaz; y que ha anunciado a voces su mercancía política: “¡Construiré un muro con México, prohibiré la entrada a los musulmanes, y revocaré y reemplazaré Obamacare. Inmediatamente!”.

Para tan grandilocuentes promesas, que o son incumplibles o ya han sido derrotadas, la Academia de la Lengua tiene otras dos palabras: fracaso estrepitoso. Le guste o no al histrión que ocupa la Oficina Oval, la Historia registrará sus dos primeros meses como una debacle política, producto exclusivo de su fanfarronería e ineptitud. ¿Dónde está el “gran negociador” que nos decía que “íbamos a cansarnos de tantos éxitos”? ¡Si ni siquiera ha sabido negociar con su propio partido para aprobar TrumpCare!

¿A quién va a culpar, a los talibanes republicanos del Congreso que se le han resistido? No hay excusa, sorry. Para un presunto mago del arte de la negociación, invencible y altanero, que es como se ha vendido Donald Trump, nada ni nadie se le debía resistir. Ergo, cargue ahora, señor presidente, con sus responsabilidades, sus descalabros políticos y humillaciones.

Y ojalá estas últimas le sirvan de lección para cambiar de rumbo y encauzar al país por la buena senda. De la que por cierto ya se ha desviado –con su habitual instinto de venganza– deseando abiertamente que “Obamacare explote” y deje sin seguro médico a 20 millones de personas. ¿Es que no tiene un ápice de compasión hacia los más vulnerables de la sociedad?

Tampoco lo han tenido sus cómplices políticos en el Congreso, que llevan 7 años arremetiendo contra la ley de Obamacare pero han sido incapaces de elaborar una alternativa. Salvo la recién improvisada y luego abortada, que pasará a los anales de la infamia política como reconoció el propio speaker de la Cámara Baja, Paul Ryan, en un inusual acto de sinceridad: “Es que hemos sido el partido de la oposición por 8 años y no estábamos acostumbrados a gobernar”.

Okay. ¡Pues aprendan a gobernar! Y rápido. Porque qué ocurrirá si hay una crisis internacional en medio del cisma republicano en el Congreso, y con un presidente en la Casa Blanca que no logra entender que ya no dirige una empresa familiar sino que es CEO de un país con 325 millones de habitantes y 4,000 armas nucleares. Que ya no está en campaña política ni gobierna sólo para su (menguante) secta de seguidores.

No logra –o no quiere– entender que el “juego de las fantasías” del que hablaba en su libro The Art of the Deal (El Arte de la Negociación) no le va a funcionar cuando se reúna con líderes internacionales, empezando por el presidente chino, Xi Jinping, la próxima semana. En 1987 escribía: “Yo juego con las fantasías de la gente… La gente quiere creer que algo es lo más grande y espectacular… Es una forma muy efectiva para auto-promoverse”.

Dudosamente el astuto Xi va a creer que Trump es “lo más grande y espectacular”, particularmente después de la cadena de fiascos en política doméstica (Muslin travel ban, TrumpCare etc.) y la imagen de madman charlatán que ha proyectado a nivel global. Y después de haber amenazado a China durante la campaña y luego desdecirse con el tema de One China Policy.

El encuentro con Xi se celebrará en Mar-a-Lago, en vez de en la Casa Blanca, probablemente para intentar impresionar al chino con los mármoles y oropeles, cuando lo principal sería impresionarle como estadista (por favor, que alguien secuestre el twitter de Trump para evitarnos otro bochorno internacional).

Pero aunque la cumbre con China es muy importante, lo que parece consumir la mente de Trump es Rusia. La investigación del FBI sobre posible colusión de personas de su entorno con otras del entorno de Putin –incluidas las reuniones secretas de su yerno en diciembre con el banquero del Kremlin–, le tienen muy nervioso. La prueba es que cuando le da ansiedad se pone otra vez a tuitear sobre Hillary, completamente enajenado de la realidad y desvirtuándola a cada tuit, a cada palabra, en un intento vano de distraer la atención pública.

Quizá al final todo lo vierta en un nuevo libro sobre los desafíos de un empresario que –sin que él mismo se lo creyera– llegó a la presidencia de Estados Unidos. Pero esta vez el libro se debería titular “El Arte del Fracaso”.

Periodista y analista internacional.

Siga a Rosa Townsend en Twitter: @TownsendRosa

Esta historia fue publicada originalmente el 29 de marzo de 2017, 2:04 p. m. with the headline "El arte del fracaso."

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