Las mil cabezas de la corrupción
Por su magnitud, alrededor de 800 millones de dólares pagados en sobornos; por su extensión, hay por lo menos 28 países involucrados en el escándalo; por la visibilidad de las figuras involucradas, hay un presidente de un país latinoamericano declarado prófugo y varios más que están siendo investigados, así como por la participación activa del Departamento de Justicia estadounidense que le ha impuesto una multa por 3.5 miles de millones a la empresa constructora brasileña Odebrecht, su caso se ha convertido en uno de los paradigmas de la corrupción en América Latina.
Venezuela es otro caso dramático en el hemisferio americano. Según Transparencia Internacional, la Venezuela de Maduro y Chávez es, por mucho margen, el país más corrupto de América Latina, y uno de los 10 más corruptos del mundo. Y con una agravante más, en Venezuela, a diferencia de Brasil, el poder judicial es un obediente apéndice del poder ejecutivo, lo que explica la absoluta y total impunidad de los corruptos.
La corrupción, sin embargo, es un monstruo de mil cabezas. En República Dominicana, por ejemplo, aseguran que la primera manifestación de corrupción contra la administración pública, fue el día que Cristóbal Colón le ofreció al cacique Caonabo cambiarle espejos por oro. En Nueva York, hay investigadores universitarios que han encontrado que dar un premio a los hijos para que hagan algo, por ejemplo, pagarles por leer un libro, es una forma de soborno que no funciona porque seguirán leyendo mientras haya recompensa y dejarán de leer cuando no la haya.
En muchos países es práctica común ofrecerle un soborno al policía que no solo lo admite sino que en muchos casos lo demanda a cambio de una infracción de tránsito. Otro abuso muy habitual es el uso ilícito de sobornos o influencias para evitarse molestias al hacer un trámite, para obtener indebidamente un puesto o un ascenso o para hacer un negocio ilegítimo.
En Colombia, el presidente Juan Manuel Santos recién anunció ocho medidas contra la corrupción entre las que se destaca restablecer la educación cívica. Y todos los precandidatos presidenciales del 2018 han señalado la corrupción como el eje de su campaña. En Panamá, el Parlamento creó una comisión de alto nivel para investigar las contrataciones de obras durante los tres últimos gobiernos del país anunciando que todo el mundo en Panamá sabe de los “ataques a la institucionalidad del erario público es indispensable investigar las acusaciones para limpiar el buen nombre de Panamá que ha sido mancillado”
En México, el escritor Héctor Aguilar Camín ha denunciado de qué manera el arribo de la democracia al país y el debilitamiento del poder presidencial, ha propiciado la corrupción. Hoy, escribe Aguilar, con absoluta impunidad, los gobiernos estatales pueden “desviar fondos federales públicos, sobre endeudarse, adjudicar contratos y concesiones, invertir ilegalmente en campañas políticas, repartir prebendas, cobrar comisiones y mordidas, sobrepagar contratos de obra pública y servicios, y heredar deudas a proveedores que significan normalmente una deuda oculta adicional para sus sucesores en el cargo”.
No hay país a salvo de la tentación de la corrupción. Lo alentador, sin embargo, es que cada día más ciudadanos se organizan para expresar sus demandas y su frustración a través de nuevas tecnologías que les agrupan para difundir mensajes y coordinar efectivamente sus acciones. Un buen ejemplo de este tipo de coordinación ha sido la llamada Ley “Tres de Tres” planteada por la Plataforma Ciudadana y el Instituto Mexicano para la Competitividad, que obliga a los funcionarios públicos a presentar sus declaraciones patrimoniales, de intereses, y fiscal de forma periódica y pública, establece códigos de ética y exige castigos más severos a los corruptos.
Pero no basta con esto. Aparte del reforzamiento de la educación cívica, los ciudadanos tienen la obligación de exigirle a las autoridades que se investiguen a fondo los escándalos de corrupción y se castigue con rigor a los culpables. Al poder judicial asuma su autonomía y al Estado le dote de los instrumentos para mejorar su efectividad y capacidad para que se fortalezcan los sistemas penales procesales de cada país.
Periodista de Los Angeles. Escribe sobre temas políticos en varios periódicos en las Américas. Síguelo en Medium.com/@MunozBata
Esta historia fue publicada originalmente el 30 de mayo de 2017, 3:36 a. m. with the headline "Las mil cabezas de la corrupción."