SILVIA LAVERNIA: ¿Adiós a la enseñanza bilingüe?
Estamos a punto de perder más de medio siglo de experiencias pedagógicas exitosas. Ese modelo comenzó en los sesenta para satisfacer la necesidad de las familias cubanas exiliadas que se asentaron por entonces en el área de la Pequeña Habana y fue ampliándose y enriqueciéndose de modo constante.
Para sustituir aquel modelo, que concitó la admiración nacional y sirvió de referencia para otros estados, el sistema de escuelas públicas introdujo hace dos años el programa Idioma Extranjero Extendido (EFL, por sus siglas en inglés). Posiblemente se le concibió como un programa mucho más completo que el anterior, pero en la práctica ha significado un retroceso y, lejos de extender la enseñanza del español, la ha recortado.
¿Cuáles son los problemas más visibles del nuevo programa? En primer lugar, solo ofrece dos clases por grado, en casi todas las escuelas (de primero a tercero este curso escolar). De este modo, excluye a muchos niños que participan porque no hay suficientes alumnos para formar cuatro clases. En segundo lugar, imposibilita en la práctica que estudiantes anglos se sumen, salvo en los casos en que lo hayan comenzado en el Kindergarten, ya que para ingresar tienen que aprobar un difícil examen de ingreso. En tercer lugar, y tratándose de un programa sin antecedentes, carece de supervisión adecuada.
Sin embargo, su talón de Aquiles es que descansa en maestros de clase, que no están calificados para impartir el idioma. Cuando se trataba de los primeros grados, las limitaciones de los docentes no se manifestaban tanto; pero ya en grados superiores, donde el contenido de la asignatura es más complejo, el programa hace agua: a los maestros de clase les resulta imposible abordar temas que implican dominio de gramática, redacción y ortografía. Por otra parte, ante el desafío abrumador de numerosos exámenes estandarizados, de los cuales depende la evaluación de la escuela y del maestro, se relega (u olvida) el español. Sencillamente, no cuenta.
En contraste, y para desconcierto general, los maestros de español, aquellos que están certificados y tienen maestrías y doctorados en su materia, no están autorizados para enseñar en este nuevo “diseño”. A ellos les asignan otras tareas para llenar su tiempo laboral: clases como sustitutos y tutorías (en inglés).
Algunos ven en esta arremetida contra el programa de español un signo más del declive de la escuela pública, otrora orgullo de Estados Unidos. Cada vez más esta es menos rigurosa, con más carencias, y ha terminado centrándose en los exámenes y relegando los conocimientos.
Frente a tantas deficiencias, los padres recurren a alternativas –escuelas privadas, semiprivadas y chárters– para brindar la mejor educación a sus hijos. La gran paradoja es que, mientras el programa de español se extingue en las escuelas públicas, las demás lo incorporan gustosamente a su curriculum. Recientemente, tuvieron incluso un Concurso de Deletreo (spelling bee) de idioma español en el que participaron cientos de estudiantes de Miami-Dade. La escuela pública jamás ha hecho nada parecido.
Es lamentable que, cuando los países más desarrollados promueven el aprendizaje de varias lenguas, recurso imprescindible en un mundo globalizado, Miami-Dade opte por un programa deficiente. A los educadores nos preocupa sobremanera esta situación. Días atrás anuncié en el aula que el programa de español no continuaría más allá del 2015: mis alumnos quedaron perplejos. Echaremos de menos a Don Quijote y Sancho.
Maestra de Español, Miami Springs Elementary.
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de marzo de 2015, 2:00 p. m. with the headline "SILVIA LAVERNIA: ¿Adiós a la enseñanza bilingüe?."