Francia: ¿final o prórroga?
Tras la celebración de la segunda vuelta de la preliminar elección presidencial en Francia (una especie de semifinal deportiva), la pareja de candidaturas supervivientes se prepara para la gran final con el fin de convertirse en inquilinos (sin pago de alquiler) del Elíseo. Los observadores europeos que aguantaban la respiración ante el ascenso de pretendientes extremos (Le Pen y Melenchon) se felicitaron por el resultado. Europa se había salvado. Francia recobraba la normalidad.
En vísperas de la gran final del domingo 7 de mayo, ¿cuál es la razón de ese alivio? Le Pen sigue siendo un peligro no solamente para Francia, sino por el impacto que tiene en la evolución de la Unión Europea. Liliputienses Le Pen merodean en el vecindario.
La explicación de esta satisfacción es que Le Pen ha tocado techo. Resulta sintomático el hecho de que la dirigencia de las instituciones de la Unión Europea emitieran una declaración de alegría por el liderazgo demostrado por Macron (un novato). La neutralidad se rompió en esta ocasión y se tradujo en una expresión de apuesta en la segunda vuelta.
La tranquilidad existente tiene una explicación más práctica, basada en la peculiaridad del sistema francés. La distribución del voto en primera vuelta no se debe traducir igual en la segunda. La inclinación del respaldo del establishment europeo por Macron no es simplemente una expresión de deseo. Se basa en la oscilación de los comicios en segunda vuelta.
Le Pen y Macron se han clasificado en realidad para jugar una prórroga en el mismo partido. La diferencia entre los dos contrincantes es que Macron llega al desempate con el respaldo de algunos “suplentes” que pueden desequilibrar el encuentro. Le Pen ha agotado todas las alternativas de refuerzo. Sus jugadores están extenuados.
En la segunda parte-prórroga se desencadena la fuerza de los votos prestados, que están en el banquillo. Los derrotados capitanes de la formación socialista (Hammon) y la conservadora (Fillon) han ordenado a sus jugadores que ayuden a Macron. Le Pen se ha dirigido insólitamente a los electores de Melenchon, de extrema izquierda, implorando su voto. El resultado es que de casi un empate de una quinta parte (entre Macron y Le Pen) para cada uno, en segunda vuelta será de 60% frente a 40%. Macron se convertirá en presidente al final de la prórroga.
Los europeístas razonables siguen respirando tranquilos. Pero ya con un presidente centrista-liberal que comparte rasgos socialdemócratas con la derecha, el escenario electoral francés se trocará geográficamente del Elíseo a poca distancia, en los comicios para la Asamblea legislativa en junio. Como si se tratara de otro campeonato en otra temporada, ahí los votos-jugadores prestados ya no jugarán.
Todas las formaciones se dedicarán a capturar escaños individuales en cada una de las circunscripciones. Entonces el endiablado sistema francés que había decidido el litigio presidencialista en un sistema mayoritario se transfigurará en uno proporcional, pero solamente en una primera vuelta, si nadie consigue más del 50% en la primera escaramuza.
Resulta muy difícil predecir cuál será entonces la solidificación del voto a un no-partido centrista-liberal (Macron). ¿Cuál será el estado de los conservadores (con un nuevo “entrenador”, con Fillon esfumado). ¿Quién dirigirá a los socialistas, si su partido sobrevive? En cualquier caso, la distribución del voto legislativo popular puede reflejar aproximadamente el esquema del presidencial en primera vuelta. No se tiene una idea en qué se parecerá al de 2012.
Entonces las fuerzas de izquierda consiguieron casi el 60% de los escaños, mientras los conservadores capturaron casi el 40%. Le Pen se tuvo que contentar con solamente dos escaños (apenas el 0.5%), a pesar de haber recibido más del 13% del voto popular. De nuevo, fue el castigo del sistema en segunda vuelta, repartido entre socialistas y conservadores.
Con la aparición de la nueva formación centrista de Macron, el enigma será si se formaría una coalición con el socialismo superviviente o los conservadores para nombrar un primer ministro. Se habría producido la “cohabitación”, con un presidente con gran poder ejecutivo y un primer ministro respaldado por la Asamblea, de distinto partido. Se reinstalaría la incertidumbre de una nueva desestabilización de la política francesa y una tentación a los desplazados a la extrema izquierda y derecha. Bruselas contendría nuevamente el aliento.
Catedrático Jean Monnet y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami.
jroy@miami.edu
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de mayo de 2017, 5:22 a. m. with the headline "Francia: ¿final o prórroga?."