Misterios dolorosos del corazón de Jesús
Como Jesús padeció mucho internamente, a nivel del alma, pueden componerse cinco misterios dolorosos de su corazón.
Primer Misterio: La traición de sus amigos.
Judas Iscariote ha pasado a la historia como el traidor por antonomasia. Estando a la mesa con sus discípulos, Jesús dijo: “Uno de ustedes me va a entregar” . Después de darle pan untado a Judas, dice el evangelista: “Detrás del pan, entró en él Satanás” Y añade: “Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente; era de noche”. Judas cayó bajo el poder de las tinieblas; consumaría la traición en Getsemaní con gesto de amistad.
No sólo Judas traicionó al Maestro, sino también Pedro, que lo negó tres veces, pero luego se arrepintió y “lloró
amargamente” .
La traición contagió al resto de los apóstoles: “Y todos lo abandonaron y huyeron” Sólo Juan se acercaría luego al Calvario.
El Salmo 55 refleja los sentimientos del corazón adolorido de Jesús, traicionado por sus amigos: “Si mi enemigo me injuriase, lo aguantaría; pero eres tú, mi compañero, mi amigo y confidente”.
Segundo Misterio: Getsemaní.
En el monte olivete la oración de Jesús se convirtió en agonía, palabra griega que significa lucha. Hubo un combate de voluntades entre el deber del sacrificio y su repugnancia ante la muerte. Marcos dice que Jesús sintió “espanto y angustia” y que reveló su estado interior diciendo: “Mi alma está triste hasta la muerte” . La intensidad de su agonía tuvo una insólita manifestación psicosomática: “Y le entró un sudor que caía hasta el suelo como si fueran espesas gotas de sangre”.
Tercer Misterio: La injusticia del poder judicial.
Jesús no contó con un juicio imparcial. Las autoridades judías ya lo habían condenado a muerte desde los comienzos de su ministerio público, pero los atentados contra él habían fracasado “porque no había llegado su hora” . Por fin, una semana antes de ser apresado, el Sanedrín dictó sentencia por boca de Caifás: “Os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera”. Y añade el evangelista: “Y aquel día decidieron darle muerte” .
Las autoridades lo interrogaron y tergiversaron el sentido de sus palabras, “destruyan este templo y en tres días lo levantaré”; y por revelar su identidad lo tildaron de blasfemo.
Ante Pilato lo acusaron falsamente de amotinar a la nación, de oponerse a pagar impuestos y de soliviantar al pueblo. El gobernador comprendió que el acusado era inocente, pero no actuó en consecuencia. Jesús tuvo que oír dolido las voces de la turba: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”.
Allí en en el pretorio se cumplía el verso lapidario del prólogo joánico: “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”. Cada Viernes Santo resuenan en la Iglesia los Improperios litúrgicos. Revelan el estado anímico de Jesús: “¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en qué te he ofendido?
Cuarto Misterio: Las tentaciones.
El episodio de las tentaciones de Jesús en el desierto termina con esta palabras: “Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión”.
Los verdugos del Crucificado lo tentaban: “Si eres rey de los judíos, sálvate a ti mismo” . Los viandantes ponían en duda su filiación divina: “Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz”. Los sanedritas le presentaban dudas sobre el amor del Padre: “Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama”. Pero venció las tentaciones.
Quinto Misterio: La desolación
Jesús, deshidratado y debilitado, experimentó el mayor de los tormentos místicos, la lejanía de Dios. Sacó fuerzas para comenzar el Salmo 22: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?” . A esas iniciales palabras de desolación espiritual seguirían luego otras de confianza filial.
Jesús había cumplido su misión salvífica: “Todo está cumplido” . Y sintiendo de nuevo cercano al Padre, atinó a rezar: “¡Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu!”
Sacerdote jesuita.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de abril de 2017, 7:05 p. m. with the headline "Misterios dolorosos del corazón de Jesús."