Los antiestablishments
Este domingo se realizará en Francia una de las elecciones más trascendentales no sólo de ese país sino de toda Europa y de Occidente. Todo el establishment tiembla ante la posibilidad de la victoria de la candidata del Frente Nacional Francés, Mariane Le Pen, pues ese país se separaría de la Unión Europea, lo cual, tras el desgajamiento del Reino Unido, significaría el tiro de gracia de esa alianza y… ¿la desaparición del euro?
Aunque las encuestas den por ganador a su contendiente, todos recuerdan que los encuestadores erraron meses antes en las elecciones estadounidenses cuando dieron por ganadora a Hillary Clinton. Pero la ola antiestablishment se levanta desde los Estados Unidos hasta Austria. Esto no ocurre sin razón alguna. El propio establishment, definido como “grupo dominante visible o élite que ostenta el poder o la autoridad en una nación”, engendró este monstruo que ahora amenaza con devorarlo. El término lo popularizó en 1955 el periodista británico Henry Fairlie en la revista londinense The Spectator: “Por establishment, no solo quiero definir los centros oficiales de poder… sino a toda la matriz de relaciones oficiales y sociales dentro de la cual se ejerce el poder”.
Una falsa democracia dominada por poderes económicos a través de contribuciones de campaña, donde candidatos y partidos comprometen su independencia a favor de los grandes intereses, sin reales soluciones a los problemas sociales, ha generado un cansancio que ha sido el caldo de cultivo de los antiestablishments. La primera ola la conformaron sindicatos, movimientos de izquierda, agrupaciones cívicas y estudiantes y se manifestaron en masivas protestas callejeras que alcanzaron su clímax en los años 2011 y 2012 en forma de movimientos masivos, conocidos en Europa como los indignados, y en Estados Unidos, como Ocupar Wall Street. ¿Su numen? Stephane Hessel con su llamado a la indignación, acero de acicate para derribar muros de ignominia. Pero no les enseñó qué edificar en su lugar.
La misma generación de Ocupar Wall Street fue la que apoyó al aspirante demócrata Bernie Sanders en su propuesta de una revolución política en las últimas elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Piensan algunos que en la victoria de Hillary para la candidatura demócrata tuvo un gran peso el apoyo de la dirección de ese partido. Si así fue, le abrió la puerta a un nuevo tipo de antiestablishment, porque ese mismo cansancio de los electores, tanto en Estados Unidos como en Europa, es el que ha dado fuerza en 2016 a una nueva corriente pero de signo contrario en lo que hoy muchos llaman “ultraderecha nacionalista”. Es raro un país europeo donde no haya aparecido un movimiento de esa nueva ola, como el Partido Holandés por la Libertad, la Liga Norte de Italia y el Partido por la Libertad Austriaca, entre otros. Todos estos grupos estuvieron representados en una conferencia que se celebró junto con Le Pen en Coblenza, Alemania, el pasado 21 de enero –al día siguiente de la toma de posesión de Trump–, por invitación de un grupo de miembros del Parlamento Europeo unidos bajo el nombre de Europa de las Naciones y las Libertades. ¿El objetivo? Derribar a la Unión Europea.
¿Qué ocurrirá el domingo? Lo ocurrido en Austria el pasado diciembre es aleccionador. Los dos partidos tradicionales, uno de centro derecha y otro de centro izquierda, se habían derrumbado. Y cuando se pensaba que el candidato de extrema derecha, Norbert Hoper, del Partido por la Libertad Austriaca, tenía el camino libre, un candidato independiente de 72 años, ecologista, lo derrotó en las elecciones. Esto demuestra que el avance de Hofman se debía a que era la única opción frente a los partidos tradicionales. En cuanto apareció una nueva alternativa no extremista y ajena al establishment, Hofman perdió. La situación es muy semejante en Francia, donde también la popularidad de los partidos tradicionales se ha derrumbado y el contrincante de Le Pen es ajeno a esos partidos al frente de un movimiento que se autotitula “centro radical”.
En Estados Unidos los ciudadanos no tuvieron esa opción. Muchos votaron por Trump como oposición a quien consideraban la candidata del establishment, y muchos piensan que si el candidato hubiera sido Bernie Sanders, Trump hubiera perdido. Por eso me atrevería a predecir que quien triunfará el próximo domingo será Macron, no Le Pen. Pero sea quien sea el ganador, una cosa parece segura: El establishment por doquier se derrumba.
Escritor e historiador.
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Esta historia fue publicada originalmente el 4 de mayo de 2017, 5:03 a. m. with the headline "Los antiestablishments."