Rusia y nuestro mayor peligro
Dados los pronunciamientos aislacionistas de Donald Trump durante la campaña presidencial, el ataque a la base área de Siria, el uso de “la madre de todas las bombas” en Afganistán, sus elogios al presidente chino Xi Jinping y a la OTAN, y sus advertencias belicosas al régimen de Corea del Norte la pasada semana, han sorprendido a muchos.
Algunos atribuyen este giro de 180 grados a que la realidad es otra cuando se ve desde la Oficina Oval de la Casa Blanca. Otros especulan que el Presidente ha comenzado a escuchar a consejeros más realistas. Hay quienes piensan que se trata de una estrategia para distraer la atención ante los fracasos que ha enfrentado en política interna.
El comentario de Sean Spicer, secretario de prensa de la Casa, de que Hitler nunca había utilizado armas químicas contra su pueblo, ha dejado claro que Trump y Spicer merecen una “F” en dos asignaturas importantes: Historia y Ciencias Políticas. No importa que cada presidente tenga una visión y una plataforma distinta a la de sus antecesores. El pasado influye sobre el presente. Y hay ciertas constancias en la esencia misma de los Estados Unidos que permanecen afortunadamente inalterables.
Por ejemplo, hace pocas semanas vimos, quizás más claramente que nunca antes en las últimas décadas, cómo funciona el equilibrio de poderes en Estados Unidos. El Departamento de Justicia frenó el famoso “travel ban” tan cacareado por Trump y del que apenas ya se habla. Por su parte, el Congreso, pese a contar con mayoría republicana, no logró acabar de un plumazo con el Obamacare.
También los acontecimientos recientes han agriado la luna de miel entre el presidente Trump y Vladimir Putin. El líder ruso tiene mucho capital político, estratégico y personal invertido con el gobierno de Siria como para no reaccionar ante las amenazas abiertas de Washington sobre la necesidad de que Bashar al Assad deje el poder.
Algunos analistas han indicado alarmados que la relación entre Estados Unidos y Rusia ha estado en su momento más tenso desde 1962, cuando la crisis de Octubre en Cuba. Los misiles lanzados por Estados Unidos a la base aérea siria fueron, sin embargo, una respuesta casi simbólica, porque poco tiempo después despegaban de nuevo aviones de las instalaciones atacadas. No creo que la administración actual vaya a insistir en un cambio de gobierno en Siria, por la misma razón que no lo hizo Obama. Después de los resultados de las guerras en Afganistán e Irak, el pueblo estadounidense, y muy en especial los partidarios de Trump, no desean involucrarse en un nuevo conflicto bélico. Sin duda la actuación de Rusia en Siria le ha dado a Putin y a su país un papel relevante en el Medio Oriente, pero también la aventura siria tiene un costo financiero e interno, ya que por lo menos un 20% de la población rusa no aprueba esta política.
El peligro que representa Rusia para Estados Unidos es mucho mayor y sutil que el conflicto en Siria. Los acontecimientos en política internacional han distraído la atención sobre la injerencia de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016. Nadie va a darle marcha atrás al calendario y disputarle a estas alturas su victoria a Trump; pero la capacidad tecnológica rusa de influir sobre la opinión pública en Estados Unidos y en el mundo no puede pasarse por alto. Después del ataque estadounidense a la base siria, las fotografías del efecto que tuvieron las armas químicas contra civiles, incluyendo niños, indignaron al mundo. Rusia se dedicó entonces a infiltrar las redes sociales con la historia de que el video era un montaje de Estados Unidos para justificar su acción militar, versión que repitió ante las cámaras Al Assad tan fresco como una lechuga. Lamentablemente, algunos incautos, incluso estadounidenses, lo creen.
Si hay un ápice de sinceridad e inteligencia en el presidente Trump y sus consejeros, harían bien en cooperar y llegar al fondo de la verdad sobre del poder de penetración de Putin y sus expertos en tecnología. La influencia que pudieran tener en elecciones en Europa y aquí en Estados Unidos en 2018 y 2020 es temible. Si pensamos además en que todo el mundo moderno –desde la Banca hasta las plantas eléctricas, para dar solo dos ejemplos– funciona a base de computadoras, nuestra vulnerabilidad es de tal magnitud como para aterrar al más valiente. Ojalá también al presidente Trump.
Escritora y periodista cubana.
Esta historia fue publicada originalmente el 18 de abril de 2017, 4:50 a. m. with the headline "Rusia y nuestro mayor peligro."