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Opinión

Trump, promesas rotas y falta de estrategia

Durante toda mi vida he visto cómo los Estados Unidos controla y regula la tenencia y fabricación por parte de otros países de las armas nucleares. Esta democracia fuerte, de instituciones arraigadas y líderes responsables, que además siempre ha luchado por los derechos humanos y la libertad en todo el planeta, ha tenido la potestad de prevenir al mundo que un dictador demente o sátrapa generalazo, tipo república bananera, se hiciera con una de esas armas de destrucción masiva, y de mantener el balance con las otras superpotencias que las tienen. Esto lo digo con dolor: con el resultado de la última elección presidencial, es hora de empezar a preguntarse qué tan confiable sea que todos los países, incluyendo este, tengan armas capaces de arrasar con el planeta.

Yo podría alegrarme por todas las promesas rotas de Trump a sus electores. Podría alegrarme que el presidente esté siguiendo algunas de las políticas que expuso Hillary Clinton en sus discursos. Que diga que después de todo la OTAN no es obsoleta. Que diga que, después de todo, China no es un manipulador de su moneda. Que diga que por fin entendió, gracias a que el presidente chino le explicó, que la cuestión de Corea del Norte es más complicada de lo que pensaba. Que diga que, después de todo, es necesario mantener el Banco de Importaciones y Exportaciones de Estados Unidos. Que haya repensado el papel del país en el conflicto sirio y atacado al régimen de Al Assad, después de que éste otra vez castigó a su propia población con armas químicas. Y que, aunque no lo haga él, su secretario de Estado critique duramente a Vladimir Putin.

Pero todo eso, con lo que estoy de acuerdo, en lugar de mostrar una introspección de una mente con inteligencia emocional y madurez que repensó sus posiciones, lo que demuestra es una improvisación absoluta y una falta total de estrategia y control por parte de su gobierno, sobre asuntos que no solo son de vital importancia para el porvenir de esta nación, sino del mundo.

Si China, por ejemplo, no es el gran manipulador, que se “comió” todos los empleos manufactureros, del que habló en campaña, ¿cuál es ahora la estrategia para crear más empleos? ¿Cuál la estrategia a seguir en Siria? ¿Cuál en Corea del Sur?

Durante décadas ya, ha sido también un pacto común que el poder civil supervise al poder militar y en últimas sea quien dé la orden de ataque. Son los investidos por el pueblo y su sagrado voto, los que deben tomar en últimas las decisiones que tengan consecuencias más graves para las vidas de sus ciudadanos.

Y entre tanto nos enteramos que la publicitada Madre de Todas las Bombas, la más grande de todas las bombas no nucleares que posee este país, que elevó por los aires una madriguera de ISIS en Afganistán, fue lanzada esta semana por primera vez en la historia y sin la autorización del presidente.

Por más respeto que yo tenga por el general Mattis o el general McMasters, no fueron ellos a quien el pueblo eligió para que decida en asuntos como el posible inicio de una guerra termonuclear debido a las tensiones en la península de Corea.

Y con esto vuelvo a mi inquietud del inicio de esta columna, pues quien actualmente tiene esa, la más seria de todas las responsabilidades, es el ex protagonista de un reality show, ese al que Marco Rubio jamás le confiaría los códigos nucleares, un hombre sin ninguna experiencia gobernando, que miente y trina indiscriminadamente y nunca acepta responsabilidad alguna en los errores, nuestro presidente Donald J. Trump.

Escritor colombiano. www.pedrocaviedes.co

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de abril de 2017, 0:44 p. m. with the headline "Trump, promesas rotas y falta de estrategia."

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