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Opinión

Trump, el presidente elástico

El gobierno coreano lanzó cuatro misiles el 7 de marzo en una zona no identificada del país.
El gobierno coreano lanzó cuatro misiles el 7 de marzo en una zona no identificada del país. via video de AP

Donald Trump ha dado un giro de 180 grados, de aislacionista a intervencionista global, retomando la política tradicional de Estados Unidos como primera potencia mundial. Y aunque aparentemente ha sido un cambio improvisado y emocional en respuesta a las crueles imágenes de niños asesinados con armas químicas, el primer balance de los 59 misiles lanzados contra Siria es positivo. La incertidumbre viene a partir de ahora. Y Rusia está en el centro de esa incógnita, tanto por su papel en Siria –apoyando a Assad– como el que jugó interfiriendo en las elecciones en posible colusión con la órbita de Trump. Del desenredo de esas dos marañas de intriga va a depender en gran medida la paz, dentro y fuera de nuestras fronteras.

De momento, la acogida internacional de los países aliados y neutrales al bombardeo de la base de Shayrat ha sido muy favorable; en notorio contraste con la reacción hostil de los adversarios, en particular los tres actores en el teatro de guerra en Siria: Rusia, Irán y Bashar Al Assad. Tanto estos como China se ven obligados a recalibrar sus políticas, ante la impredecibilidad bélica desplegada por el presidente de EEUU. El demente norcoreano, Kim Jong Un, también ha captado el mensaje.

Pero sobre todo contrasta a nivel doméstico con la oposición del ala más radical del trumpismo (Ann Coulter, Alex Jones, Mike Cernovich, Laura Ingraham, etc), indignados porque consideran que Trump se ha apartado del dogma nacionalista de campaña “America First”. Aun fuera de ese sector reaccionario, los trumpistas en general son escépticos de todo lo que se aparte del aislacionismo. Para eso eligieron a Trump, dicen, para que cerrara las puertas del país. No deja de ser por tanto una gran ironía que en los 100 primeros días Trump haya encolerizado a sus más ardientes seguidores con una mutación política que él atribuye a su “flexibilidad”.

“Soy una persona muy flexible. No necesito aferrarme a un camino específico”, dijo la semana pasada. Nada hay de nuevo en esa “ideología de la elasticidad”, Trump ha oscilado siempre de una lado a otro del péndulo político y de los temas candentes en la sociedad. Después de ser demócrata casi toda su vida se postuló como republicano pero sin vínculos con la filosofía conservadora, luego ¿de qué se sorprenden ahora los trumpistas?

Y mañana mismo puede dar otro giro, en dirección contraria, y estropear la que ha sido su mejor semana en La Casa Blanca, en la que ha tomado decisiones adecuadas con respecto a Siria, Rusia y China (y sin tuitear insultos o estupideces), tras el espectáculo disparatado en política internacional y doméstica de los primeros dos meses y medio. Todo depende de si lo que ve en TV le vuelve a poner en el disparadero de sus impulsos narcisista-vengativos.

Por el bien de EEUU y del mundo, esperemos que le dure la racha de dignidad presidencial. Porque ahora viene la parte más difícil en el tenebroso laberinto de Siria: ¿meterse de lleno en la guerra civil o limitarse a castigar las provocaciones de Assad y/o ISIS? La segunda alternativa no conduce a ninguna solución sostenible y la primera conduce al infierno.

Barack Obama no se atrevió a implementar ninguna de las dos, dejando el terreno libre a Rusia tras dar marcha atrás a la infame “línea roja”, y manchando de paso su legado en política internacional. El ex presidente obró con exceso de cautela. Conocida era su tendencia a pensar tres meses antes de tomar una decisión. Mientras que Trump piensa tres segundos antes de disparar.

Tan pernicioso es lo uno como lo otro para mantener la supremacía de EEUU. Pero ahora el que se sienta en la Oficina Oval es Trump. Sobre él recae el peso de estabilizar el polvorín sirio o de que escale hacia una gran conflagración, que enfrente directamente -por primera vez- a Washington y Moscú.

El clima de tensión es patente. Washington acusa a Moscú de encubrir al carnicero de Damasco y el Kremlin insiste en que Assad no es responsable del ataque con armas químicas. Un rejuego diplomático en el que EEUU tiene más margen de negociación tras la operación táctica de los 59 Tomahawks.

La estrategia que está emergiendo es arrinconar a Rusia para que decida si sigue aliada con los ignominiosos Assad e Irán, o participa en una negociación con EEUU y los aliados con dos objetivos tan ambiciosos como incompatibles: sacar al enemigo de ISIS, Assad, y derrotar al mismo tiempo a ISIS. ¿Quién es el malabarista que puede lograrlo?

Y cuántos millones más de refugiados sirios causaría un conflicto bélico de la magnitud del que se preludia. ¿Está dispuesto nuestro presidente elástico a recibir con los brazos abiertos a los refugiados?

Periodista y analista internacional.

Twitter: @TownsendRosa

Esta historia fue publicada originalmente el 12 de abril de 2017, 7:43 p. m. with the headline "Trump, el presidente elástico."

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