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Opinión

Prioridades de gobierno

El presidente Donald Trump muestra un memorando sobre importaciones firmado en la Oficina Oval el 27 de abril. El mandatario afronta un largo proceso de investigación de presuntos vínculos de su campaña electoral con el gobierno ruso.
El presidente Donald Trump muestra un memorando sobre importaciones firmado en la Oficina Oval el 27 de abril. El mandatario afronta un largo proceso de investigación de presuntos vínculos de su campaña electoral con el gobierno ruso. AP

Hace unos días, la Universidad de Harvard, donde el presidente Trump no cuenta con muchos partidarios, publicó los resultados de su estudio reciente referente a la cobertura de los medios de prensa sobre la administración Trump. El resultado más notable: los reportajes de los medios sobre la actual administración fueron de 13 negativos por cada reportaje positivo. La prensa nacional da pena. Es quizás el peor perdedor de los que yo he llamado “los penosos perdedores” de las elecciones de noviembre pasado. Esos perdedores que aún no aceptan que Trump ganó y Hillary perdió. Y que, aparentemente, le hacen la guerra a Trump para impedirle que gobierne.

Piensen los lectores en esto: la cobertura de la posible actividad rusa en las elecciones de noviembre pasado ha acaparado los espacios noticiosos de la prensa nacional. Ha comenzado el esfuerzo por llegar a un impeachment del presidente y por ende a desarticular el gobierno electo por los votantes en noviembre pasado.

El Departamento de Justicia ha nombrado un fiscal especial, Robert Mueller, un abogado de trayectoria impecable para llevar a cabo una investigación adicional (el Congreso y el FBI han hecho, cada uno, una investigación). Paradójicamente, Mueller proveerá a Trump con cobertura para gobernar porque su investigación requerirá varios meses. Los “leaks” o salideros de información se secarán. Por ley, la información del equipo de Mueller estará protegida, y Trump tendrá varios meses para actuar como el líder de su plan de gobierno. Mientras tanto, los líderes republicanos del Congreso saben que, en las elecciones congresionales de noviembre del 2018, podrían perder estrepitosamente si no se dedican a gobernar. Un gran incentivo.

Y Trump aún tiene el respaldo de su base que es, aproximadamente, el 40% del electorado. Estos votantes podrán no estar de acuerdo con todo lo que diga Trump pero aún creen que Trump es el mejor líder para “desecar el pantano”, vencer a las élites de Washington, lograr la seguridad de las fronteras, mejorar los acuerdos de comercio, reducir impuestos y regulaciones y lograr el nivel de prosperidad que el país no ha visto en 20 años.

Y toda la jerga de “impeachment” basada en obstrucción de justicia no es más que papilla política demócrata. El profesor Jonathan Turley, de la Escuela de Leyes de George Washington University, a quien nadie acusaría de partidista, la llama “una sopa extremadamente aguada”. El ex fiscal federal Andrew McCarthy ha dicho: “La base para acusar al presidente Trump de obstrucción de justicia no existe”. El director actuante del FBI, Andrew McCabe, declaró ante el Congreso que no ha habido interferencia en la investigación del FBI y que contaba con todos los recursos que necesitaba.

Y si el ex director del FBI, James Comey, escribió un memorándum sobre “Obstrucción de Justicia”, tenía la obligación legal de reportarlo inmediatamente a los más altos niveles del Depto. de Justicia. Al no hacerlo, cometió un acto criminal. ¿Por qué esperó a que lo despidieran para mencionarlo?

Detrás de todo esto, el líder de la Cámara Paul Ryan, continúa asegurándole a los votantes que el Congreso puede caminar y masticar chiclets al mismo tiempo. Y tiene razón.

La Cámara ya ha aprobado un proyecto de ley para rechazar y reemplazar Obamacare. Y el grupo senatorial que trabaja en esto encabezado por Lamar Alexander (R-Tennessee) y Ted Cruz (R-Texas) está progresando en resolver las diferencias entre moderados y conservadores. La nueva ley, la American Healthcare Act (AHCA) puede ser realidad para el receso de agosto.

Y eso abre las puertas para la Reforma Tributaria, que se resume en tres pasos: una reducción sustancial de las tasas de impuestos corporativos, depreciación inmediata para toda clase de equipos y la repatriación de dinero en efectivo que las corporaciones internacionales han retenido en bancos extranjeros para eludir las altas tasas de impuestos en Estados Unidos. Este es el tónico para restaurar formación de capital, productividad, salarios reales y crecimiento.

Los congresistas deben tener muy presentes las palabras del Secretario del Tesoro, Steven Munchin: “Lo que he dicho repetidamente es que el plan que enviemos se pagará con crecimiento económico”.

AGonzalez03@live.com

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de mayo de 2017, 7:38 p. m. with the headline "Prioridades de gobierno."

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