Trump: ¿nuevos amigos?
Quizá, por la gravedad de lo que aparece en los memos de James Comey sobre lo que le dijo el presidente Trump con respecto a que dejara la investigación al general (R) Michael Flynn, se ha dejado pasar un aspecto gravísimo de esa conversación y que, de no ser por la delicada coyuntura sobre la trama rusa, habría sido en sí mismo un escándalo: el presidente Trump se le quejó a Comey de la labor de algunos periodistas, e insinuó, incluso, que algunos deberían ir a la cárcel.
Que yo recuerde, este país, a pesar de todas sus diferencias internas, siempre ha mantenido una serie de principios inamovibles, que le dan esa idea de nación por la que todos sus ciudadanos están dispuestos a luchar. Esa idea pasa por la libertad en su definición más rigurosa y en un respeto casi reverencial a la ley. Y entre esa rigurosa libertad, se encuentra, por supuesto, la de una prensa libre que se mantenga alerta sobre las actuaciones de los funcionarios.
¿Pero qué tanto puede creer en la libertad un presidente que admira, y no se apena en decirlo, a cuasi tiranos como Vladimir Putin, Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas, o Recep Tayyip Erdogan, de Turquía? ¿Y qué tanto en la ley, cuando le pide primero al director del FBI que abandone una investigación sobre uno de sus funcionarios, y después, nos enteramos esta semana gracias a la prensa, a Daniel Coats, Director Nacional de Inteligencia, y al almirante Michael S. Rogers, Director de la Agencia de Seguridad Nacional, que negaran públicamente la existencia de alguna evidencia de colusión en la campaña presidencial?
El presidente actual de los Estados Unidos alecciona a sus aliados de la OTAN y no ratifica su compromiso con el más importante de todos sus artículos, el de que un ataque a uno, significa un ataque a todos. Y mientras le ofrece una llamada de cortesía a Duterte, a quien felicita por su sanguinaria labor y de paso le cuenta una de las informaciones más secretas de la seguridad de esta nación: el lugar donde se encuentran dos de sus submarinos.
Y después se queja de las filtraciones…
Mientras el presidente de los Estados Unidos se niega a extenderle la mano a Angela Merkel, Canciller de Alemania, uno de los mayores aliados, su amplia sonrisa y abrazos y cordialidad se ve totalmente expuesta en unas fotos con el embajador de Rusia y su ministro de Relaciones Exteriores en la Oficina Oval. Sí, esa reunión en la que el mismísimo presidente “filtró” una información confidencial compartida por Israel, a los rusos.
Y de paso, ya no bastándole con atacar a la prensa en sus discursos, renegando de la información que presentan y tildándola de falsa, mientras sus subordinados hablan de una “realidad alterna”, le preguntó al (ahora) ex director del FBI, por qué no apresaba a unos cuantos.
¿Hay que ser del otro partido para darse cuenta del daño que Donald Trump le está haciendo a todo los Estados Unidos? ¿No son los miembros de la OTAN, países aliados de los Estados Unidos como una sola nación, que incluye a los demócratas, republicanos e independientes?
¿Entrometiéndose ilegalmente en la democracia de este país, acaso Rusia no atacó a todos los Estados Unidos, y no solo a un partido? ¿Se merece un país que nos atacó de esa manera, el premio de que sus representantes sean recibidos con sonrisas, abrazos y camaradería absoluta por nuestro presidente en la Oficina Oval?
Pero si ya ni siquiera para eso podemos ser bipartidistas, no lo duden que Putin y sus secuaces seguirán poniéndonos en jaque.
Escritor colombiano.
www.pedrocaviedes.com
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de mayo de 2017, 3:43 p. m. with the headline "Trump: ¿nuevos amigos?."