Opinión

NICOLÁS PÉREZ: El actual radicalismo norteamericano

En Ferguson los policías matan a afroamericanos y los afroamericanos matan a policías blancos. Estos hechos ocurren no solo cuando hay problemas sociales sino también matemáticos.

En Ferguson los afroamericanos representan el 67% de la población y son víctimas del 87% de las multas de tráfico, el 88% de los que la policía emplea la fuerza contra ellos, el 90% de las citaciones judiciales y el 93% de los arrestos en la ciudad.

Era previsible que allí sucedería algo dado un largo historial de abusos raciales, y el polvorín estalló el pasado 9 de agosto cuando un adolescente afroamericano desarmado, Michael Brown, en un confuso incidente, fue ultimado a balazos. La renuncia de seis empleados municipales, entre ellos el jefe de la policía y el administrador de la ciudad, no han calmado los ánimos y ahora están tras la cabeza del alcalde James Knowles III, que sigue en su puesto ganando un sueldo nominal que debía servir de ejemplo a otros políticos de este país, de $1,200 al año, que ha dicho no tiene planes de renunciar, alegando que la forma en que el administrador municipal trabajaba lo hacía una figura decorativa, lo que lo llevó a no tener autoridad para hacer mucho. Lo que no explica es por qué no despidió a patadas de su cargo al administrador municipal antes de que la ciudad volara en pedazos.

Esta tragedia es una pecata minuta comparada con la lucha nacional de perros rabiosos entre la izquierda demócrata liderada por la virulenta Nancy Pelosi, y la envenenada derecha dominada por el Tea Party.

Los republicanos empeñados en boicotear todas las medidas emprendidas por Barack Obama y no dejarlo gobernar, y Obama intentando hacerlo implementando medidas por decreto, algunas con una dudosa base legal, y que lo hace no ser, pero sí parecerse, al ex gobernador militar de Cuba Miguel Tacón, que según comentaristas de la época gobernaba el país a taconazos.

Cuando el pueblo norteamericano eligió presidente a Barack Obama soñé que este gesto sería la culminación de la Ley de Derechos Civiles promulgada por Lyndon B. Johnson en 1964.

Ideas vanas en mi mente inquieta. De nuevo tenía razón una especie de hermano mayor que tengo, Ramón Mestre, que me llama a veces “Cándido el Optimista” evocando la novela de Voltaire.

¿Qué habrá llevado a este país a radicalizarse de un modo tan lamentable? ¿Acaso a ciertos sectores al verse gobernados por un afroamericano se les resucitó el Joseph Arthur de Gobineau que llevan un poco más allá de su epidermis como una segunda piel? ¿O acaso los errores de Obama en política exterior le han dicho al racismo que llevan algunos dentro, como le dijo Jesús a Lázaro: ”Levántate y anda”?

Ya el anti obamismo no se limita a atacarlo políticamente. Ahora lo hace repugnantemente insultando a su propia familia. En días pasados el presentador de Univisión Rodner Figueroa comparó a la Primera Dama Michelle Obama con un personaje de la película El Planeta de los Simios. No fue un lapsus linguae, lo repitió dos veces y Univisión lo despidió de inmediato. En días pasados Elizabeth Lautern, una asistente de un congresista republicano, criticó la ropa de las hijas del presidente Obama, unas niñas, aduciendo que estaban vestidas como si estuviesen en un happy hour, también fue despedida. ¿Qué nivel de impunidad, de resentimiento y de odio tiene que existir en un país donde no se respeta la investidura presidencial que nos representa a todos?

Esto viene a cuento porque en mi pasado artículo La irresponsabilidad de Benjamín Netanyahu, e-mails que recibí atravesaron esa línea roja entre las discrepancias válidas en una democracia que yo tanto aplaudo y recibo con infinita satisfacción, con los insultos deplorables.

El incidente me dio una tristeza y una infinita satisfacción.

La tristeza: Recibí un e-mail de uno de los presos políticos que más admiro y quiero que me molestó.

Y la noticia que me llenó de orgullo me la dio mi admirable amigo Rolandito Behar, al contarme que David, mi hijo judío, que estuve presente en su brith y en su bar mitzvah, respondió indignado a un insensato que tuvo la osadía de calificarme de antisemita en Facebook.

No hay peor error que en un artículo de 800 palabras escoger solo 25 y tratar de destruir a quién las escribe sin analizar su esencia.

Ya en Miami no es que si no estás conmigo estás contra mí, sino que si no estás conmigo no existes, como dijo una vez George W. Bush. Lamentablemente la inexistencia de un adversario no es exactamente la base de una saludable democracia.

Aprendamos a discrepar sin ofender, a discutir con argumentos, no con insultos, o marcharemos al abismo.

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