Opinión

JORGE DÁVILA MIGUEL: Un grano de mostaza

El papa Francisco acaba de dar una entrevista a la cadena mexicana Televisa y como siempre nos entretiene con su peculiar sentir sobre las cosas. No existe casi rincón en esta vida que Su Santidad no haya hurgado con su particularísima opinión. Le dijo a la presentadora Valentina Alazraki que querría entrar a Estados Unidos por la frontera mexicana, como los ilegales; que las derechas y las izquierdas ya no sirven para describir la realidad política mundial; y que a los pobres les es más fácil que a los ricos comprender las virtudes cristianas pero que él, sin embargo, beatificará a otro millonario: Enrique Shaw, acaudalado pero también muy santo, y que además era argentino… parece muy osado del Papa aunque no es nada nuevo: hacer santos a los ricos ha sido la tradición de la Iglesia Romana en sus dos mil años de existencia [i].

No es extraña la popularidad del Papa en esta era del entretenimiento, la adrenalina y la inmediata gratificación: Francisco nos enseña desde el trono más antiguo del mundo; y siendo el embajador de Dios, nos habla por la tele con palabras sencillas y opiniones que podrían ser las de cualquiera.

Pero la pregunta es ––muy respetuosamente–– si cuando dichas opiniones tan sabrosas y ocurrentes llegan al público, de verdad lo instruye ––como es la tarea del primer pastor de almas en esta región del universo–– o permanecen en el dulce rellano del entretenimiento. Claro que ese no sería un pecado papal, líbrenos Dios, sino de esta inmensa sociedad nuestra, hedonista y divertida, cada vez más liviana y menos solemne, que se alimenta tanto de comidas y bebidas como de chismecitos y soundbites.

Educados en el ritmo de la comparación y el rating, decidimos que este Papa es mejor que el anterior porque aquel “era muy aburrido”, sin recordar que el conocimiento íntimo de las cosas y el misterio de la vida tal vez requieran algo de sacrificio y reflexión. Después de Juan Pablo II, los vemos como celebridades, poco más. Y no hay ni que ser católicos para opinar; nunca el papado ha sido más universal.

Y cuando Francisco nos predica por la televisión aquello de la infalibilidad del Papa… ¿funciona? Ya sabemos que el dogma es exclusivo para cuando el Pontífice habla ex cathedra, es decir, desde su trono. Y también que este tema es muy complicado para dilucidarlo en una crónica; pero si Francisco discurre sobre asuntos tan complejos con explicaciones sencillas y parciales ¿por qué nosotros no?

Cuando el Papa dice en la entrevista que es pecado mortal no pagar al trabajador un salario justo, todos nos emocionamos de solidaridad, al menos un instante. Pero, Papa, ¿quién y cómo se determina la justeza de un salario en este valle de lágrimas? ¡Si ese es todo el meollo del asunto!; tenemos ese problemita por lo menos desde que Jacob, patriarca de la Iglesia, le compró a su hermano Esaú toda su primogenitura por un simple plato de lentejas. Así se enriqueció y luego lo admitieron en el Cielo.[ii] A lo cierto: ¿cuánto tendría que cambiar este mundo para eso, Eminencia, y hacia dónde?

Es una pregunta retórica y Su Santidad seguro que tendrá su explicación (la que yo acataría inmediatamente, temeroso del pecado de orgullo o el estigma del hereje) porque Francisco no es solo un gran divulgador, sino un hombre de conocimiento. Lo que nos lleva a lo de su efectividad y/o infalibilidad cuando predica por la tele. ¿Sirve de algo?

Si Francisco escuchara mi pregunta de hasta dónde calan en el público asistente sus entretenidas enseñanzas, tal vez contestaría: “no sé hasta dónde exactamente, pero estoy seguro de que algo quedará dentro ¿no?”. Apuesta al diminuto grano de mostaza, que crece hasta convertirse en un inmenso árbol. Porque las ideas son como una semilla, para bien o para mal. Y eso sí que es infalible, aunque el Papa no nos hable desde el trono.

[i] “Roman Catholic Sainthood and Social Status: a Statistical and Analytical Study” http://marcosavilaenblog.blogspot.com/2011/07/los-santos-eran-casi-todos-ricos-como.html

[ii] MATEO 8:11: LUCAS 13:28-29:

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