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Opinión

Cine sin coletillas

El enfebrecimiento político de la sociedad americana ha convocado ahora a los cines de arte de la nación a mostrar filmes que se hayan producido en algunas de las naciones de origen musulmán, incluidas en el decreto presidencial referido a la prohibición eventual de sus inmigrantes, frenado por jueces federales.

Afortunadamente algunas de esas filmografías incluyen cineastas de primera que han sido más honrados en los Estados Unidos que en sus propios países, donde en ocasiones han terminado presos. Esto de programar por cuotas étnicas, suele ser sospechoso y casi siempre abocado al panfleto.

Por cierto, algunas de las organizaciones vinculadas a estos cines de arte ahora han decidido proyectar, treinta años después de haberse realizado, la versión de la novela 1984, de George Orwell porque arguyen que nuestro emporio de democracia pudiera estar en peligro de repetir lo que allí se cuenta en términos dictatoriales.

Hasta hace poco, tener un ejemplar de 1984 en Cuba, por poner un caso paradigmático, podía significar que estabas en contra de los mandatos de la revolución castrista. Esa novela formó parte de las obras que debían ser leídas y distribuidas de manera clandestina y casi siempre forradas con la portada de la revista Bohemia o Verde Olivo, para estar más seguro. Ahora resulta que han publicado una edición cubana, presentada durante la Feria del Libro de La Habana con bombos y platillos.

Recuerdo que en el año 1984, cuando el mundo celebraba el ingenio de Orwell para retratar la esencia del totalitarismo comunista en su novela homónima, en el Instituto Cubano del Libro a nadie se le ocurrió rendirle el merecido tributo, porque Fidel Castro estaba vivo y activo y no entendía ni de suspicacias ni de metáforas en su llamada política cultural.

Me parece una campaña irrespetuosa con las víctimas del tormento totalitario –que suman millones en ambos bandos, de izquierda o de derecha–, comparar las peculiaridades de una presidencia en los Estados Unidos, con la represión y el control del individuo que expone la novela de Orwell.

Los que así se manifiestan, pecan de ingenuos o de ignorantes y nunca han visto todos sus derechos coartados en nombre de un dogma político de partido único, implacable con los que disienten o con lo que no desean participar, sencillamente.

La izquierda de caviar, con todas las prebendas a su favor, como corresponde a la nación más desarrollada del mundo, desconoce lo que es un “ministerio de la verdad” y cómo la historia se altera y viola para servir los designios del máximo líder o Gran Hermano, como se cuenta en el libro. Da por sentado que hay congresistas y senadores en la oposición dando la batalla milimétrica por sus preceptos y no parlamentarios papagayos comulgando con los caprichos del todo poderoso, sin chistar.

La novela de Orwell se publicó en 1949 y, con la excepción del estalinismo, alma máter del mal, tiene el valor de haber antecedido y anunciado experimentos sociales de izquierda más graves que los que describe como la revolución cultural china, los crímenes de Pol Pot, el castrismo y la dictadura de Ceaucescu, por solo mencionar algunos de los más aberrados.

Programar cine de arte como protesta política es una operación artísticamente improcedente que no se adecua a las características sociales de Miami. Cuando nadie conocía a Abbas Kiarostami, Nat Chediak trajo a Cabrera Infante para que lo presentara en el Festival de Cine de Miami.

El teatro Tower del Miami Dade College, por otra parte, sigue elaborando una programación de vanguardia y sofisticada donde impera la diversidad y calidad del cine mundial, sin coletillas políticas.

Crítico y periodista cultural.

Esta historia fue publicada originalmente el 5 de abril de 2017, 2:18 p. m. with the headline "Cine sin coletillas."

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