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Opinión

Poetas climáticos con afán de crear un mejor futuro

Todos tenemos algo de poetas. ¿Quién no ha dibujado la silueta de un árbol con la yema del dedo índice? ¿Quién no ha navegado sobre las olas del mar un barco pirata? ¿Quién dejó de levantar castillos sobre la nieve? ¿Quién se ha olvidado de querer cambiar al mundo?

Gioconda Belli escribió una vez: “No hay nada quijotesco ni romántico en querer cambiar el mundo. Es posible. Es el oficio al que la humanidad se ha dedicado desde siempre”. Yo estoy de acuerdo. Creo que antes que fuéramos o hiciéramos, ya queríamos cambiar al mundo.

Estoy convencido que, hoy más que nunca, es momento de volver a ser poetas y querer cambiar al mundo. Y para hacerlo, hacerle frente al cambio climático es fundamental. Sobre todo, porque el cambio climático es uno de los desafíos más grandes de nuestros tiempos. El aumento de la temperatura global, a consecuencia de la acumulación en la atmósfera de gases de efecto invernadero derivados de la quema de combustibles fósiles (e.g. carbón, gas y petróleo), refuerza la aparición, intensa y cada vez más frecuente, de eventos climatológicos extremos; eventos que se transforman en tragedias sociales que aniquilan los anhelos y las esperanzas de muchos. El cambio climático pone en riesgo la salud, la biodiversidad, la seguridad alimentaria y energética, así como el acceso al agua de millones de personas en el mundo.

El 29 de abril se presentó una oportunidad de renacer al poeta que llevamos dentro y reencarnar ese deseo de querer cambiar al mundo. En el centésimo día de la administración de Donald Trump, miles de personas a lo largo y ancho de los EEUU participaron en la Marcha del Pueblo por el Clima y se manifestaron en favor del clima, el empleo y un desarrollo incluyente en una marcha que dio muestra al mundo de que juntos podemos lograr una economía basada en energías renovables, como muchos sectores de la sociedad lo están haciendo.

Este movimiento fue más que una “marcha por el clima”. Fue una convocatoria a avanzar soluciones que resuelvan la discriminación y la injusticia social y económica que hace del cambio climático una crisis sin fronteras. Y fue al mismo tiempo, una ocasión para conmemorar una visión de un futuro que nos inspire y nos dé esperanza, y el cual podamos construir con ahínco conjuntamente.

La Marcha del Pueblo por el Clima, no solo defendió todo por lo que el movimiento climático ha luchado durante décadas, sino que puso de manifiesto el valor de la acción y movilización colectiva. La acción colectiva es fuente de reflexión; la movilización, articulación de deseo y cambio. En colectividad, podemos reducir la huella global humana y salvaguardar la integridad de nuestra biodiversidad, si juntos adoptamos un paradigma más sostenible.

De una u otra forma, todos podemos seguir siendo parte de este movimiento; juntos podemos defender la dignidad de nuestra gente y del planeta cambiando al cambio climático, alzando la voz en las calles y en las redes sociales; con nuestras familias y entre nuestros colegas. Porque todos podemos contribuir con conciencia ética y curiosidad científica que mueva hacia adelante la lucha por la justicia climática, social y económica.

Cambiar al mundo es una cuestión de hacer frente, construir y levantarse. Pero también es una cuestión de querer reescribir la historia de un mejor futuro en el presente. Cambiar al cambio climático urge sacar a flote ese poeta que todos llevamos adentro. Ese poeta climático que dibuje, navegue y levante el cambio del mundo con ahínco.

Director Regional Política Energética Sostenible, América Latina y el Caribe, World Wildlife Fund.

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de mayo de 2017, 5:52 p. m. with the headline "Poetas climáticos con afán de crear un mejor futuro."

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