Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

Dos cortos rápidos

El líder de la minoría del Senado, Charles Schumer, demócrata por Nueva York, participa en una manifestación en Washington, el 4 de mayo, contra el plan de salud republicano que reemplazaría a Obamacare.
El líder de la minoría del Senado, Charles Schumer, demócrata por Nueva York, participa en una manifestación en Washington, el 4 de mayo, contra el plan de salud republicano que reemplazaría a Obamacare. Getty Images

Un engendro con sed de venganza

A cada rato la sinrazón sectaria produce monstruos destructivos. Pongo como ejemplo la bestia que acaba de engendrar una exigua mayoría republicana en la Cámara Baja del Congreso federal.

Movidos por ideas inmisericordes (que por lo visto solo se compadecen de los ricos) y las ansias de pasarle una cuenta pendiente a la administración Obama, estos congresistas alborotados por el presidente Donald J. Trump han creado un proyecto de ley que tiene el potencial de empobrecer la calidad de vida de millones de estadounidenses, dejándolos sin seguro médico o encareciendo sus pólizas hasta convertirlas en lujos impagables. Es lo que le espera por igual a sanos y enfermos, sobre todo a los mayores de 50 años, si el Senado refrenda la esencia de una medida que desmantela el llamado Obamacare.

Trump es el Lutero de esta contrarreforma sanitaria que les ahorraría miles de millones de dólares a los estadounidenses de más ingresos al tiempo que recorta en un 25 por ciento el Medicaid que reciben los estadounidenses más pobres. También autoriza a los estados a hacerles generosos regalos a las aseguradoras. Los obsequios vendrían en la forma de excepciones que les permitirían a las compañías de seguros negarles cobertura a personas con un sinnúmero de condiciones médicas preexistentes, algo que la ley actual prohíbe.

En más de una ocasión he compartido con los lectores de este diario mis críticas del Obamacare. He abogado por su reforma radical, o, en el mejor de los casos, por la creación de un sistema sanitario nacional como el canadiense. Pero el engendro aprobado por la Cámara es mucho peor que el Obamacare. Y aunque el Senado detenga la primera encarnación de este monstruo, de ahora en adelante se conocerá como el Trumpcare.

Que Loria nos pague

¿Dónde se esconden los políticos miamenses qué tienen la obligación de hacerle una reclamación muy justa a Jeffrey Loria, el dueño impresentable de los Miami Marlins? Una reclamación exigiéndole que les pague a los contribuyentes de Miami Dade una parte de la plata que Loria nos tumbó con la complicidad de políticos y periodistas comprados cuando se aprobó el financiamiento público del estadio de los Marlins en el 2009. Esa plata fue un obsequio inmoral que ha contribuido decisivamente al enorme aumento de valor de una franquicia mediocre que Loria compró por $158 millones en el 2002 y hoy está a punto de vender por $1,300 millones, según nos aseguran varios medios de comunicación.

¿Cómo obtuvo Loria las dádivas multimillonarias que financiaron el mamut blanco de la Pequeña Habana? Además de la compra a gran escala de influencias políticas y mediáticas, Loria se dedicó al mismo juego mendaz y codicioso de otros propietarios de franquicias deportivas profesionales que les exigen millones de dólares públicos a los contribuyentes para la construcción de sus coliseos. Así, Loria alegaba que perdía muchísimo dinero. Decía que sobrellevaba la carga insostenible de una nómina multimillonaria, la baja asistencia y sus pésimos convenios con las cadenas de televisión. Pero mientras se secaba los lagrimones mentía descaradamente acerca de las utilidades de los Marlins y, por supuesto, no se le escapaba ni una sola palabra sobre el maravilloso aumento en el valor de su franquicia que produciría un nuevo estadio. Entre los políticos conocidos de la época solo Carlos Giménez y Tomás Regalado se opusieron a la cifarra, uniéndose a un puñado de periodistas (entre los cuales me encontraba; lo afirmo orgullosamente) y a Norman Braman, un magnate local con un raro sentido del deber cívico.

No estoy diciendo que Loria nos debe reembolsar el monto total de la deuda que asumimos para construir el coliseo de los Marlins. Esa deuda sobrepasa unos $2,400 millones extendidos a lo largo de 40 años. Pero sí mantengo que, como mínimo, Loria está obligado a pagarle a Miami Dade los $409 millones en bonos que el gobierno condal emitió para financiar la construcción del estadio. Sin demasiada esperanza, sigo esperando a un miembro de la Comisión de Miami Dade o de otra legislatura municipal (o a los alcaldes Tomás Regalado y Carlos Giménez), que sean capaces de hacerle esta reclamación a Jeffrey Loria.

Periodista cubano, ejecutivo de una empresa internética.

Esta historia fue publicada originalmente el 6 de mayo de 2017, 3:14 p. m. with the headline "Dos cortos rápidos."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA